El Rincón del Poeta

Poema diez 

Las estatuas de sal que tanto hemos amado 
tras el gemido de Sodoma y Gomorra, 
sus cuerpos se deshacen si las ciñen tus brazos. 
Amantes desoladas como un paisaje ciego, 
en cuyos pechos, recién salidos del océano,
nacía la sed. ¿Pero qué maldición cayó sobre ellas, 
sino la maldición a las bodas de la carne y el sueño, 
cuerpos y ceremonias, cabelleras y susurros 
en los tibios secretos de la noche, 
deslumbramientos de la travesía? 
Todo cuanto la urdimbre sombría del pecado 
condena: la pasión, la poesía, la línea del amor 
grabada en la palma de la mano, el linaje 
de increíbles amantes fundidos en su propio laberinto. 
Sin embargo, en la más luminosa estela del corazón 
donde nada es mentira, 
perdura la gloria de esas raras mujeres orgullosas, 
blancas como la muerte, con rouge en los labios. 

Poema trece 

Bien sé cómo es ella, secreta y perversa, 
como un ángel del bosque, se hunde 
en mi sangre, canta en la noche 
como un río que corre debajo de las piedras. 
Pero lo que invoca, lo que rescata, 
está más allá de la piedad de sus besos, 
vasto como el sueño, tormentoso 
como su cuerpo lascivo. 
Lo que se alcanza de sus confesiones 
desnuda los deseos, súplicas, un vuelo 
hacia cuerpos solares en un cielo mortal. 
El viento es tibio en sus cabellos, 
en su garganta herida. Todo en ella 
es insomne como su latido desdeñoso, 
consagrado a las grandes singladuras de Ahab. 

Nunca llegará donde la esperas, en una quemadura, 
en un altar demente de memorias perdidas 
o aves migratorias. Nunca llegará. 
Cuando trae la bebida de los náufragos. 
Se escurre 
entre los grandes secretos de su sueño. 

Enrique Molina. Poeta argentino, 1910 - 1997.

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.