Un café en Buenos Aires con Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada
Berta Lucía Estrada


Por: Pablo Di Marco / Argentina / Especial para Libros y Letras.


“Gracias a la escritura y a la lectura soy un ser humano libre, independiente, autónomo”: Berta Lucía Estrada 



Ernesto Sabato solía decir que el buen escritor debiera ser revolucionario en tiempos conservadores y conservador en tiempos de revoluciones. En suma, el buen escritor debiera cuestionar e incomodar, nadar a contracorriente de los tiempos imperantes. Tal vez no sea casual que Berta Lucía Estrada admire al escritor argentino. La obra de nuestra entrevistada de hoy —una obra inquieta e insumisa, luminosa y oscura en partes iguales—, está impregnada de esa rebeldía que Sabato tanto reclamaba. Pueden sentarse a nuestra mesa, el café está servido.



—La obra de un escritor suele girar en torno a una o dos obsesiones. ¿Cuáles son las suyas?

La fragilidad humana —léase miseria humana— y la condición femenina.


—Por estos días se ha creado una polémica en torno a la decisión del Ministerio de Cultura de Colombia de no incluir a escritoras en un evento literario a realizarse en noviembre en París. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Este lamentable suceso demuestra una vez más hasta qué punto Colombia es un país machista y misógino desde las entrañas mismas del poder. La verdad no me extrañó, he vivido en carne propia la exclusión en el ámbito profesional y literario, y eso incluye la discriminación del Estado colombiano. Incluso me manifesté en mi blog “El hilo de Ariadna”, del diario El Espectador, con una denuncia que hice con respecto a las “listas” que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia “maneja” para tener en cuenta a los escritores que invita a certámenes internacionales. Esta es mi denuncia al respecto:

http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/la-discriminacion-las-escritoras-parte-del-estado-colombiano

También muestra que si bien las mujeres aparentemente leemos más que los hombres —lo digo porque hay diferentes sondeos que confirmarían esa premisa—-, y que nos educamos más que nuestros homólogos masculinos —las universidades colombianas tienen más estudiantes mujeres que hombres—, seguimos relegadas a cargos de menor importancia y a salarios más bajos. Incluso hasta hace dos o tres años cuando una mujer era seleccionada para un puesto de trabajo debía hacerse una prueba de embarazo, y si daba positivo perdía la posibilidad de ser empleada. Y hay que tener en cuenta otro aspecto que raramente se menciona, el mundo editorial, que en definitiva es el encargado de formar lectores, no apoya ni edita a las mujeres en la medida en que lo hace con los hombres. Una prueba de lo que digo es que para el director de Visor “no hay mujeres poetas”; imagino que nunca ha leído la maravillosa entrevista que le hiciera Matthieu Galey a Marguerite Yourcenar y que puede leerse en Con los ojos abiertos (1981): “Un hombre que lee, o que piensa, o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos escapa incluso a lo humano”.


—Su actividad literaria excede el ámbito de la poesía, ya que también suele incursionar en la crítica literaria. ¿Qué cree usted que le ha sucedido a la crítica que ha dejado de lado toda exigencia y objetividad para reducirse a un gueto de pseudoescritores que no hacen más que felicitarse entre ellos?
Gracias por formular esa pregunta. Antes que “poeta”, lo digo entre comillas porque siento un inmenso respeto por la poesía, o cuentista, me considero ante todo crítica literaria, esa es la única certeza que tengo en el oficio que ejerzo; independientemente que a la gente le guste o no mi trabajo. Ahora bien, hago crítica literaria por una sola razón, por egoísmo. Me explico: Cuando leo una obra siento la necesidad de interactuar con ella, de establecer un diálogo, de cuestionarla, de formularle millones de preguntas, la relaciono con otros libros, con autores disímiles; en otras palabras, trato de entender, de desvelar sus arcanos, de buscar en sus profundidades; y por supuesto no siempre me sucede esa “epifanía”. Ahora bien, paso a responder la pregunta: Yo fui formada como crítica literaria, quería estudiar literatura y escribir; sin embargo, el pensum de la carrera en los años setenta del siglo pasado y su vocación estaban enfocados en la crítica literaria, al menos en la universidad donde hice mis estudios; algo que agradezco porque gracias a ese pensum yo soy la que soy hoy en día. Lo que pienso es que no por ser escritor se es crítico literario, algo que la mayoría de la gente no entiende.


—Y no solo no lo entienden los lectores, tampoco parecieran entenderlo muchos autores. Es sorprendente la frecuencia, liviandad y poco espíritu crítico con la que tantos escritores reseñan a sus amigos escritores.
Es posible que muchos escritores paguen “favores” con elogios mutuos o bien traten de ponerle zancadillas a los que no están dentro de su círculo de afectos literarios o personales; creo que en todas partes existen ese tipo de “celos” o de “autoelogios” que yo no comparto. Yo diría que el 98% de mis ensayos o reseñas como crítica literaria son sobre autores que no saben ni siquiera que yo existo, y la verdad es que me interesa seguir así. De hecho hay algunas personas que se han ofendido porque he rechazado escribir sobre alguno de sus libros o porque me he negado a un breve comentario sobre uno de sus poemas. Y esta postura nace de mi deseo de ser libre, de no encadenarme, de no deber “favores”. Además soy el ser más huraño que alguien pueda encontrar en su senda, y algo que sorprende a mucha gente, soy muy tímida.

Berta Lucía Estrada
Berta Lucía Estrada


Antes que “poeta”, lo digo entre comillas porque siento un inmenso respeto por la poesía, o cuentista, me considero ante todo crítica literaria, esa es la única certeza que tengo en el oficio que ejerzo


—Usted ha tenido la valentía y honestidad intelectual de escribir reseñas negativas de novelas ganadoras de premios de peso.
Gracias, aunque nunca lo había visto como un acto de valentía.


—Lo es. Se lo aseguro.
Eso sí, la honestidad intelectual ha sido una premisa en mi vida, y no renuncio a ella por nada del mundo, así se me cierren puertas. Hay obras que me aburren, o que considero muy malas, sobre todo las que se llevan premios de editoriales, como el Goncourt que me parece que se equivoca bastante; es el caso de Canción dulce de Leïla Slimani, incluso escribí una nota sobre dicho libro:

http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/chanson-douce-leila-slimani-premio-goncourt-2016#


O el Premio Alfaguara 2015 que premió el libro de Carla Guelfenbein, Contigo en la distancia.

http://www.panoramacultural.com.co/index.php?option=com_content&view=article&id=4154&catid=23&Itemid=135

Lamentablemente las editoriales se rigen por las políticas de mercado, no están muy interesadas en formar espíritus críticos y analíticos; así que la literatura light está de moda, se vende y se reemplaza muy fácilmente. Los autores, como los cantantes juveniles, a veces son simplemente flores de un día.

Berta Lucía Estrada
Berta Lucía Estrada



—¿Qué ha ganado y que ha perdido desde sus comienzos en la escritura a hoy?
¿Perder? Nada, absolutamente nada. ¿Cómo podría decir que la escritura me ha hecho perder algo? Por el contrario, gracias a la escritura y a la lectura soy un ser humano libre, independiente, autónomo. Gracias a ella trato todos los días de sacudirme de viejos prejuicios, ideas erróneas, de estigmas sociales, religiosos y culturales. Hace algún tiempo escribí lo siguiente al respecto: La literatura me ha hecho libre y espero seguir siéndolo, soy contestaria, rebelde por antonomasia, no comulgo con ningún partido político, ni creo en ninguno de sus representantes, participo poco en las elecciones, ni pertenezco a ninguna religión, no soy seguidora de equipos de fútbol, ni de artistas, ni de personajes de la farándula, no soy racista, ni homofóbica, ni estoy en contra del aborto. Estoy en contra de toda clase de fanatismo, llámese religioso o ideológico, creo en el libre albedrío del hombre; y también soy consciente que los estados totalitarios nos ponen una mordaza enorme, que nos encadenan a su forma de pensar y que nos obligan a tener que convivir con sus excesos.


—Vamos con la última y clásica pregunta de Un café en Buenos Aires, Berta Lucía: le regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Cuénteme quién sería, a qué bar lo llevaría y qué pregunta le haría.
¡Ah! Esperaba esta pregunta con muchas ansías…


—Adelante, entonces.
Respondo sin titubeos, a Alejandra Olmos y a Bruno. ¿Cómo?, se preguntarán muchos lectores de Libros y Letras. Sencillamente yo no estaría aquí hablando de todo esto si no hubiese sido porque Sobre héroes y tumbas se me atravesó en el camino, hasta el punto que mi tesis de grado fue sobre esa obra y El túnel. Sabato me cambió la vida para siempre, él nunca lo supo, pero yo soy en cierta forma su hija, y me siento muy orgullosa de esa afiliación.


—¿Y qué le diría a Alejandra?
Más que decirle algo le pediría que me condujera de la mano por los corredores de su casa. La imagino húmeda, con olor a casa encerrada, en las tinieblas permanentes, poblada de soledad, de una soledad atávica y sempiterna.


—¿Y a Bruno?
¡Ah! Le pediría que me cuente una vez más su teoría de la literatura universal. Recuerdo que en un parque él le dice a Martín que no entiende por qué los europeos esperan de los argentinos una literatura sobre temas gauchos, cuando hablar de una pareja besándose en un parque es un asunto universal. Eso le diría entre otras cosas.


—No me ha respondido a qué bar los llevaría. No me lo diga ahora. Dejemos esa respuesta como una excusa para un próximo café en Buenos Aires.


Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor de las novelas Las horas derramadas, Tríptico del desamparo y Espiral. Colaborador de la editorial Ojo de Poeta y columnista de la revista cultural Libros & Letras. Leer más AQUÍ

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