Manuel Foraster: de Sabadell a Nueva York, ida y vuelta


Por: Gustau Nerín / Barcelona / Tomado de El Nacional.Cat


Manuel Foraster Giravent murió el pasado mes de marzo y dejó sin publicar Sabadell Grand Central, Nova York Rambla, el tercer volumen de sus memorias (los dos primeros, Factures pagades y Lisboa direcció París, tuvieron un gran éxito de crítica). Ahora la colección L'Ull de Vidre, de Tusquets, que ya había publicado los dos volúmenes anteriores, ha acabado la publicación de estas memorias. Manuel Forater (Sabadell, 1949-Barcelona, 2016) estudió Filología Hispánica y pasó, como lector, por las universidades de Burdeos y Nápoles. Más tarde se dedicó al periodismo: fue jefe de comunicación y prensa de la Olimpiada Cultural, ocupó la subdirección del semanario El Mundo y colaboró con varios medios de comunicación.



De Sabadell


Manuel Foraster era de Sabadell, una ciudad relativamente grande, pero al mismo tiempo absolutamente segregada. Foraster formaba parte, como él confiesa abiertamente, de las "100 o 150 familias" que contaban en Sabadell. Familias burguesas, la mayoría de la industria textil, que tenían unas relaciones intensas entre ellas, que a menudo acababan por casarse entre ellas y que compartían una larga lista de actividades de ocio y rituales (como el veraneo en Sant Quirze del Vallès). Muchas de estas familias se arruinarían con la crisis de los setenta, pero siempre mantuvieron un cierto sentimiento elitista. En Sabadell Gran Central, Foraster, además de hacer un retrato de su vida, da un repaso exhaustivo de la historia familiar, repasando tres generaciones enteras de Forasters. Y, a través de ellos, de la burguesía sabadellense emparentada con ellos. Un laberinto de personajes bien difícil de aclarar, y a ratos repetitivo, que no se articula mucho con el resto del libro, pero que nos deja un vivo retrato de la burguesía sabadellense del siglo XX, de sus inclinaciones políticas, de sus valores y de su vida social, en sus momentos de mayor fuerza y en sus momentos de crisis.



Los que podían viajar


Buena parte de la burguesía sabadellense caería con la crisis industrial, pero Foraster, como mínimo hasta aquel momento, formó parte de un universo de privilegiados: buena parte de sus compañeros consiguieron puestos de cierta relevancia cuando la transición barrió el franquismo y dio paso a un relevo generacional. Entre sus conocidos de infancia, que desfilan por las páginas de sus memoria, no faltan los que se convertieron en directores generales, dirigentes de instituciones culturales, altos cargos de ciertas empresas... La pertenencia a esta élite permitió que Foraster, y algunos de sus compañeros disfrutaran de una educación sofisticada y viajaran por Europa y por Estados Unidos antes del boom del low-cost, en tiempo en que los que viajaban eran pocos. Una élite cosmopolita en unos momentos en que el país sólo empezaba a abrirse.



Nostalgia


Foraster, en este volumen de sus memorias, rememora una estancia que hizo en Nueva York, cuando pasaba por un muy buen momento profesional y anímico. Una temporada en compañía de uno de sus grandes compañeros de infancia y de su amante. Para el joven Foraster, fueron días de descubrimiento de la ciudad, pero también de apertura a un nuevo mundo, a realidades que sólo conocía por los libros y por las películas. Pasar para los Estados Unidos, para Forastero supuso una oportunidad de entrar en contacto con una serie de mitos de juventud. Cualquier viaje tiene alguna cosa iniciática, y la estancia de Foraster en Nueva York, sin duda, lo marcó mucho. Por eso en Sabadell Gran Central, 40 años más tarde, recuerda este viaje con completa nostalgia. O quizás es que Foraster añora la juventud perdida. O, probablemente, añora los dos, ya que para él el viaje a Nueva York es el momento emblemático de la juventud perdida.



Blando


En un momento determinado, Foraster hace examen de conciencia: "Repasaste todos los pliegues de tu vida, todas las ilusiones y todos los desengaños, y corroboraste como siempre que eras demasiado cobarde para enfrentarte a ellos". Foraster está fascinado por el mito de la aventura, pero nunca ha vivido peligrosamente. En su lucha política hay manifestaciones y lanzamiento de pasquines, pero no prisiones ni guerrillas. Describe alguna tentación erótica, pero ninguna orgía (quizás porque no quiere sacar a la luz turbios episodios del pasado, o más probablemente porque no vivió ninguno nunca). En las memorias de Foraster hay viajes por el mundo, pero no encontraremos grandes aventuras exóticas; sus anécdotas siempre tienen un aire más bien casero. Foraster no estuvo en Woodstock, y quizás por eso se recrea hablándonos de un mítico concierto de José Guardiola en la fiesta mayor de Sant Quirze del Vallès. Como periodista no cubrió grandes exclusivas, y el viaje a los Estados Unidos, que tanto lo marcó vitalmente, periodísticamente no le dio ningún resultado destacado...



Memorias comparadas


Sabadell Grand Central, Nova York Rambla es un libro con grandes paralelismos con California, de Jordi Coca. Ambos recogen los viajes por Estados Unidos, en la misma época, de catalanes de una edad muy similar. Y en ambos casos las obras tienen una cierta vocación de crónica generacional. Tienen en común una misma sed nostálgica de mitificar los años de juventud como años de transgresión y de aprendizaje iniciático. Pero al fin, sus memorias no transmiten pasión, sino indefinición. Son recuerdos nada épicos. Quizás Foraster es hijo de un tiempo poco propensos para las grandes trangresiones. Pero hay memorias de carácter muy distinto de otros miembros de su generación, como Nazario (o como algunos escritores más jóvenes, como Jordi Cussà).



La delicia del lenguaje


Foraster escribía muy bien. A menudo abusaba de su capital literario y cultural, haciendo demostraciones excesivas de erudición, como cuándo en Sabadell Grand Central reproduce las charlas entre el protagonista y su amigo del alma, Miquis. Pero sabía destilar las palabras y Sabadell Central, Nova York Rambla es un libro magníficamente redactado. Con anécdotas poco brillantes, Foraster elabora párrafos deslumbrantes, y de personajes más bien mediocres les saca la máxima esencia literaria. Y con todo ello crea una obra en la que, obviamente, muchos se podrán ver reflejados, porque retrata gente de carne y huesos, gente común: sin estridencias, sin grandes vivencias, con sueños que los superan. Una historia como la de tantos y tantos catalanes que trabajan en institutos, editoriales, redacciones, empresas...

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