Un café en Buenos Aires con Leons Briedis, el mayor poeta letón vivo

No. 7669 Bogotá, Lunes 20 de Febrero de 2017 



Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra





Por: Pablo Di Marco y Máximo Higuera Molero / Especial para Libros & Letras / Buenos Aires, Argentina.



La editorial española Ay del seis acaba de darle forma a uno de los acontecimientos editoriales de comienzos de 2017: la publicación del poemario El mensajero tardío del escritor letón Leons Briedis. Y cuando hablo de acontecimiento editorial no me refiero tan sólo a la estatura literaria de Briedis —tal vez el mayor escritor vivo de su país— sino también a que es la primera vez que parte de la obra del letón es traducida al español.

Por esta vez no será un café en el verano de Buenos Aires sino un trago, y de los fuertes, en el invierno de Letonia. Y será junto a Leons Briedis para conversar sobre la esperada traducción de sus versos al español, su amor por la poesía hispanoamericana, sus años de resistencia bajo el régimen soviético, y sobre la vida de un escritor sin más patria que su arte y su idioma.


—¿Qué le despierta la reciente publicación de El mensajero tardío en España?

L: He tenido mucha suerte. El poeta español Alejandro López Andrada me presentó, in absentia, a Máximo Higuera, director de la editorial Trifaldi de Madrid. Gracias a la empatía de Máximo y a un duro trabajo de dos años, podemos tener hoy publicado El mensajero tardío. También debo agradecer el trabajo realizado por la traductora Raquel García Barobs, cuyo profundo conocimiento de la lengua letona ha sido fundamental para alumbrar este libro.


—A los lectores hispanoamericanos de El mensajero tardío les interesará saber que usted es un gran hispanista, y que ha traducido al letón a muchos clásicos de la lengua española. También conocemos su deseo de traducir a Rubén Darío. ¿Cuáles son los autores en lengua española que más le interesan?

L: En abril de 2017 se publicará en Letonia mi traducción al letón de La primavera amarilla, una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez. Aparecerán además dos libros de poesía de Lorca para niños, y Los heraldos negros de César Vallejo. Y también estoy terminando la traducción al letón en edición bilingüe de una selección de la obra poética de Rubén Darío. Por propio deleite y para guardar en los cajones de mi escritorio, también he traducido durante muchos años a infinidad de poemas de autores sudamericanos. A cubanos como José Martí, José Lezama Lima y Eliseo Diego; mexicanos como Octavio Paz, Homero Aridjis, José Emilio Pacheco y David Huerta; al chileno Vicente Huidobro; al colombiano León de Greiff, al peruano Alberto Cisneros, y a los uruguayos Mario Benedetti y Horacio Quiroga.


—También ha traducido al letón poesía indígena, ¿no es así?

L: Sí. He realizado traducciones al letón de los Mayas (La Maya), canciones folklóricas y obras del poeta Jorge Miguel Cocom Pech. También fragmentos de la saga El Popol Vuh, y canciones folklóricas de diversos pueblos indígenas.


—Sé de su amor por la poesía argentina.

L: La poesía argentina ocupa un lugar especial en mi geografía poética. He traducido al letón a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Alfonsina Storni, Alberto Girri, Raúl González Tuñón y Eduardo González Lanuza, entre otros. Y si las fuerzas no me abandonan y dispongo del tiempo necesario, me gustaría poder publicar la versión letona de una antología de poesía argentina del siglo XX. Creo que la poesía argentina del siglo XX es uno de los fenómenos más brillantes de la literatura, y no solo en términos de América Latina.


—Hablemos de Borges. En El mensajero tardío usted incluye una cita de Borges respecto a Shakespeare, por supuesto paradójica, sobre la identidad. Es muy interesante esa clave dual entre ser único siendo a la vez como otros muchos. ¿Podríamos decir que ahí encontramos una de las claves de su poesía?

L: Medio en broma, medio en serio, me llamo a mí mismo un poeta de la infinidad indivisa. Tal vez esa sea una explicación de por qué el mito asume y ocupa un lugar muy especial en mis obras. En este sentido, mito para mí supone un principio de actividad, en tanto que la actividad es creación.




—Podríamos llamarlo un acto demiúrgico.

L: Eso mismo. Y estas referencias míticas, si se quiere, son la fuente de todas las reminiscencias culturales de mi poesía. Para mí, la calidad de la poesía está determinada por dos cualidades que aparentemente evitan la combinación. Lo llamo "inter-subjetividad", que es la base de la ilusión inspiradora de que un poeta se dirige a "cada uno" en lugar de a "todo". En lugar de considerar a “la gente” como un colectivo, un poeta los ve a cada uno como a un interlocutor íntimo. La experiencia de la cognición mítica de la vida y del mundo, que es esencial para mí, ha sido descrita por Lucian Blaga, un innovador poeta rumano del siglo XX, que lo ha llamado "infra-realismo". La crítica rumana contemporánea llama a esto “trans-modernismo”, basado en la idea del poeta romántico clásico Mihai Eminescu que decía que "ningún poema se concibe sin pensamiento mítico". Hay que "pasar a través de la tradición", como dijo Heidegger. Por lo tanto, al menos en términos de ideales, aspiran a esa poesía que en muchos sentidos sería incluso más tradicional que la tradición misma. En otras palabras, mi expresión poética tiende a reparar los lazos con las fuentes más primitivas del legado de nuestras almas, sin inclinarse por las corrientes literarias como el romanticismo, el simbolismo, la vanguardia o el posmodernismo.

Este enfoque me permite, al menos de una forma ilusoria, alcanzar el estatus de lo que yo llamo una “infinidad indivisa”. Explorando los mitos y el material folklórico de diversos pueblos intento identificar los méritos estéticos y filosóficos para construir un modelo de existencia espiritual adecuado para la vida moderna. Tal modelo sería una "infinidad indivisible" de la mía.


—Lleva publicados casi cuarenta libros entre poesía, prosa y ensayos. ¿Cómo se sostiene una obra así de vasta sin repetirse? ¿Cómo se hace para no perder el entusiasmo?

L: La lucha contra la propia rutina e inercia poética es parte de la vida cotidiana de un poeta. Cada cierto tiempo un poeta se encuentra en un “agujero entre dos poemas” o en un “agujero entre dos libros”. E incluso después de salirse de esos agujeros, el poeta seguirá repitiendo las mismas palabras, que son, de hecho, otras palabras.


—Usted es uno de los escritores más galardonados de su país. ¿Cómo se controla la vanidad (el pecado favorito del diablo) cuando los elogios rozan la desmesura y los premios se cuentan por decenas?

L: Créanme, nunca he pensado en eso. Gracias por llamar mi atención al asunto. Para mí lo único importante son las obras, dejo que mi trabajo hable en mi nombre. En relación a los premios que he recibido, estoy agradecido a mis colegas que han apreciado mi esfuerzo. El trabajo es siempre de primordial importancia y no me permite descansar en el candelero durante mucho tiempo. En Letonia solemos decir que las nubes rosadas no son eternas, pero los cerdos tienen que ser atendidos todos los días.


—Es cierto que un hombre no pertenece a un país sino a una casa, una familia, un barrio… Sin embargo, el que usted haya nacido y vivido hasta los cuarenta años en un país que ya no existe (la Unión Soviética), ¿no lo hace sentir, por momentos, un eterno exiliado? ¿En cuánto ha influido esta cuestión en su obra?

L: A lo largo de los años de régimen totalitario, cuando mi país fue anexado por un extraño imperio, jamás he dejado de sentirme un hombre libre que habla y escribe letón. Y he pagado un alto precio por mi libertad. En 1970 fui excluido de la Universidad de Letonia por actividades antisoviéticas, hasta 1985 no se me permitió recibir educación superior en el territorio de la U.R.S.S., y me prohibieron trabajar en establecimientos culturales como escuelas, editoriales y prensa. Durante mucho tiempo no se permitió publicar mis obras, mis escritos fueron censurados y no me permitieron viajar al extranjero. No entiendo por qué no fui enviado al "Gulag soviético".


—¿Pensó en escapar?

L: No, nunca pensé en salir de Letonia y escapar al extranjero. Siempre sentí que pertenecía a mi país y a mi pueblo. Yo vivía en estado de "resistencia espiritual" en lugar de "exilio espiritual". Nunca me arrepentí y nunca me quejé. Siempre, incluso en las horas más oscuras, me sentía en casa, entre mi gente. Metafísicamente hablando, ¿no son el lenguaje, la poesía y los anhelos la verdadera familia, casa y barrio de un poeta? Vivía en mi propio idioma y en constante en un diálogo conmigo mismo (ya que, según Platón, un ser humano es una criatura de diálogo; en otras palabras, un humano siempre se habla a sí mismo, por consiguiente nunca está solo). Hoy, al mirar hacia atrás no cargo con ninguna amargura; Dios no lo quiera. No guardo ira a causa de mi vida arruinada y tantos años perdidos.


—Vamos con la última y clásica pregunta de Un café en Buenos Aires: Le regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Cuénteme quién sería, a qué bar lo llevaría, y qué pregunta le haría.

L: Gracias por las excelentes preguntas. Si realmente tuviera esa oportunidad invitaría al poeta portugués Fernando Pessoa (cuyas obras completas he traducido al letón) a venir al café "Martinho da Arcada" en el casco antiguo de Lisboa, cerca del río Tejo. Conseguiríamos un poco de café y tiros de ginja (un fuerte licor de cereza) y tendríamos una ociosa charla sobre por qué es imposible pronosticar la llegada de un poeta, y por qué un poeta nunca cumple con sus expectativas.


El mensajero tardío

Editorial Ay del seis

http://www.trifaldi.com/home/47-el-mensajero-tardio.html

http://www.casadellibro.com/libro-el-mensajero-tardio/9788494530227/4865934

Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Autor de las novelas Las horas derramadas (ganadora del XXI Certamen Literario Ategua 2010, España), Tríptico del desamparo (ganadora de la I Bienal Internacional de Novela «José Eustasio Rivera» 2012, Colombia), y Espiral (finalista del XIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2015, España). Desde Buenos Aires trabaja vía Internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas.

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