Sí a la paz


Por : José Luis Díaz-Granados



1

La guerra es un áspero crepúsculo

sin espera o certezas, sin fulgor.

Sangre escrita en el mapa, oscura ola,

marejada de sombras, trueno insomne,

sonrisa entre las balas y el espanto,

zozobras incitadas por la furia,

silencios fugitivos de sí mismos,

paloma hecha de cólera y de pólvora.

Guerra sucia, impostora. Sorda y ciega

efusión de exterminios y de ruinas,

malogrado proyecto del rencor,

beso abortado, vientos de ceniza.



2

Pero llega la paz, palabra dócil

y concisa para expresar la luz

o el amor o todo lo que quieras

para una primavera popular.

Paz, nada más, para este cuerpo herido

---cuerpo cicatrizado, rosa ardiente---,

de la intrépida patria combativa.


3

¿Es la paz espejismo? ¿Fantasmagoría

para los despiadados guerreristas

que abominan y ofenden el fragor

de este goce que hoy cabalga en alas

de la blanca paloma de Picasso?

¡Por fin las aves, tantos años tácitas,

canturrean delante del cazador!

¡Por fin las armas fúnebres, siniestras,

se han ocultado y se han enmudecido!

Mi corazón es un violín o una manzana.

Alba en el mar de la bahía ferviente.



4

Si la guerra ha cesado, yo he cesado mi arenga

de rebelión. Hoy mi poema

es oda del amor, hoy mi palabra

es sinfonía coral de la alegría.

La misma mano que con puño cerrado

respaldó la guerra de liberación,

es la misma que con trazo rotundo

escribe hoy la palabra reconciliación.



Bogotá, 2016.

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