Un café en Buenos Aires con Esteban Dilo

Por: Pablo Di Marco / Argentina.


Esteban Dilo, tras una larga serie de cuentos publicados en diversas antologías de España, Colombia, Argentina y México, acaba de presentar su primer libro, La muerte está ahí, una compilación de cuentos de terror tan precisos como contundentes. No se me ocurre mejor momento para conversar con Esteban sobre los temas que nos apasionan. El recorrido de un escritor suele ser tan sinuoso como cargado de demoras, sin embargo la magia y el encanto que rodean a la publicación del primer libro son irrepetibles.


—¿Qué te brinda (como lector y como escritor) el terror, Esteban?
El terror es uno de los sentimientos más antiguos y su lectura tiene mucho que ver con la persona que lo está leyendo. Como lector me genera realidad ante todo, el miedo está en muchos recovecos del día a día. Escribir terror o suspenso, más que nada, me hace jugar con los límites, tanto de mis personajes como de las historias, y eso me genera un placer pleno cuando las termino. El miedo es un límite difícil de traspasar, por lo menos en primera instancia, y en las historias esos terrores son llevados al extremo para estirarlo todo lo posible: en lo cotidiano y lo fantástico.


—Me decís que te genera placer terminar las historias. ¿Sos feliz escribiendo? ¿O padecés el proceso de la escritura y el placer llega recién con el trabajo terminado?
Disfruto escribir. Lo que más me gusta es investigar y meterme en los temas con los que voy a tratar, pero el mayor placer es cuando logro terminar un cuento o una novela. Después toca arrancar de nuevo, eso cuesta un poco más.


—¿Es atinado comparar al terror con el blues? Lo digo en el sentido de que son géneros muy profundos a pesar de su aparente rigidez.

Cuando empecé a escribir, arranqué con el terror por comodidad, incluso sin haberme embarcado en las grandes obras. Pensé que en su rigidez estaba la facilidad de escribir sobre ciertos temas… nunca estuve más errado, en ese momento me di cuenta que era un género difícil, donde la historia es el medio para generar el terror que muchas veces no llega, ni por asomo.


—Yo creo que Stephen King no tan genial como aseguran sus fanáticos, pero sin dudas es mucho mejor de lo que dicen sus críticos. Decime, ¿qué representa la obra de King para vos como escritor y como persona?

Más allá de los libros que me obligaban a leer en el colegio, y que nunca lo hice, mi experiencia como lector llegó de grande. Recuerdo estar trabajando en el turno noche y el Colo, un amigo, me incitó a leer Carrie; después de eso fue un camino de ida. A los días estaba comprando la colección completa de La Nación; pero, seguía leyendo netamente a King hasta que me cansé y le di lugar a todo lo que vino después y todo lo que está por venir.




Los prejuicios, desde hace un tiempo largo, trato de tirarlos a la basura. Cada uno de los epígrafes tuvo un por qué y el de Isabel Allende fue uno de los más bonitos, acompañado del cuento, claro


—Uno de los cuentos de tu libro tiene un epígrafe de una escritora tan exitosa como poco valorada: Isabel Allende. Lo primero que pensé al leer ese epígrafe es: “A este tipo, por suerte, no le importa el qué dirán”. ¿No creés que el mundo de los libros está cargado de prejuicios? ¿Qué son demasiados los escritores más preocupados por armar un personaje que por escribir una obra?

Los prejuicios, desde hace un tiempo largo, trato de tirarlos a la basura. Cada uno de los epígrafes tuvo un por qué y el de Isabel Allende fue uno de los más bonitos, acompañado del cuento, claro. Soy nuevo en este “mundito literario”, pero desde que quise entrar en él me di cuenta que estaba el ego abundaba en ambos polos, siendo ese el personaje más querido por muchos escritores, tanto masculinos como femeninos. Hoy en día Facebook deja abierta la puerta para “conocer” al autor, pero mientras más muestra menos se lo conoce, por lo menos ante mis ojos. Como lector valoro mucho el ida y vuelta con el escritor, siempre que se pueda. Hoy en día hay escritores que están hinchados, ahí, es cuando se me van las ganas de leerlos, lamentablemente tengo esta manía, hay tantos libros por leer que prefiero, como mínimo, leer a autores con un mínimo de modales. Para leer celebridades hay tiempo.


—Suele hablarse mucho sobre lo que cuesta y significa para un escritor lograr publicar su primer libro. Pero muy poco se habla sobre lo que cuesta y significa publicar el segundo. ¿La publicación de La muerte está ahí es un aliciente o una presión a la hora de escribir lo que viene?

Hasta el momento es una pausa para lo que viene. Hay varios proyectos en movimiento que siguen su curso dentro de mi cabeza, uno escribe todo el día para después volcarlo sobre una hoja. Hoy en día hay una novela a cuatro manos que está a punto de ser terminada con un escritor cordobés: Franco Vega; además, hay varios cuentos que están a punto de ser publicados en diversas antologías, tanto en España como en Argentina. La muerte está ahí es el puntapié para muchos buenos momentos.


—La literatura y el cine de terror se retroalimentan enormemente. ¿Cuáles son las películas que más te influyeron y aterraron?

“The thing” de Carpenter es mi película de cabecera. Últimamente estoy consumiendo mucho cine de terror, pero la verdad es que los estrenos no son muy buenos, prefiero el cine de terror ochentoso.


—¿Fantaseás con escribir el guión de una película de terror?
Y, es algo que me encantaría. Hace un año, en la facultad de Bellas Artes hicieron un corto con uno de mis cuentos y me quedé como loco. Ser guionista sería el próximo paso para cuando haya publicado algunas novelas, o por lo menos ese tiempo le doy yo, por suerte el reloj se viene adelantando bastante.


—¿Cómo se llama ese corto basado en tu cuento?

El corto se llama “Óxido” como el cuento que forma parte de La muerte está ahí. Nació para una selección de textos en Bellas Artes, se hicieron varios libros ilustrados que fueron donados, siguió como corto y terminó en mi libro de relatos. Más alegrías no puede dar… supongo.


—Vamos con la última pregunta de Un café en Buenos Aires. Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.

De chico intentaba ver/escuchar los cuentos que Laiseca contaba en i-sat. Ahora, un poco más grande, me hubiese encantado poder asistir a alguna de sus clases, una charla o un simple mate. Y si pudiese hacer un asado sin límite de tiempo y espacio, Poe y Lovecraft serían dos invitados especiales.


La muerte está ahí. Editorial textos intrusos, 148 pag.




Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Autor de las novelas Las horas derramadas (ganadora del XXI Certamen Literario Ategua 2010, España), Tríptico del desamparo (ganadora de la I Bienal Internacional de Novela «José Eustasio Rivera» 2012, Colombia), y Espiral (finalista del XIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2015, España). Desde Buenos Aires trabaja vía Internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas.

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