El Renegado o El Padre del mestizaje

No. 7640 Bogotá, Domingo 22 de Enero de 2017 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra





Es 1536. El río Ulúa -cuyas corrientes aún fluyen en lo que hoy se conoce como Honduras-arrastra el cuerpo ya sin vida de un indígena blanco y con barba. Los indios, hermanos que eligió, lo acaban de arrojar allí. El caudal lo regresará al océano por el cual llegó.

La segunda vida de Gonzalo Guerrero empezó 25 años atrás: con la misión de hacerse cargo de un galeón, viajó de Darién -actualmente Panamá- hacia La Española. Jamás conoció La Española; y a España, por cierto, no volverá jamás.


Es 1511. Peces saltan sobre la cubierta (mal presagio para cualquier marinero); acaece de la tormenta; olas abismales intentan engullir la nave; vientos huracanados juegan con la proa; finalmente, el navío encalla en el mar. Son 20 los náufragos. Beben sus propios orines. Solo dos consiguen sobrevivir. El mar los escupe en las costas de Yucatán. Uno de ellos: Gonzalo Guerrero.

De su primera vida, no mucho por decir: Nació en Huelva, España, en 1470. Bajo el mando de los Reyes Católicos, fue arcabucero en la Conquista de Granada.


Es 1510. Con intención de hacerse rico a costa de las tierras del otro lado del mundo en que nació, Gonzalo Guerrero arriba a la que desde ahora será su nueva casa y madre: América.

El náufrago es tomado como esclavo por los Tutul Xiúes, nativos de la costa de Yucatán.


Es 1517. Francisco Hernández de Córdoba desembarca con su ejército en Yucatán creyendo ser el primer español en pisar esas tierras. Según contará el cronista Bernal Díaz, 50 soldados de la tropa mueren enfrentando a los indígenas, que tienen, para sorpresa de los españoles, avanzadas tácticas de guerra. El resto, entre ellos Hernández, procurando alejarse de la muerte, dan la espalda a Yucatán y huyen de allí.

El capitán de aquel ejército indígena es Gonzalo Guerrero, primer español en pisar Yucatán, y nombrado jefe maya luego de combatir como esclavo y exhibir sus capacidades de lucha. El náufrago les ha enseñado a combatir a los Tutul Xiúes y, junto a ellos, ha derrotado a sus primeros hermanos, los del otro mundo.


Es 1519. Hernán Cortés se entera de la existencia de un español viviendo entre indígenas; lo contacta y le ofrece retornar a su primera vida. El viejo español, ahora maya, agradece la condescendencia del conquistador, pero se niega a abandonar a sus nuevos hermanos, a su madre y a sus nuevos dioses

Guerrero luce argollas colgando de sus orejas y labios. Su piel está labrada con tatuajes y, ahora, toda una galería de dioses rige su vida. La conquista ya no puede ser la empresa de un conquistado. Su destino será otro: América lo ha elegido como primer padre del mestizaje; España lo llamará “El Renegado”.


Es 1536. Las tropas de Lorenzo de Godoy se alzan victoriosas en el Valle de Ulúa. Cruel coincidencia de la historia: Gonzalo Guerrero fue arcabucero en su primera vida y muere por un tiro de Arcabuz en esta, la segunda. Las balas que disparó en la reconquista de Granada lo han perseguido hasta América y han dado con él.


Es 2016. De Guerrero queda un monumento erigido en su honor. En Mérida, Yucatán, al final de la avenida llamada Prolongación del Paseo de Montejo, se halla una estatua en su honor. Las paradojas gobernaron la vida de Guerrero y aún gobiernan su ausencia: Montejo es el apellido de uno de tantos conquistadores a los que Guerrero imposibilitó, hasta cuando pudo, la conquista de Yucatán.


Por: Juan Sebastián Peña Muette

Estudiante de Comunicación social y Literatura

Pontificia Universidad Javeriana

Bogotá

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