En el país de las mariposas


Por Miguel Ángel Pérez Ordóñez*


El hombre es producto del azar y la necesidad. El azar es biológico, propio de la naturaleza; a su vez, la necesidad, aunque se apoya en el azar, es una fuerza simbólica, de la cual no se puede prescindir. De esta segunda característica que constituye al hombre, nace el poeta. Porque, quizá, en una noche cósmica, ese hombre de carne y hueso fue avasallado por el misterio insondable del universo y, por eso, sale a la cotidianidad no como todos lo hacen: a desgastar sus vidas tan solo, sino a ver y a contar las cosas como si nadie, antes de él, lo hubiera hecho.

De ahí que la única voz que escucha es la suya, pues en ella solo están sus deseos, su fe en la belleza que canta, aunque también sus derrotas y tristezas. Nada, entonces, le llega desde fuera a un artista, a un poeta. Todo está en él y en sus espacios, topias particulares donde se refugia para no dejarse contaminar del ruido que producen los demás. Como escritor de formas literarias, percibo en esta antología que completa la trilogía iniciada con “Los girasoles de Van Gogh”, 1999 y “Atlántica”, 2004, una voz propia en Acevedo Linares; la misma que se halla permeada por los recuerdos de su infancia, su erótica y la impronta que le han dejado sus lecturas.

Vivencias que van esparciendo su vida y que el poeta plasma con metáforas sencillas en sus jirones de poemas que forman un todo: escritura de un hombre sensible que camina por las calles anegadas por la lluvia o por atardeceres bermellones que hacen propicio el canto de las cigarras y las danzas efímeras de las mariposas.

Al abrir la puerta

de la jaula no es un pájaro

el que vuela

es la libertad que se recobra

como no es el viento

el que se entra

cuando abres las ventanas

sino los fragores de la ciudad nocturna

y no son las páginas que sientes

cuando abres un libro dulcemente

sino es el olor de los árboles

de lo que están hechas sus hojas

y donde moran felices las palabras

como cuando abres un cuerpo

es el mundo el que te habita.

Pero, a su vez, están las noches en donde los habitantes nocturnos de la ciudad beben sus penas de amor y olvidos, venden sus cuerpos y espíritus, y traman sus acuerdos siniestros que vengarán sus sueños de poder hechos pesadillas. Instantáneas que él, igual a un hábil fotógrafo, deja grabadas en sus poemas en la espera que un hermano de sangre, el lector, les de vida al recordarlas también. Antonio Acevedo Linares, poeta, ha constituido un mundo propio que ha integrado a un país que él ve así y que el lector lo recrea. Considero que esa es la poesía.

*Médico y Escritor.


No hay comentarios:

'; (function() { var dsq = document.createElement('script'); dsq.type = 'text/javascript'; dsq.async = true; dsq.src = '//' + disqus_shortname + '.disqus.com/embed.js'; (document.getElementsByTagName('head')[0] || document.getElementsByTagName('body')[0]).appendChild(dsq); })();
Con la tecnología de Blogger.