Altas y bajas en la cultura

Jamás hemos estado de acuerdo en que se aprovechen los medios grandes y los alternativos para insultar o agredir o agraviar a los demás. Lo siguiente apareció en “La Movida Literaria” el 17 de Junio: 

Cordial saludo señor Andrés Hoyos: ¿No le parecen tendenciosos, malignos y cargados los dos textos que han salido con menciones sobre mí, tanto en revista Arcadia como en El Malpensante? (Foristas, anónimos, furiosos, ¿quiénes son?). La pregunta se la hago porque sé que Páez, Vallejo y Jiménez y no sé quién más son los autores, respaldo, promotores, “autores intelectuales” del blog “La bobada literaria”; todos muy cercanos a usted y a su revista. Pasa que ellos dicen cosas como: Nahum Montt es alcohólico; Omar Rincón es homosexual, Elsy Rosas Crespo es fea (hasta aquí la enumeración, pero hay más). Juan Pablo Plata es homosexual, es traqueto, cobra por publicar en su revista. Nicolás Morales por su parte me tilda de fascista y racista. Ese mismo defecto señalado en el texto de la revista El Malpensante (Foristas, anónimos, furiosos, ¿quiénes son?) es practicado por personas muy cercanas a usted ¿No cambian ellos también el argumento por el insulto?

Siento como si ellos tuvieran derecho a la broma, a insultar, a difamar, a joder a cualquiera, pero los demás no. Todo el asunto de mis cometarios en el blog de “La bobada literaria” comenzó porque Sebastián Pineda Buitrago (el hijo de la magistrada Susana Buitrago Valencia, magistrada quien eximió de culpa a Fernando Londoño Hoyos, ex ministro de gobierno de Uribe, con lo de Invercolsa) comenzó a echar a andar el siguiente rumor: “Juan Pablo Plata es homosexual”. Después vino una reseña cargada, incompleta y clasista de mi antología de cuento colombiano Señales de ruta por Pablo Arango (En El Malpensante. Camilo Jiménez le facilitó libro de cortesía que yo le había dado) y un poco después la noticia sobre un manuscrito de Andrés Ospina (un invitado al Festival El Malpensante 2010) de parte de Camilo Jiménez: lo tiré a la basura y casi no lo leí, era demasiado rimbombante pero con cosas buenas. Si quiere le pago lo de la impresión y argollado (parafraseo de memoria). Finalmente, apareció el blog de “La bobada” donde la difamación y el insulto me brindaron su mejor cosecha. Más allá de la respuesta (improbable) a este mensaje, quiero compartir con usted un texto de José Eustasio Rivera. Creo que en él va contenido todo lo que me produce este asunto y sus protagonistas del otro lado (me excluyo entonces) y la poca importancia que tiene para mí. Lástima, eso sí, el daño hecho y la injusticia; lo cargado que ha estado todo. Mostrar solo una parte de las cosas para joderme es tendencioso, maligno y prueba de la carga desigual. Qué todo vaya bien con usted. Juan Pablo Plata. 

Vergonzoso que esto suceda entre directores de revistas, lectores, foristas, amigos, enemigos, hijos de magistrados, etc. 
Y este es el texto al que se refiere Juan Pablo Plata, escrito por José Eustasio Rivera: 

“Simuladores de cultura”: Esta es la tierra de los eruditos a la violeta, que no habló de sus sabios. Aquí se afanan los jóvenes por adquirir una gloria, que se destiñe cada mañana y se borra definitivamente en breve tiempo. Para adquirirla, pues ella les da acceso a las preeminencias de orden social, o económico, o político, se entregan a la tarea de escribir articulejos, de pergeñar críticas, de cometer versos, asaltando las páginas de periódicos o revistas, en una afán casi angustioso, sabedores de que tal ejercicio de repetición les dará en nuestro medio título de intelectuales. Pero, viaje usted, para que se convenza cómo son de desconocidos, de ignorados, mientras aquí se mantienen en los primeros planos y planas, simuladores de cultura, que se suceden sin dar un aporte a la verdadera literatura nacional. Envueltos en esa atmósfera se embriagan de sí mismos, y en este ensimismamiento se consideran autores trascendentales. A la postre, se anticipan a su epitafio con algún libraco al que bautizan: Discursos y escritos varios. Nadie sigue el precepto Horaciano de pulir y repulir sin cesar, de guardar el vino hasta que se añeje: todo es obra de la precipitación, de la ligereza, vestidas, por supuesto, de arrogancia, suficiencia, de erudición. He aquí el cebo que envenena y mata en su simiente muchas esperanzas jóvenes. Si usted asiste a una reunión de índole literaria, se quedará aturdido ante el conocimiento de la literatura universal que despliegan aquellos contertulios, de las lenguas que conocen. Aparte del francés, del que poseo buenos conocimientos básicos, usted sabe que yo no conozco más que mi propia lengua, pues el portugués lo traduzco por adivinación, dada la similitud con nuestro idioma. Ciertamente, que crear, o mejor, descubrir una veta autóctona dentro de la literatura nacional es tarea muy ingente, escollo que no se atrevieron a sortear hombres de gran altura mental entre nosotros. Literariamente hablando, lo nacional es grande cuando posee un valor universal, porque afecta la sensibilidad, también, de los hombres de otras latitudes. En el caso mío, y refiriéndome exclusivamente a la novela, yo he abarcado solamente una comarca de esa psicología, si así se pudiera decir, he trasladado a mi libro todas las virtudes, todas las maldades de que son capaces esos habitantes de los llanos ilimites, o de las selvas inhóspitas, por el aspecto que mis ojos o mi temperamento me permitieron observarlos, trasladando con ellos, de la manera más fiel el ambiente que los rodea. Pero aún dentro de este ambiente quedan muchos filones por explotar y la veta de la literatura nacional apenas está aflorando, y se necesita ingenio para acuñar con este metal una moneda de valor universal, de índole perdurable, por consiguiente”. 

Andrés Hoyos hasta se metió a discutir, con argumentos muy pobres, con el senador Jorge Enrique Robledo hasta que, por fin, le tocó detener su diatriba. Los debates son buenos cuando se hacen con altura, con inteligencia, con suficiente argumentación, pero utilizar ciertos medios para insultar...

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