Matar un ruiseñor, o la credibilidad infantil


No hay en esta sala una sola persona que nunca haya dicho una mentira, que nunca haya cometido una acción inmoral, y no hay un hombre vivo que nunca haya mirado a una mujer con deseo”.


Por: Marco Tulio Polo Salcedo / Bogotá.



¿Pueden los niños entender el sentido de la Justicia?

Alguna vez me atreví a afirmar que nuestros niños estaban capacitados para escuchar nuestras historias y entender la memoria histórica, hoy usurpada de la escasa academia, con el argumento de la edad.

La voz infante de “Scout” llega a nuestros oídos con la suavidad del terciopelo.

Esa niña que fuera Harper Lee, abogada también, nos retrotrae hasta los años treinta de la vida sureña norteamericana, para mezclar la alegría y fantasía infantil a la dura realidad de una patria racista.

Un pueblo que es un país, una patria que es la infancia de todos, nos dice que pese a la edad, es la vida misma inserta en estas páginas la que ilumina con lágrimas el momento de la injusticia para tomar partido por la parte más débil de los humanos.

La fantasía infantil huye al ser descubierta por la razón y el juicio de un niño, el único que aún puede verter lágrimas frente las instituciones amañadas.

Los prejuicios se curan al poder vivir como niños la crueldad humana y del miedo soterrado, saltar a la claridad con forma de bondad.

Y esos sucesos casi no tienen tiempo en la mente infantil, porque se encuentran unidos a la voz de la narradora que va y viene desde el recuerdo al ahora. Un verano, un otoño, otro verano. Es el tiempo de la recuperación de la memoria que va dotando a la página de vida.

Con una sola obra hasta 2015, Harper Lee nos recrea la ilusión de la vida sacada del recuerdo. Donde la justicia es como siempre una farsa en el juzgado. Pero real en la vida, con existencia propia, como la respiración de la memoria.

Vuelvo a ésta obra finalizando el 2016, luego que la doble colega, muriera en Febrero de este año mientras dormía a sus 89, y luego de haber salido otra vez a la vida pública, con la novela que debió ser precuela de Matar un ruiseñor, Ve y pon un centinela.

Como se sabe y decíamos en nota anterior, fue amiga desde la infancia de Truman Capote a quien pudo aconsejar en su Sangre fría, con la ternura de éstas páginas.

Muy buen época, para meditar en torno de la justicia, de la infancia y la ternura.


Uno no conoce de verdad de un hombre hasta que se pone en sus zapatos y se mueve como si fuera él
Diciembre 20 de 2016.

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