Un libro de cartas y algo más

Por: Fernando Carr Parúas / Tomado de Cubarte.com

Me refiero a ese libro de singular belleza que, tan pronto se puso a la venta en diferentes lugares, el ojo avizor de un lector curtido, no lo dejó escapar: Cartas a mi hija Indira de Jawaharlal Nehru.

El libro fue uno de los que se publicaron especialmente para la XXIV Feria Internacional del Libro de La Habana, que tuvo como invitada especial a la República de la India. De tres mil ejemplares constituyó la edición cubana, pero estoy seguro que tienen que haber sido muchos los lectores que no pudieron adquirirlo.

«El libro de Indira—decía una abuela— es el que me pidió mi nieta que está en clases, y no lo hay ya». Vi el rostro compungido de esta abuela —por cierto, una señora muy interesante—, frente a los vendedores de un concurridostand durante la Feria. porque sí, así parece que se conoce popularmente este libro, Indira, a pesar de estar escrito en la cubierta del libro —«carátula», le dice la mayoría de las personas a la cubierta—: el título bien definido en letras color rosa, que dicen es el color de las niñas: Cartas a mi hija Indira, título que surge dentro del follaje de hojas verdes y amarillas, y abajo una silueta en negro de una pequeña niña que quiere tocar la corta trompa de un elefantico, yo diría que recién nacido, por lo chico que se ve. Y más abajo aparece el crédito de la casa que lo publicó: Ediciones La Luz. Y, ciertamente, este ha sido, creo yo, el palo editorial de La Luz, de Holguín, casa editorial de la Asociación Hermanos Saíz en esa provincia, que dirige el poeta Luis Yuseff.

El hecho de la selección de los trabajos a incluir en este libro recayó en Rodolfo Zamora, a quien, además, se le debe la traducción y las notas. Hay que darle a Zamora el mérito de todo eso, pero también el haberse sabido incluir en el colectivo que a la par creó La Luz en la publicación de Indira.

Jawaharlal Nehru se tomó el buen trabajo de escribirle siempre a su hija Indira desde el punto o lugar en que se encontrara. Un hombre tan inteligente como lo fue Nehru, en cada carta daba a su entonces pequeña hija una clase acerca del mundo en que vivimos. Fueron seleccionadas más de 35 cartas y el libro tiene cerca de 300 páginas.

En las Cartas a mi hija Indira, Nehru le enseña también el significado de algunas palabras, y le habla de distintos libros antiguos: «Algunos de estos, como los Vedas, son quizás los libros más viejos del mundo. Probablemente en un principio no tuvieron forma escrita. Fueron aprendidos de memoria y recitados y cantados [...]. Estos son considerados por los hindúes como libros sagrados. Pero, ¿qué significa la palabra Vedas? Significa ‘sabiduría’». Más adelante, al hablar de los arios, que fueron poblando el norte de la India, le dice a Indira: «Estaban [los arios] muy orgullosos de sí mismos y de su raza. La misma palabra Arya significa ‘hombre gentil’, un tipo de persona superior. Amaban muchísimo la libertad».

No solamente le indica la lectura de los libros que hablan acerca de cómo se fue creando la India, es decir, unos y otros «libros sagrados», también la embulla a leer libros modernos: «La mayoría de los libros que consigo aquí son libros nuevos, acabados de publicar». Antes le había escrito: «Veo que has aceptado mi sugerencia de enviarte libros de vez en cuando. Lo haré entonces. Aunque termino en un embrollo cada vez que pretendo escoger lo que debo enviarte».

En otra de las cartas, pasa a tratar de los números, y deja a su única hija el conocimiento del patrimonio de los números que todos usamos hoy: «Los números y las cuentas han de haber sido un gran descubrimiento. Sin números es difícil imaginar cómo se pudo haber hecho cualquier tipo de negocio. La persona que inventó los números ha de haber sido un genio o ciertamente muy inteligente». Después se refiere a los números que usamos ahora, los llamados «números arábigos», y sobre este nombre genérico dice Nehru: «[...] porque los pueblos europeos los conocieron a través de los árabes. Aunque los árabes a su vez, los aprendieron de los indios, de modo que sería más correcto llamarlos “números indios”. Pero estoy yendo demasiado rápido». Así terminaba, pues en cada una de esas cartas, hablaba de un tema o dos, para no abrumar a su hija, y dejaba para más adelante, en otra carta, continuar con las narraciones que entendía, que a su hija le permitiría crecer.

Con las cartas que Nehru escribía a su hija Indira, la fue preparando para que se convirtiera en una mujer estudiosa, culta, libre, independiente. Al independizarse la India de Inglaterra, Nehru fue el primer jefe de Gobierno de la República, que allí —nación de vida parlamentaria— es el cargo de mayor jerarquía.

Quizás nunca pensó su padre que ella sería una gran estadista, y la dirigente principal del Partido del Congreso, igual que fue él. Sin embargo, muy joven, ya en 1938 Indira comienza en la lucha directa por la independencia de su patria, y poco tiempo después, se le hizo tan necesaria a su padre, que se convirtió en su principal consejera. Las enseñanzas de Nehru la habían hecho entrar en el difícil camino de convertirse en la primera mujer que desempeñaría el cargo más importante de la vida de la India.

Muchos años tuvieron que sucederse para que la India, dominada por Inglaterra en casi su totalidad, pues otras potencias europeas mantenían pequeñas colonias en las costas, como Portugal y Francia, accediera a la independencia, primero, de Inglaterra —después de terminada, en 1945, la segunda conflagración mundial—, en l947, que fue la ocupante de la mayor parte de todo ese vastísimo territorio que los ingleses llamaron “Imperio de la India”, y así le pudieron servir en bandeja dorada a la reina Victoria de la Gran Bretaña el título de «Emperatriz de la India».

Poco después y en años posteriores, 1948, 1950, Francia también fue dando la independencia a sus varias pequeñas colonias, todas en la costa oriental de la India. El territorio de mayor importancia de los llamados «Establecimientos Franceses de la India» —que en total ocupaban 526 kilómetros cuadrados— era Poducherry (Pondichéry, en francés), que medía 293 kilómetros cuadrados, pero este fue incluido en la Unión India, de facto, en 1954. Solamente quedó incorporado de iure en l963, cuando el Parlamento de Francia se pronunció sobre estos “establecimientos”.

Sin embargo, larga fue la reticencia de Portugal a independizar sus territorios coloniales en el subcontinente indio, que tenía por nombre «Estado Portugués de la India», con varias colonias en la costa occidental india y otras en el interior del territorio, de las cuales, la mayor era Goa. En total, el territorio portugués en la India medía cerca de cuatro mil kilómetros cuadrados. Tras pedir la India que fueran liberados y Portugal no hacer caso, fueron bloqueados por buen tiempo, pero al cansarse la India de esta situación, puso a sus tropas en zafarrancho de combate y se dio la orden de traspasar las fronteras, y, por suerte, las fuerzas portuguesas se replegaron y fueron ocupados enseguida todos esos territorios, en l961, aunque Portugal nunca reconoció la ocupación, sino hasta después de la llegada a tierras lusitanas de la Revolución de los Claveles, en septiembre de l975.

En ese mismo año, pocos meses antes, en mayo, la India obtuvo la soberanía completa del antiguo Principado de Sikkim, así nombrado, aunque al soberano se le daba el título de “rey”. El principado, el cual estaba enclavado en el norte, entre el entonces reino de Nepal y el reino de Bután, había sido un protectorado británico, que en l947 Gran Bretaña traspasó con igual condición a la India. Ante algunas revueltas antimonárquicas, la India personó un funcionario indio en el territorio, pero el rey se fue oponiendo a esto, y la India tomó el control, asimilando el territorio de Sikkim a su soberanía.

Indira Nehru —su nombre de soltera— se casó con Feroze Gandhi, y a partir de entonces cambió su nombre, como sucede en las naciones de influencia anglo-sajona, principalmente. Desde entonces fue Indira Gandhi, quien llegó a ejercer diferentes ministerios, fue Secretaria General del Partido del Congreso y asumió el cargo de Primera Ministra de la India en dos ocasiones, fue presidenta del Movimiento de Países No Alineados, fiel amiga de Cuba y de la Revolución Cubana.

Pero, ¿por qué digo que este es un libro de singular belleza? Habría que verlo, que fuese tocado por las manos, y observado con ojos inquisidores, que quedarían maravillados. Está totalmente ilustrado de comienzo a fin.

Sus ilustraciones son muy bellas, parecen tocadas por alguna varita mágica y no por pinceles u otros medios de la plástica con diversos colores, aunque sus ilustradores no son hadas, sino son de carne y hueso. En la totalidad de cada una de las cartas incluidas, la acompaña una insospechada ilustración acerca del tema que se trata, hecha a toda página. Sus autores son: Roxana Domínguez Anido e Ibrahim Ámbar.

El diseño de cubierta —ya hablé de la cubierta— e interiores, que es algo en el cual el rigor y el arte se abrazan, se le debe a otro artista: Frank Alejandro.

La edición, que realmente es un trabajo maestro, corresponde a Yaité Luque y Luis Yuseff, y la corrección de los textos a Yailén Campaña Cisneros.

Lo digo otra vez, creo que ha sido un buen equipo editorial.

De la selección de estos trabajos, de las Cartas a mi hija Indira, cabe felicitar a Rodolfo Zamora, pero, también por haber sumado un buen número de otras en el espacio de “Estas otras cartas”. Son varias cartas de Nehru a Indira, «llenas de consejos, de sugerencias, de invitaciones, de desafíos cariñosos», las cuales Zamora buscó y buscó en otros libros, hasta dar con ellas.

Sin embargo, este Zamora intrépido hizo lo que pocos hacen, pues la cantidad de notas aclaratorias que incluyó en el libro, donde explica todas la cosas que refiere Nehru a su hija y que muchos lectores no pueden saber de qué se trata, pues nunca estuvieron dirigidas las cartas a gentes de estas latitudes, como cuestiones propias de la India, otras de la Gran Bretaña, así como otras más, el amigo Zamora lo hizo al detalle, de tal forma que ellas solas son un buen capítulo de este tomo.

Ahora lo que hace falta es que Ediciones La Luz haga una nueva edición, para que llegue a aquellos jóvenes que no han podido adquirir este tomo, entre otros, la nieta de aquella abuela tan interesante.

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