La inteligencia de los animales



Apuntes, d.j.a.

Darío Jaramillo Agudelo

¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? 
(Tusquets) de Frans de Waal.-



Frans de Waal (1948) es una autoridad mundial en primates y un muy reconocido etólogo. A juicio de la revista Time, es una de las cien personas más influyentes del planeta. A riesgo de simplificar demasiado, como mero lector gozoso, como vicioso lector tan adicto al leer que no teme equivocarse en los motivos de su placer (ni que importaran los motivos en un placer de eterno presente), a riesgo, digo, de hacer el esquema en blanco y tiza, desde mi ignorancia supina de la ciencia en cuestión, la zoología, diría que el tema central de este libro es mostrar el reino animal completo, incluyendo a la clase específica de la especie animal a la que pertenecemos usted y yo. Dicho con las palabras del propio Frans de Waal, “la comparación no es entre personas y animales, sino entre una especie animal –la nuestra– y una amplia variedad de especies”.

Hasta ahí lo general –y lo fundamental– del asunto. Lo que sigue es abordar con el método de la más estricta investigación experimental al conjunto de las especies zoológicas. Y mostrar que cada una tiene la inteligencia que necesita. “La respuesta flexible al entorno y la búsqueda de soluciones a los problemas que plantea son una característica de cada especie. Cada una lo hace a su manera. (…) Parece muy injusto preguntar si una ardilla es capaz de contar hasta diez cuando contar no forma parte de la vida de una ardilla. En cambio, las ardillas son muy buenas a la hora de recuperar nueces escondidas, y algunas aves son absolutas expertas. El cascanueces de Clark almacena más de 20.000 piñones durante el otoño, escondiéndolos en cientos de localizaciones diferentes repartidas entre muchos kilómetros cuadrados. De esta manera consigue recuperar la mayoría de los piñones a lo largo del invierno y la primavera. Que no podamos competir con las ardillas y los cascanueces en esta tarea –yo me olvido hasta de dónde he aparcado el coche– es irrelevante, porque nuestra especie no necesita esa clase de memoria”.

El enfoque y el resultado de esta investigación –independientemente de las discusiones filosóficas que pueda suscitar– creo que tiene un valor que todos podemos reconocer, y es el sabio humorismo que brota de mirar zoológicamente nuestra especie. Lo que produce un inmediato, casi automático, cambio favorable en nuestra visión del mundo: “poder entender(nos) entre especies” y, más, aprender a reconocer las formas de la inteligencia animal. “Hoy se acepta ampliamente que los chimpancés no tienen nada que envidiarnos a la hora de reconocer caras, y más cuando se sabe que las áreas cerebrales implicadas son las mismas que en el caso humano”.

Tomado de Gozar Leyendo www.lunalibros.com/blog/

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