La casa en el límite – William Hope Hodgson


Por: Sr. Molina / Tomado de Solo Libros


Aunque etiquetada como «horror sobrenatural», lo cierto es que La casa en el límite se enmarca más bien en un género que aunaría especulación psicológica y espiritualidad. William Hope Hodgson creó un texto que se aventura en los confines de la mente, de la imaginación, dejando atrás incluso la atmósfera de terror que, sin la menor duda, sobrevuela la obra. La locura va de la mano con una concepción cuasiteofísica del universo en una narración que, más allá de su carácter misterioso, ofrece una mirada a los recovecos de la mente.

La historia es muy sencilla y está narrada con un estilo directo. Dos hombres que deciden pasar unos días en un remoto paraje de la Irlanda rural encuentran una suerte de pozo natural que esconde en su interior un boscoso paraje en el que se enclavan las ruinas de un edificio de aspecto religioso. Entre sus restos hallan lo que queda de un libro que resulta ser el diario de un antiguo habitante del lugar, propietario de una casa abandonada cercana al enclave. Con la lectura de esas páginas serán (seremos) testigos de la increíble experiencia del hombre, que se topará con unos seres de lo que parece ser una dimensión distinta a la nuestra…

Sin entrar en detalles sobre la trama (que, por lo demás, no se centra en la sorpresa acerca del final del autor del diario o en revelaciones inesperadas), La casa en el límite hace honor a su título situando al protagonista/narrador en mitad de unos acontecimientos que no pueden sino calificarse de sobrenaturales. Ese límite no hace referencia solo a un lugar físico —aunque la casa del autor del diario se encuentra en unos «límites» geográficos tangibles, en tanto se ubica en un terreno remoto y lindante con ese pozo que actúa de puerta interdimensional—, sino también a una frontera mental: la que separa la percepción natural de un ser humano de aquella que lleva al narrador a transitar a un plano diferente de existencia.

El horror, al igual que ocurre con Lovecraft (lector de la obra de Hodgson), es interior, íntimo, psicológico; a pesar de la aparición de unos extraños seres porcinos que ponen en peligro la vida (y razón) del protagonista, el principal enemigo es la propia mente. Las visiones de la casa en la arena y la Planicie ultraterrena que padece el narrador son más oníricas que horrendas; los capítulos dedicados a un apocalíptico fin del mundo son de un esteticismo sobrecogedor, pero nunca terroríficos. El mal, el caos, el horror, son más un productor mental que una visión o elemento concretos; de ahí que la obra de Hodgson se aleje un tanto de la etiqueta inicial, ya que se inclina más por la especulación teosófica acerca del origen del mal, de la naturaleza de la vida y de la existencia de planos alternativos.

Precisamente en este sentido es en el que la novela del autor inglés flaquea. La trama fluctúa merced a una sucesión de escenas que alternan el misterio (por ejemplo, durante el acoso de los seres porcinos a la casa del narrador) con momentos de una espiritualidad reflexiva (como los de los viajes astrales que sufre el protagonista), haciendo que el desarrollo narrativa se interrumpa o se acelera de forma constante; la coherencia desaparece en favor de una narración deshilvanada, brusca, que podría atribuirse a la psicología del narrador/protagonista si no fuese por las evidentes inconsistencias con otras partes del texto.

Salvando ese detalle, La casa en el límite ofrece una historia que prefigura el tipo de narración de horror que surgiría en los primeros años del siglo XX y que tan buenas obras alumbró. Hodgson vislumbró esas características sin llegar a dominarlas del todo, pero sin duda esta novela constituye un antes y un después en la literatura de género de comienzos del siglo XX.

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