Las raíces colombianas del diseño

Por: Zoraida Cadavid

Cuando David Consuegra regresa a Colombia en 1964, luego de estudiar Bellas Artes y Diseño Gráfico en los EUA, inaugura su profesión en un país que, si no estaba en el caos visual, por lo menos no sabía –o no había tenido tiempo de aprender- que la información gráfica formaba ya parte del desarrollo tecnológico.

“El vecindario gráfico que circundaba a Consuegra le proveía de una admósfera privilegiada: sus profesores en Yale University fueron Herbert Matter, Paul Rand, Bradbury Thompson, Arthur Hoener –discípulo de Josef Albers y profesor de diseño y color. - Albers ingresa como director de la escuela de Diseño, y propone la maestría en Diseño que Consuegra obtuviera en 1963.

El currículum de Yale -donde no eran admitidos en esa época más de dieciocho alumnos por curso, todos los cuales debían poseer ya un primer título para acceder a la maestría- era fascinante” Camilo Umaña (1).

Sorprende Consuegra con su regreso a Colombia en los años 60’s ya que para ese entonces formaba parte del staff del estudio del prestigioso diseñador Paul Rand. Toma la decisión de renunciar a esta gran experiencia de trabajar con su profesor (algo que Rand nunca entendió) y regresar a su país a fundar la Escuela de Diseño en la Universidad de los Andes, -algo que nunca se concretó-, finalmente lo hace en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Ya en el año 1965 se vincula a la Facultad de Artes y Arquitectura de la Universidad Nacional, sólo se retira hasta el año 1998 cuando le dicen que ha cumplido su tiempo y debe pensionarse. 

Es en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional donde reestructura la carrera de diseño, dedicando todo su tiempo y entusiasmo a esta institución, de la que siempre le escuché esta hermosa frase: “lo más parecido que hay a la academia en el país es la Universidad Nacional”.

Trasegó por la gran mayoría de universidades de Colombia y algunas en el exterior, pero su dedicación y pasión se la entregó a la Universidad Nacional de Colombia, a pesar de las continuas rabietas que le ocasionaba la burocracia y el desinterés de algunos de sus alumnos.

Las marcas, los símbolos y logotipos diseñados por Consuegra han contribuido a crear una imagen corporativa colombiana, precisa e inteligente, y es ahí donde claramente se aprecian sus aportes en los inicios del diseño gráfico, como una actividad ligada a los nuevos reclamos urbanos, estéticos y sociales de la modernidad en Colombia.

Esta notable capacidad para abstraer y comunicar, austera pero creativa, hizo que sus carteles –en especial aquellos diseñados para el MAM entre 1964 y 1968- carátula, programas e ilustraciones participaran de una absoluta limpieza ornamental.

Un capítulo aparte merecen sus textos teóricos y prácticos sobre la disciplina del diseño entre ellos un impresionante trabajo del año 1968, cuando al tiempo que reproducía una figura de oro, pareaba un dibujo con un detalle ampliado de su elemento de diseño, con la pureza y el refinamiento que un talento entrenado y soberbio permitiría abstraer, sin alterar la obra, sin añadirle, sin inventar. 

Consuegra no solo afinaba su percepción e intelecto en este ambicioso proyecto “Ornamentación calada en la orfebrería indígena precolombina” libro creado para inaugurar la sede del Museo del oro del Banco de la República, sino que abría fronteras para que el diseño tuviera raíces, para que otros colegas acudieran a una tradición enorme e inexplorada.

Detrás de Consuegra profesor universitario y diseñador, había un creador que pensaba y sentía los problemas de relación entre concepto, contexto e imagen, en forma sabia y ponderada.

Ha quedado una veintena de su libros sobre diseño, tipografía – su gran obsesión-, y sus libros para el público infantil.

Igualmente han quedado innumerables textos sobre la teoría del color, el dibujo, las técnicas de ilustración, el lenguaje del cartel y un proyecto editorial casi imposible de llevar a cabo, el “Diccionario enciclopédico del diseño gráfico”

Con el tiempo y con el estudio de estos textos, podremos iniciar algún día una reflexión sobre toda su obra.

(1) Camilo Umaña, tomado del libro David Consuegra, pensamiento gráfico, 2011

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