Amis, el viejo

Por Fernando Krapp
Tomado de Pagina 12 /Argentina.


Rescates Polemista rabioso, marxista devenido conservador, jugador en distintos géneros literarios, bebedor poco moderado: se editan los Cuentos completos de Kingsley Amis, el escritor inglés que decidió subir de clase con una beca en Oxford y desde ahí demoler sistemáticamente y a fuerza de carcajadas etílicas los cimientos bienpensantes de la sociedad inglesa de posguerra.

Sir Kingsley Amis hubiera estado contento por la reciente noticia del brexit. Durante los años ochenta hasta el día de su muerte en 1995, Amis se convirtió en sinónimo de thatcherismo, y no por ser necesariamente crítico. Con su figura de escritor irreverente y petardista ocurrió un fenómeno parecido al de Jorge Asís entre nosotros: inicios en partidos de izquierda (marxista, en el caso del inglés) y un viraje hacia el conservadurismo que en Amis le valió el mote de Sir. Y, como Asis, terminó por convertirse en una parodia de su propio personaje (no llegamos a verlo en algún programa estilo Fantino con tono inglés, pero seguramente hubiera sido un panelista fijo). Tan desdoblado estaba de sí mismo que durante el final de su vida vivió de prestado: convivía con su primera ex esposa y su tercer marido, padecía trastornos de identidad (a veces creía dominar su cuerpo) y su receta diaria consistía en desayunar scotch, almorzar unas cervezas, merendar brandy y cenar un par de bourbons; técnica alimenticia que hubiera admirado a John Lee Hooker.

Amis, por supuesto, siempre fue centro de las balas que venían desde todos los flancos, posición que asumió con un estoicismo sadomasoquista. Adoraba convertirse en blanco fácil por sus polémicas declaraciones por derecha, o por su faceta como padre borracho, o su pasado abiertamente marxista de “angry young man”: aquella hiper citada generación de escritores jóvenes, graduados en altas casas de estudios pero con un pasado humilde o de clase media baja, con nombres como Philip Larkin, Alan Sillitoe y John Osborne. Gran parte de su vida fue retratada por la parodia que el mismo Kingsley hizo de su biógrafo titulada justamente El bigote de mi biógrafo, y por su hijo Martin, quien ya lo había incluido como personaje en su novela Dinero, y fue finalmente abordado de manera frontal en sus dos mamotretos autobiográficos: Experiencia y Koba el Temible. A juzgar por las cartas que Amis padre le enviaba a su amigo de toda la vida, el mencionado poeta Philip Larkin (de quien dicho sea de paso, Impedimenta también editó recientemente su primera novela, Una chica de invierno), la relación con su hijo nunca fue fácil. Envidiaba el prematuro éxito literario de su hijo y su ascenso como rock star intelectual, y en cuanto podía, le disparaba él mismo algún dardo envenenado, usando todo tipo de palabrotas y ganzúas, menos la fraternal palabra “hijo”.

Más allá de todas estas pequeñas desgracias y vicisitudes, que, como bien dijera C. E. Feiling en su artículo despedida cuando Kingsley murió, parecen salidas de una novela de Iris Murdoch, vale celebrar la aparición de sus cuentos completos editados por la siempre magnífica editorial Impedimenta. Un libro extenso, polifacético; un abanico de puertas de entradas al mundo Amis que recopila todos los cuentos desde su juventud como estudiante y colimba, pasando por diversas piezas cómicas y parodias a Sherlock Holmes entre otros, hasta sus maduras experimentaciones con los diversos géneros: el gótico, la ciencia ficción, el horror cósmico, el fantástico y el espionaje. Un pantallazo en sus temáticas en veintitrés cuentos de duración variable nos dan una muestra más o menos cabal de sus intereses literarios: los primeros relatos están signados por los bemoles en oficinas militares con soldados con pocas ganas de trabajar, y que recuerdan a la época cómica que Amis inició en 1954 con su novela Lucky Jim. También retoma a los personajes de su novela gótica El hombre verde en “¿Quién o qué era?” en donde ubica en el centro de la trama una versión deformada de sí mismo. Viaja en el tiempo literario para poner al padre de Elizabeth Barret Browning en contra del matrimonio con Robert Browning en “El secreto del señor Barret”. Y manda a unos borrachines al futuro para ver qué bebidas se toman en el año 2003 en “El clarete del 2003”.

Como suele suceder con las recopilaciones posteriores (este es un libro publicado, no obstante, en 1978), ofrecen una versión acotada del universo de un autor. Amis era un novelista raso que escribió 24 novelas en vida. Publicó extensos ensayos sobre la ciencia ficción y la narrativa moral, léase Henry Fielding, Charles Dickens o Evelyn Waugh. No era un esteta del cuento o del relato (pregonaba que Inglaterra necesitaba con urgencia de un nuevo Rudyard Kipling), y para él, la mera extensión del cuento corto es como pasar de hacer malabares con veinte “bolos a usar solo dos”. Sin embargo, sus cuentos renuevan esa vieja tradición. Leerlos es como volver a leer a Alan Sillitoe y sus relatos sociales de la primera época. La importancia de Amis en la narrativa inglesa se relaciona con la apertura de la práctica literaria en sectores sociales con estructuras jerárquicas enquistadas. Era un poco el bufón de las clases acomodadas cuya risa amarga ponía en evidencia los códigos morales de una sociedad desmoralizada como la Inglaterra de posguerra.

Los circuitos chicos fueron los ambientes en donde Amis desplegó su maestría satírica: la universidad de provincias, el servicio militar, el uso popular de los géneros, tal y como señala David Lodge en su prólogo a Lucky Jim. Antes de la década de los 50, la literatura en Inglaterra era un juego de caballeros, una demostración retórica de clase. La actitud polémica de Amis fue la de lanzar dardos y acomodarse a los codazos en la burguesía inglesa de entreguerras (1940 y 1950) y remarcar, desde ese lugar incómodo, las actitudes bien pensantes de una burguesía camaleónica que terminaron por comérselo en vida. Eso sí: siempre con un buen trago para pasar el bocado.

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