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La FILBo rindió homenaje al Nadaísmo en sus 60 años de poesía

El movimiento poético nadaista ha sido un referente de la poesía colombiana que ha burlado el tiempo y que más allá de las tendencias, se ha mantenido vigente con  poetas como Jotamario Arbeláez. La FILBo le rindió homenaje.

Jotamario Arbeláez conserva como foto de perfil de su WhatsApp la foto en blanco y negro que le tomaron cuando era un veinteañero con el cabello peinado hacia atrás, su mirada coqueta y desafiante y su paso largo y pausado que marcaba el compás del desdén que caracterizaba a todos los nadaistas que desde su poesía y desde actos cotidianos, expresaban su inconformidad frente al sistema tradicional colombiano.

Jotamario Arbeláez.

Los nadaistas usaban la música como medio de denuncia, en una sociedad tan tradicional y fuertemente católica escupían ostias durante la comunión en las iglesias; irrumpían en reuniones religiosas con gases fétidos y cuestionaban todo lo que estuviera dado como absoluto, mediante la poesía y acciones performáticas que expresaban la oposición del nadaísmo al establecimiento y su amor a la libertad. “No dejaremos una fe intacta ni un ídolo en su sitio”, frase que era casi un manifiesto, dice Jotamario Arbeláez.

Ahora, sesenta años más tarde, Arbeláez pareciera no enterarse de sus canas, del cabello que escasea, de las arrugas que le van surcando el rostro. Tiene la misma mirada pícara de más de medio siglo atrás, la misma sonrisa, la misma actitud juvenil y las ganas de seguir leyendo sus poesías.

Durante el homenaje que le hizo la Feria Internacional del Libro de Bogotá al Nadaísmo y a Arbeláez, como uno de sus más destacados exponentes, el poeta comentaba con una sonrisa irónica cómo los nadaistas respiran profundo y sacan pecho, pues  les  hacen homenajes por todas partes; lo que para él, es  sospechoso. Con respecto al homenaje dijo entre risas: “Estábamos ante todo, en contra de los homenajes. A toda persona que homenajeaban la considerábamos un dinosaurio en vía de extinción”.

Precisamente el movimiento nadaista  trató de provocar situaciones disruptivas en oposición al ambiente cultural y académico del país en la década de los ‘60s.

Frente a la pregunta por el futuro del Nadaísmo, Jotamario menciona con sarcasmo: “Si nos descuidamos, nos volveremos un partido político…la única manera de que el nadaísmo viva, es comprando nuestros libros y llevándolos a casa, poniéndoselos a leer a sus hijos, a su cuñada, a su vecina, promulgando el pensamiento”.

Federico Díaz-Granados, poeta y director del Festival de Literatura Las Líneas de su mano, en el que ha participado Jotamario en varias ocasiones, opina sobre su obra y sobre el legado del Nadaismo: “El Nadaísmo se constituyó a finales de la década de los años ’50 ‘60 en una de las más irreverentes propuestas contra el ambiente cultural que imperaba por esos días en Colombia logrando, a través de manifiestos y escándalos,  convertirse en una corriente contracultural en un país conservador y acartonado.  Lograron también sintetizar y convertir en registro nacional, algunas de las experiencias que se agitaban en el mundo en esos días: el movimiento Beatnik en Estados Unidos, la poesía conversacional y narrativa en América Latina y algunos ecos de vanguardias europeas. Por ejemplo Jotamario Arbeláez me parece junto a Jaime Jaramillo Escobar en una de las voces más destacadas de este movimiento sobre todo en poemas donde su conexión con lo americano cobra un sentido rotundo.  Recuerdo, con gratitud, que Jotamario prologó con gran generosidad mi primer volumen de poemas por allá a comienzos de los 90. Desde entonces hemos sostenido una amistad inquebrantable y definitiva donde la admiración y el afecto han sido sus principales puntos cardinales. Me gusta que las novísimas generaciones de poetas colombianos estén releyendo la tradición de su país y encuentren, muchos de ellos, en los nadaístas un referente a los que siempre sentirán contemporáneos”.

Pero en medio de lo disruptivo del movimiento y de su rebeldía, Jotamario Arbeláez se ha mostrado como un pacifista, dejando en la historia de la poesía colombiana una obra imborrable que marca y resume mucha de la historia y de las emociones que le han marcado: Un día después de la guerra:

Un día / después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / te tomaré en mis brazos / un día después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / si después de la guerra tengo brazos / y te haré con amor el amor / un día después de la guerra / si hay guerra si después de la guerra hay un día / si después de la guerra hay amor / y si hay con qué hacer el amor.



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