El azar de escribir

“Esto ha sucedido de verdad. 
Como todo lo que he escrito en 
este cuaderno rojo, es una historia verdadera. 



P.A.


Por: Marco Tulio Polo Salcedo*



El primer libro que recuerdo haber recibido de obsequio, fue el de una mujer que necesitaba ganarse mi afecto, para que aceptara su relación marital de hecho con mi padre, como si mi escasa influencia contara en la vida de los mayores. El de Julio Verne ilustrado, Dos años de vacaciones, casi imposibles, pero autónomas aventuras, de unos niños solos utilizando una goleta.

De una editorial seria, era casi imposible adquirir un libro y mucho menos un obsequio.

Pero al pueblo llegó una, con la promoción de la difusión por amistad, que consistía en que así, uno no contara con dinero para comprarlos, si podía solicitar y que le llegara a su remota dirección, la revista con las fotografías a color de todos los libros y ofrecer desde la misma los títulos exhibidos y llenar los cupones de pedido para quienes pudieren comprarlos y con su pago, recibir como obsequio el libro que uno eligiera de una sección donde se encontraban los más voluminosos y raros que nadie compraba o quería aventurarse a leer.

Mis primeros escogidos del Círculo de lectores, fueron: Lo que el viento se llevó, El Decamerón y Crimen y castigo que todavía me acompañan en mi biblioteca.

Como en mi primera infancia, fui coleccionista y al final vendedor de comics, a estas alturas, mi primer oficio no remunerado fue el de interpuesto vendedor de libros.

Otros obsequios recordados, fueron los libros recibidos al final de los sesenta como premio por ocupar el primer puesto en varios concursos de cuento del pueblo. Así pude acceder a las páginas de las Narraciones extraordinarias de E.A. Poe y de Robinson Crusoe de Daniel Defoe en ediciones otoñales de la editorial, Salvat, también española.

Por esos libros me condené a la obligación de “desenrollar la mina del lapicero” (Como le escribía en esa época a J.Peña un escritor amigo) sobre cuadernos, que al final en mi novela llamé tacuinis, porque al igual que los cuadernos chinos, del libro de Marco Polo, La descripción del mundo, adivinaron para mí lo que iría a escribir luego y ser mi primera o última novela pese a que la concebí como una trilogía, que la decepción de lo humano me ha impedido continuar.

Y vuelvo a ese aroma etéreo de adolescente en la humilde casa de la calle 2 No. 9 A-04, para sentir otra vez el regusto de algún paquete que llegará con mi nombre conteniendo los perfumes de la tinta de un nuevo libro, como si desde el espacio infinito recibiera una gota de luz a través de un milagroso túnel de un milímetro que era el punto de mi esfero.

Ahora, luego de transcurrir más de cincuenta años desde aquella edad, la editorial Seix Barral me ha obsequiado por primera vez un libro. Un opúsculo de uno de mis escritores dilectos, con quien tengo comunicación permanente a partir de sus libros. Pues me parece que escribe de lo que a mí también me gusta escribir. Además, porque lo hace muchas veces, desde ese pueblo en el pasado, lejano, que se llama infancia.

El obsequio es el libro ¿Por qué escribir? de Paul Auster y esta vez por haber comprado su novela 4,3,2,1 de la que ha dicho, es la última novela que escribirá, que en mi caso por su tema, fue la primera. 









Las cinco historias que entrañan ¿Por qué escribir? tienen además el toque de extraña comunicación personal con algunos de mis cuentos escritos y publicados, cuando aún no sabía de su existencia.

“…descubro que sin haber leído a Chejov en los primeros años, escribo lo que cuenta aquel en Una noche terrible. Un chiste elevado a cuento en El viajero, ciento ocho años después. Igual que el juego misterioso del tiempo y el hotel Cervantes, de Cortázar y Bioy”. (De armas de juego)

Azar o extraña coincidencia cual canon de Paul Auster:

La primera, es la conclusión del azar. Como la del último.

La segunda historia, es la de ese Superman que todo mundo lleva encima, cuando se trata de salvar la vida de un hijo, donde desaparece el tiempo y el espacio.

La tercera es el recuerdo de ese compañero de colegio muerto a sus escasos años, cuando pudimos ser el muerto de aquella época; historia que se recupera a lo largo de mi novela.

La cuarta es la historia de la guerra que separa a los hombres y del amor que los une. Similar a mi última historia que publicó de forma virtual Pijao, la editorial tolimense con el nombre de Nocturno de salamandra.

La quinta me trae el recuerdo de la adolescencia, cuando me acostumbré a llevar mi esferógrafo en el bolsillo de la camisa, luego de haber inventado la firma que aún hoy utilizo, cuando adivinaba, iba a ser una persona importante y el mismo que utilicé para “desenrollar” su mina sobre las hojas de los “tacuinis” que como para Auster, también fueron cuadernos chinos, en los que pude garrapiñar mis primeros cuentos que se volvieron una novela al final.

Me recuerda Lis, que desde los doce años, llevé en el mismo bolsillo de la camisa una peineta, lo que me permitió hasta los sesenta y cinco años tener abundante cabello, que eso mismo era costumbre de un vate ciego, tan amigo nuestro como el azar y como Paul Auster.


*Marco Tulio Polo Salcedo. Escritor colombiano.


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