La música transformará la vida de 18 mil niños y jóvenes víctimas del conflicto armado

No. 7688 Bogotá, Sábado 11 de Marzo de 2017 



Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra




Este año, 18 mil niños y jóvenes serán parte del programa Música para la Reconciliación que implementa el Ministerio de Cultura con la Fundación Batuta en 131 centros musicales ubicados en 84 municipios de los 32 departamentos del país

El programa Música para la Reconciliación aporta a la construcción de paz y brinda una alternativa de vida para los beneficiarios directos, sus familias y la comunidad cercana. Además, a través de esta propuesta los participantes mejoran sus competencias sociales y cognitivas. Las clases iniciaron el pasado 27 de febrero en los programas de iniciación musical y en el componente de discapacidad.

Música para la Reconciliación es el proyecto de mayor envergadura de la Fundación Nacional Batuta y desde 2014 se realiza gracias al convenio con el Ministerio de Cultura. Su objetivo es garantizar el ejercicio de los derechos culturales y el desarrollo integral de 18 mil niños, niñas, adolescentes y jóvenes que han sido víctimas del conflicto armado o que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad, mediante un programa de formación musical colectiva –ensambles y coros- y un componente de atención psicosocial.

Este programa inició en 2001 y actualmente funciona en 131 centros musicales ubicados 84 de los 32 departamentos del país. Entre sus beneficiarios directos se cuenta un importante porcentaje de población en condición de discapacidad, población afrocolombiana e indígena. Entre 2015 y 2016 se han invertido $28.420 millones para beneficiar a más de 18.000 estudiantes anualmente.

"El principal aporte del programa Música para la reconciliación es la reconstrucción del tejido social y lograr -mediante la práctica musical- la transformación personal, familiar y comunitaria. Este es sin duda uno de los programas que más impacto tiene en poblaciones que han sido impactadas por la violencia o que están en condición de extrema vulnerabilidad", comentó María Claudia Parias Durán, presidenta ejecutiva Fundación Nacional Batuta.

El proceso de formación musical está enmarcado en tres enfoques: el modelo Orquesta-Escuela que se basa en la práctica musical colectiva; psicosocial para generar procesos de aprendizaje significativo; y un enfoque de derechos que se constituye en un marco de referencia para el proceso de atención integral a los beneficiarios.

En los centros musicales se realizan sesiones de clase, talleres, conciertos, jornadas de creación e improvisación, reuniones con las familias, cine foros, visitas domiciliarias talleres de fortalecimiento de la lectura, de sensibilización hacia la discapacidad, jornada de inclusión a partir de la música, entre otras actividades que permiten el desarrollo integral de los niños y jóvenes que hacen parte del programa.


Efectos positivos en los beneficiarios

En 2012, el área de Gestión Social de la Fundación Nacional Batuta realizó una evaluación comparativa entre los beneficiarios del programa Música para la Reconciliación que pertenecen a los procesos musicales que tienen acompañamiento psicosocial (Tipo A) y los que no cuentan con este apoyo (Tipo B) para identificar los logros en la vida de los niños, niñas y adolescentes en términos del desarrollo de competencias sociales (autoestima, liderazgo, resiliencia, trabajo en equipo y comunicación).

Al comparar los dos tipos de procesos, en la categoría autoestima se encontró que en los municipios tipo A existe una diferencia significativa sobre los centros tipo B de 4.5% particularmente, en las variables de autoimagen, autocuidado, autocontrol, confianza y seguridad en sí mismo. En relación al liderazgo, los resultados muestran que los beneficiarios tienen similitudes en las respuestas, de esta manera es posible establecer que el programa ofrece las mismas alternativas para toda la población independientemente al tipo de centro musical al que pertenezcan; En la categoría de resiliencia, se encuentra que los municipios Tipo A alcanzan una ventaja de 4% respecto a la valoración de la población infantil de los Tipo B, al igual que en la categoría de trabajo en equipo y comunicación (capacidad de expresión de ideas y sentimientos, capacidad de escucha activa).


Foto: Juan Fernando Ospina

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