Reseña de Tangos para Barbie y Ken, libro de la escritora mexicana Maritza M. Buendía

El erotismo cubre las palabras...



Por: Orlando Ortiz*


Tangos para Barbie y Ken
Tangos para Barbie y Ken

Lo importante y destacado es que en sus páginas campea el erotismo embozado por una prosa límpida y rica, sugerente a veces y a veces tan desnuda que maravilla

Título engañoso (Tangos para Barbie y Ken) el de este libro de Maritza Buendía, pues se podría pensar que los personajes son infantes. Sin embargo, quien conozca obras anteriores de esta autora (Memoria del agua, En el jardín de los cautivos y su ensayo Poética del voyeur..., con el que obtuvo el Premio José Revueltas en 2011 y publicado por la UAM) sabrá que la orientación temática es otra: lo erótico. Pero trabajado como dice en su ensayo Poética del voyeur: "el erotismo cubre las palabras para producir una desnudez que no se entrega a la primera, que se administra y dosifica". Maritza no solamente sabe lo anterior, sino sobre todo desnuda las palabras para llegar a la encrucijada: amor o erotismo.

Tangos para Barbie y Ken es un libro promiscuo, en sentido estricto, es decir, ambiguo, en el que se mezclan géneros narrativos, pues habrá quien encuentre en él una novela, así como también quien vea una serie de relatos o cuentos. Lo importante y destacado es que en sus páginas campea el erotismo embozado por una prosa límpida y rica, sugerente a veces y a veces tan desnuda que maravilla. Pero es una desnudez plástica, que invita a ser contemplada, acariciada con los ojos, degustada en la memoria más que en la realidad.

Uno de los grandes logros de Maritza es, de nuevo, su increíble capacidad para lograr atmósferas inubicables, de aparente crudeza y al mismo tiempo de una fantasía que remite al lector a los recuerdos de relatos infantiles, fantásticos, en los que con facilidad los personajes se desdoblan y es difícil dilucidar dónde está la realidad. Ese juego entre fantasía y realismo erótico lleva a no saber si lo narrado es el sueño de un personaje o el personaje es producto de la historia que nos narra ¿Barbie? ¿Alondra? ¿Kelly? ¿Rodrigo? o incluso la abuela o alguna de las muñecas-niñas.


Tangos para Barbie y Ken
Tangos para Barbie y Ken


En estas páginas conviven muñecas, marionetas, príncipes y princesas, "animales", y se dan escenas sadomasoquistas, de menage a trois, sometimiento, relaciones simbióticas y en combinaciones precisas

La obra comienza con una historia muy tierna más no cursi: la relación de una abuela con su nieta huérfana. La mujer procuraba, a base de ahorro y tal vez sacrificio, regalarle cada mes a su nieta una muñeca, que la pequeña trata como si fueran niñas o bebés. En cierta ocasión le regala una Barbie y las muñecas-niñas se quedan en una repisa, mientras la nueva, que de pronto se ha transformado en una mujer, pasa a ser la favorita y Alondra ya sólo quiere muñecas de esas, con senos, nalgas, maquillaje y trajes diversos. Después llega Ken y... en fin, así comienza este libro en el que cada capítulo o relato es una exploración de lo erótico.

En estas páginas conviven muñecas, marionetas, príncipes y princesas, "animales", y se dan escenas sadomasoquistas, de menage a trois, sometimiento, relaciones simbióticas y en combinaciones precisas. Las palabras se deslizan en el filo de la navaja (erotismo), ignorando la amenaza oscura del vacío que acecha hacia uno y otro lado. ¿Qué quiero decir con eso del "vacío" que amenaza en ambos lados? Un paso en falso y podría precipitarse la historia hacia un amor melifluo y melodramático, de un lado, y del otro, hacia secuencias pornográficas (lo digo sin propósitos moralinos ni peyorativamente). Maritza sortea el abismo con la pericia que ha ido adquiriendo a lo largo de su carrera como autora.

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