Un café en Buenos Aires con Paula Jansen

Paula Jansen
Paula Jansen


“Mi tema fetiche son los vínculos”: Paula Jansen



Por: Pablo Di Marco / Argentina



Editorial Ojo de poeta está de festejo. ¿En dónde es la fiesta? En DAIN Usina Cultural. ¿Cuándo? El sábado 7 de de octubre a partir de las 17hs. ¿Qué se celebra? El relanzamiento de los títulos publicados por la editorial en un formato de presentaciones multimedia y realidad virtual. Pero hay más: Ojo de poeta también presentará su más reciente libro: el tomo I de Relatos para una antología rota, una selección de cuentos de autores latinoamericanos.

Tal vez no sea azaroso que Paula Jansen sea la autora de los dos primeros cuentos del libro. La escritura de Jansen pareciera ir a contramano de estos tiempos urgentes. Tan pausada como inspirada y meticulosa, siempre me remitió al trabajo de un orfebre que pule una gema por años, hasta lograr el brillo y la forma buscada. Por lo tanto la publicación de material suyo en Relatos para una antología rota es una excelente noticia para los amantes del cuento, y también una inmejorable excusa para nuestro Café en Buenos Aires de hoy.


Carolina Urbano me propuso escribir la contratapa de Relatos para una antología rota. Allí señalé que el cuento es inspiración, pero también trabajo. Y tus cuentos son el perfecto ejemplo de ello. Pero acá la opinión que importa es la tuya, Paula. Así que decime: ¿cómo hacés para conjugar el orden con la aventura?
Qué buena pregunta. En realidad hay un poco de todo. Primero algo me impacta y me desconcierta (puede ser una experiencia, la aparición de un recuerdo, una noticia…), y eso me empieza a dar vueltas en la cabeza. Pasan los días y sigue ahí, entonces empiezo a escribir. Ese tiempo de dejar que eso de vueltas libremente por mi mente es mágico, porque se va transformando en un relato. Me aparece primero el desenlace (mis amigas del taller me cargan porque siempre tengo los finales y no la historia, y ellas siempre tienen las historias y no los finales). Pero hay un punto en donde la historia y los personajes toman vuelo propio y yo ya no decido, es muy loco porque muchas veces van sucediendo cosas que jamás pensé. Una vez que tengo un cuento, una prosa poética, un capítulo de la novela o lo que sea, lo dejo macerar un poco y después vuelvo para ordenar, tachar, corregir. Claro que yendo a un taller literario como el de Marcelo di Marco, toda esa parte de la corrección es compartida y de mucho aprendizaje en conjunto. Siempre corrijo con el grupo o con alguien, y generalmente ese alguien es la escritora Claudia Cortalezzi.


En lo que a escritura se refiere la mirada del otro es fundamental. Y no siempre quien escribe cuenta con la suerte de tener cerca a lectores como Marcelo y Claudia, que te pueden dar una opinión que enriquezca el texto. La escritura es un trabajo solitario, pero todo lo que viene después (corrección, edición, publicación) es, inevitablemente, un trabajo en equipo.
Sí, claro. Me parece fundamental la visión objetiva del otro a la hora de publicar algo.


La pregunta que viene es para la Paula licenciada en Psicología: Toda buena historia suele presentar dos caras: la que está en la superficie a la vista de todos, y también otra subterránea que el buen lector debe descubrir a través de una lectura de ojos afilados. ¿Qué descubriste de vos misma a la hora de leer la cara (y también la contracara) de tus cuentos?
¿Qué descubrí? Todo. En mis cuentos me reconozco en cuerpo y alma. Tienen un trasfondo psicológico que refleja lo vulnerable del ser humano, mi propia vulnerabilidad.


Casi todos los escritores tienen una obsesión, un tema fetiche del que no pueden (y a veces tampoco quieren) escapar. ¿Cuál es el tuyo?
Mi tema fetiche son los vínculos. Vínculos madre-padre-hijos-parejas-hermanos. Siempre me impactó cómo las personas que más nos aman también pueden ser las que más nos dañan. Desde mis vínculos tempranos, pasando por todo lo que escucho en el consultorio, tengo material para rato.

A los quince años leí El amor en los tiempos del cólera, y algo inexplicable me pasó a partir de esa maravillosa historia de amor. Fue el libro. Tuvo una impronta imborrable

Paula Jansen
Paula Jansen



¿Tenés rituales a la hora de escribir?
Entrar en un bar, preferentemente en una esquina, sentarme en una mesa que dé a la calle y, saboreando un rico café, disponerme a escribir. Siempre llevo una libretita y una lapicera de pluma en la cartera. Y si es un día lluvioso, mucho mejor. Es como si todo ese ritual me inspirase más. Cualquier tiempo libre, la cancelación de un paciente, un trámite que demora, puede convertirse en la oportunidad única de escribir.


Antes nombraste a Marcelo di Marco (ya que estamos, y antes que me lo pregunten, aclaro que con Marcelo no somos familiares sino apenas grandes amigos). ¿Qué le aportó Marcelo a tu escritura?
El taller de Marcelo me aportó todo. Y no exagero. Es un gran maestro, para mí el mejor. Él no va con vueltas: si lo que escribís no sirve, te lo dice sin anestesia. Es muy sincero, muy tajante, y tiene un ojo clínico maravilloso. Yo se lo agradezco, más porque llegué al taller sin ningún tipo de experiencia en lo literario. No tenía ni idea de cuándo poner un punto o una coma. A mí solo me gustaba escribir, y él me fue enseñando y me sigue enseñando cómo sacarle jugo a un texto. El proceso de corrección es en grupo, todos aprendemos de todos. Eso le da un plus muy interesante. Y además el taller de Marcelo me permitió conocer a mis amigas del alma: Victoria Fargas, Claudia Cortalezzi, Alejandra D'Atri, y Gladis Lopez Riquert, todas excelentes escritoras.


Con quienes escribiste un libro que reúne varios cuentos memorables: Cinco mujeres y otra cosa.
Sí, fue una experiencia increíble. Al libro lo conforman tres cuentos de cada una de nosotras y un cuento escrito a diez manos entre las cinco. Ellas me ayudaron a cumplir el sueño de publicar.


Vamos con la última, Paula: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías y qué pregunta le harías.
Sin dudarlo, invitaría a Gabriel García Márquez: él me hizo amar la literatura. A los quince años leí El amor en los tiempos del cólera, y algo inexplicable me pasó a partir de esa maravillosa historia de amor. Fue el libro. Tuvo una impronta imborrable. Por eso me emocioné mucho cuando leí una nota tuya titulada “Una oficina de correos, medio siglo atrás”. Me transportaste a 1967, a esa oficina de correos, hasta sentí el calor de ese día. Gracias por esa anécdota maravillosa que contaba esa partecita de la vida de Gabo, como lo llamaban sus conocidos.


Gracias, Paula. Y contame, ¿dónde lo llevarías al buen Gabriel?
A un bar que conocí en la ciudad de Rosario: El Cairo. Es un bar antiguo, con historia, un lugar increíble.. Y le preguntaría sobre la historia de sus padres. Y como psicóloga quisiera saber todo sobre su primera infancia. También me quedaría en silencio, admirando su belleza, intentando absorber algo de esa música hipnótica que me hechizó a los quince años. Intentando absorber algo de esa magia que solo un genio puede transmitir.


¿Nos vemos el sábado en la presentación de Relatos para una antología rota, Paula?
¡Nos vemos!


Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor de las novelas Las horas derramadas, Tríptico del desamparo y Espiral. Colaborador de la editorial Ojo de Poeta y columnista de la revista cultural Libros & Letras. Leer más AQUÍ

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