Relato. Hasta mañana, Elena

No. 7676 Bogotá, Lunes 27 de Febrero de 2017 



Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra




Por: José Acevedo


Ilustraciones: Gonzalo Seis



A propósito de la gira nacional que el escritor sevillano José Acevedo realiza por España, Libros & Letras publica en exclusiva uno de los relatos incluidos en su nuevo libro Metamorfosis y otros relatos. 49 + 1 sombras, publicado por Ediciones Carena. Breve pieza literaria que Acevedo dedica a Covadonga. Todas las metamorfosis y todos los caminos se perciben en el tono del autor en el último de los relatos que integran la obra. El 18 de marzo será la próxima presentación de la gira Metamorfosis en la librería La Isla de Siltolá, de Sevilla, luego el 1 de abril estará en la librería Picasso de Granada.

Después de tantas metamorfosis sufridas; de tantos vaivenes en el lugar y en el tiempo; de tantas juventudes vividas, sentidas y abrazadas; de tantas Lucías encontradas presentes y olvidadas en la memoria; de tantas luces y sombras en un total de cuarenta y ocho; de tantos momentos presenciados en primera y tercera persona a lo largo de las páginas de mi vida, de la de otros... Parece que el reloj del tiempo le ha dado por pararse en un punto determinado, no sé con qué objetivo, pero intentaré entenderlo abriéndole las puertas al corazón y a la ilusión una vez más.



Carlos me había invitado a la presentación de su nuevo libro. Además de él, allí estábamos la mayor parte de sus seguidores, incluso alguien más. La casualidad a la que volvía a enfrentarme, la que me puso delante de ella, tan desconocida hasta aquella hora exacta de la tarde cordobesa. La saludé, se sentó a mi lado, abrimos conversaciones que nos alejaban de las otras tantas personas con las que compartíamos cervezas y mesa, la misma en la que Carlos intentaba imponer su conversación sobre su Anabel, sobre su Carla, sobre sus tierras del sur. Yo, simplemente, me dejaba enamorar por la cercanía de esa alguien más, por su sonrisa, por sus palabras, ajeno a todo lo demás. Debió de parecer un mundo, pero el tiempo se me fue volando, por mucho que intentara prolongarlo, por mucho que camináramos diez minutos después bajo la noche de la ciudad, junto a una maceta, junto al libro de Carlos, en el interior de su coche, sin dejar de hablar, sin dejar de sentir.

Aquel trayecto corto hasta mi hotel fue de esos momentos que nunca olvidamos, los que esperamos para un final feliz en una película, aunque nunca llegue a suceder del todo, que siempre deseamos que se prolongue, que suceda lo que esperamos, el final feliz, el abrazo de los cuerpos que se despiden sintiéndose más unidos que nunca, para no volver a separarse, la proximidad de dos labios que se despiden para volver a encontrarse pronto, el pellizco profundo que nos atrapa definitivamente y nos deja heridos de sentimientos.

Entonces no sabía su significado. Días después tampoco. Aunque sigo emocionándome al recordar el momento, al prolongarlo en el tiempo, al construir con él mi propia película con su propio final. Esta mañana me he atrevido a confesárselo a ella, que ella interprete, que ella haga lo que quiera.

También he llamado a Carlos, le he contado ese estado de embriaguez en el que me encuentro desde aquella tarde. Me ha pedido sinceridad, me ha pedido atrevimiento, me ha pedido que abra mi ilusión al presente de la vida, cerrar las puertas a las cuarenta y tantas sombras de mi existencia, escribir con sus palabras la nueva historia que ahora comienza, la que yo sea capaz de componer.


Nos veremos muy pronto. Eso espero.

Hasta mañana, Elena.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.