La peste



En éste gran relato simbólico, asimilable con la situación colombiana, obra la presencia abierta del narrador de la “crónica”.

Existe el suspenso ante la obviedad. La descripción de los personajes no hace penoso lo narrado y la escasa acción no impide el regusto de ir avanzando. A veces notamos luces de símiles y alegres metáforas.

Un médico atiende con bonhomía a sus paisanos y nos cuenta su suerte inútil.

La de sobrevivir cuando su mujer y su ayudante amigo perecen en la peste casi al final de la misma.

Cual una perfecta guerra. Una perfecta cárcel, muy comunitaria.

Viene luego del suspenso la elucubración de lo que es una peste. La separación de los vivos y los muertos. De los enamorados y del estado, las leyes y las costumbres. Igual que una guerra.

A éste nobel hay que reconocerle el discurso sobrio que ralentiza hacia la mitad del relato. Y que en nombre de su sobriedad llama “crónica”. Pero esas pequeñas aseveraciones sobre el hombre escindido y recuperado, nos llenan de profundidades y al final nos conmueven al apuntar a la esencia de lo que escasamente desea practicar alguna vez en su vida el ser humano: La ternura.


Por: Marco Polo / Bogotá. Altillo de Villanova

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