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Algo de teatro

Por: William G. Rodríguez. “Las tardes de Manuela” es una pieza teatral, escrita por el dramaturgo José Manuel Freidle, que en días pasados pudimos apreciar en el marco de la celebración del Festival de Teatro en la Universidad del Tolima, Ibagué (Colombia) la cual fue adaptada por el maestro Javier Bejarano para ser actuada por las actrices María Pacheco, Carolina Bermeo, Ingrid Sierra y el actor Iván Bonilla. 

Esta obra rescata del olvido a una gran heroína como es Manuelita Sáenz y la traslada en esa puesta en escena, la cual se desarrolla bajo una interdisciplinariedad que está ceñida por el manejo del tiempo, lo que va a permitir que tres de las actrices jóvenes personifiquen la condición humana de esta entrañable mujer para que divague dicho personaje en lo que es y sobre lo que ha sido, pero contrastada con los padecimientos de un hombre completamente comprometido con las causas justas como lo es Simón Bolívar. 

En ese sentido, la obra de teatro muestra a una Manuelita como un personaje contradictorio, debido que se ríe sin prevención alguna de todo -o como se le escuchó en la voz de una de las actrices que la personificaba en el escenario- de tanta mierda e incluso de ella misma, porque hasta sus quebrantos de salud se convierten para ella en objeto de burla. 

Ante esta situación, no se hace esperar la voz que clama rechazo por lo que somos y hemos sido y se evoca en los desprotegidos el señalamiento de que somos “pasto de la peste” o dicho en las palabras de la negra Jonotá “estamos secos como esta vida y como esta tierra” pronunciamiento que hace a los cuatro vientos al pueblo de Quito. 

Pero quizás esos no van a hacer algunos de los ejes sobre los que girará la historia, porque a la par se está viviendo uno de los sentimientos más intensos y nobles que puede sentir cualquier mortal, aquel indiscutiblemente va a estar asociado con el amor y Manuelita se dejará llevar por la pasión de los sentimientos de un Bolívar que ama con todas las fuerzas del alma, aunque todo no va a ser placentero en esta relación de libertadores del pueblo esclavizado y del corazón, ya que se presentará un conflicto provocado por un pañuelo. 

Por lo anterior, es que se ocasiona que Manuelita se distancie de su gran Simón, pero este insistirá porque desea estar con ella. Por tal razón intenta reconquistarla con poesía de una carga semántica profunda que es emitida por los labios del libertador, un ejemplo de ello es el siguiente: 

“Bello como una torcaza en el aire 

Como un colibrí buscando su flor en flor”… 

Ahora bien, Manuelita huye de su propia pasión una vez que comprende que “la guerra destierra el sentimiento de los guerreros”, eso hace que ella se refugie porque sabe que morirá de soledad, pero antes de irse no deja de recriminarle a su Simón sobre porqué actúas como un dictador y porqué te crees el rey de este mundo; en ese momento en que se están disputando la razón por el comportamiento asumido se acercan los opositores que vienen vomitando odios, aquellos mismos que permitirán para mal de la sociedad que su vida llegue de forma prematura a su final. 

Ahora desde un plano metafísico se intenta subsanar algunas cosas que en la tierra no pudieron llegar a un feliz término, y el actor y las actrices empiezan una vez que están asumiendo una partida de naipes a recriminarse por lo que en vida habían hecho, lo que ocasiona que Bolívar se desespere y llegue a decir que detesta perder en la mesa…

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