El poeta José Luis Díaz-Granados habla de “La casa del mar”


Bogotá.


La casa del mar: un libro total

El poeta magdalenense Eduardo Barros Pinto ha publicado un libro de inusitada fosforescencia oceánica: La casa del mar, elaborado con la misma materia que irradia las señales del sueño y las sigilosas sílabas del mar.

Sencillo y al mismo tiempo desbordante de hechizos, alborozado de noches y fragancias en donde emergen las revelaciones nocturnas, este libro es un estuche en donde el poeta guarda remembranzas y ráfagas de signos, saetas de truenos azules y letanías ocultas, alas y deseos que germinan a deshoras, vértigos que reinventan los quehaceres del ocio.

La casa del mar es un libro de sal dulce, lluvioso y soleado a la vez, traslúcido y hermético como el oleaje cuando estalla en el ocaso. Su riqueza verbal “bebe su luz” labrando las palabras.



En sus cien páginas, Eduardo Barros Pinto, “Eduardo Pueblo”, hace la suma de la entraña insondable de la mar océana y se convierte en jubiloso náufrago de ella. Recrea, imagina, inventa, tiñe de azul las lágrimas y hace llover “el amor del océano encendido”.

Afortunado libro es este planeta de agua creado por un poeta enamorado del paraíso horizontal del mar, con su vaivén, su espuma y su llama secreta, ese mar indescifrable y reluciente que acaricia la más bella bahía de este mundo.

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