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Reseña sobre Atar a la Rata y Cuarenta de Esteban Mayorga, el escritor ecuatoriano presente en la FILBo

Reseña sobre Atar a la Rata y Cuarenta de Esteban Mayorga, el escritor ecuatoriano presente en la FILBo


Una breve reseña sobre Atar a la Rata y Cuarenta, las más recientes publicaciones del escritor ecuatoriano Esteban Mayorga, invitado oficial de la FILBO 2018.

Por: Salvador Izquierdo*



Las personas que vivimos y somos del Ecuador, por lo general, sentimos orgullo y preocupación por uno de nuestros principales referentes geográficos: las Islas Galápagos. Perpetuamente ansiamos viajar a ellas como turistas o peregrinos y sufrimos, asimismo, con el prospecto de que el encanto de las Islas Encantadas se vaya a perder definitivamente para transformarse, todas ellas, en espejos de cualquiera de esos pueblos típicos del continente: caóticos, con arquitectura inspirada en la improvisación y la necesidad, problemas de basura y perros sueltos, música tropical a todo volumen en cada esquina, camionetas exageradamente grandes. Un consuelo es que esos temores y esa ilusión han convivido desde que se tiene registro, como bien lo señala Esteban Mayorga, quien escribió su tesis doctoral sobre las representaciones textuales de las Islas Galápagos, desde Fray Tomás de Berlanga hasta libros de colección de nuestros días. Él sostiene que “el paisaje es terriblemente incómodo, agreste, el suelo difícil de transitar pero en los escritos aparece diferente. El espacio es jodido de navegar pero en la literatura de viaje aparece seductor.” Mayorga, que además de académico es autor de una obra narrativa y poética notable y, este año, uno de los escritores invitados oficialmente por la FIL de Bogotá, también confiesa que después de tantos años trabajando alrededor del tema, e incluso acompañando a varios grupos de estudiantes en salidas pedagógicas hacia las Islas, se siente desgastado. Por encima del orgullo y la preocupación, Mayorga está harto de nuestras Islas Galápagos.


Todos estos escritos publicados por Mayorga se parecen en que reproducen, en diferentes formatos y con diferentes telones de fondo, variaciones sobre un mismo lenguaje, claramente identificable como suyo.


Su trabajo académico parecería estar desconectado de sus emprendimientos artísticos, sin embargo, sospecho que hay más de un lugar donde estos intereses topan. Como escritor creativo, Mayorga ha publicado dos libros de relatos, dos novelas y el año pasado incursionó por primera vez en la poesía, con un largo poema dedicado a su hijo que en ese entonces estaba por nacer. Ahora, en marzo, la editorial Turbina ha sacado a la luz un texto corto titulado Cuarenta, que es en realidad un fragmento adaptado de una novela titulada Faribole, que sale en abril de este mismo año bajo el sello del Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Todos estos escritos publicados por Mayorga se parecen en que reproducen, en diferentes formatos y con diferentes telones de fondo, variaciones sobre un mismo lenguaje, claramente identificable como suyo. Este lenguaje posee al menos tres capas que sus lectores debemos aprender a sortear y disfrutar. La primera capa tiene que ver con una aspiración personal de Mayorga por emular a sus ídolos de la alta prosa moderna, escritores finos como Robert Walser, Ramón del Valle Inclán, Ítalo Svevo; pero ésta, recalco, es apenas una aspiración estratégica que utiliza momentáneamente el autor, ya que choca tenazmente en contra de la segunda capa de su propia maniobra: una que convierte al texto en una especie de monstruosidad o abyección, que nos pondrá frente a frente con cosas desagradables, que pronunciará frases cochinas y donde sucederá todo lo contrario a “dorar la píldora”. La tercera capa que yo veo, consiste en un intento de preservación de un vocabulario autóctono y generacional: el de los adolescentes quiteños a partir de los noventa. Los personajes de Mayorga, en este sentido, no manejan automóviles sino bólidos; no ingieren bebidas alcohólicas sino guaspete; cuando tienen que orinar, mean; cuando quieren ignorar algo o a alguien, se hacen los locos nomás; y, cuando algo les sorprende en vez de sorprenderse, como lo haría cualquier otra persona, se preguntan, atónitos: ¿qué chuchas?

A estas tres capas habría que añadir más, porque la literatura de Mayorga es desmedida, abundante, pletórica. A mí se me ocurre que otra posibilidad que ofrece es la de un vínculo con uno de los principales movimientos estéticos de vanguardia de inicios del siglo xx, el Surrealismo, ya que las imágenes que aparecen una y otra vez en los textos de Mayorga sugieren relaciones disímiles entre los objetos y sus cualidades (“jabón podrido”, es el que encuentro ahora, rápidamente, como ejemplo). Es posible que estas imágenes hayan salido de una técnica similar a la de la escritura automática o quizás del inconsciente.

Atar a la Rata es el nombre del largo poema confesional publicado por la Editorial La Caída, basada en la ciudad de Cuenca, en 2017. Significó un quiebre parcial en la trayectoria de Mayorga. Quiebre, porque se trata del primer ejemplo de escritura en verso por parte de este autor; parcial, porque a pesar del cambio de formato insiste en sus intenciones estéticas características. Para mí, es lo más valioso que ha escrito hasta ahora. Goza de un nivel de intensidad y entrega inigualables. La edición es sumamente cuidada, cada frase, aunque tienda a dar la impresión contraria, ha sido medida y pensada. De alguna manera, no hace falta entender este libro meramente como un poema. Es un largo monólogo interior dividido en cuatro partes que relata una vivencia compartida por cuatro personajes que apenas se conocen el uno al otro: un hombre, su esposa, su amante y el hijo nonato que van a tener juntos este hombre y su amante. La situación es desgarradora. El personaje debe resignarse a la idea de que será padre primerizo a la distancia, de que ya ama con una locura y obsesión que no logra entender a quien será su hijo, de que ama, asimismo, con locura y desenfreno a su amante; y que dejará de amar, pero no olvidar del todo, a quien es y fue su esposa. Se confiesa ante ella pero también se pregunta si su hijo sacará algún rasgo suyo. Son páginas deslumbrantes. Y no estaría demás, aquí, forzar una conexión con el tema que Mayorga ha abordado en su trabajo como académico y docente en los Estados Unidos: la escritura en y desde las Islas Galápagos. En este sentido, Atar a la Rata es un libro hermano de Sollozo por Pedro Jara, el gran poema de Efraín Jara Idrovo y uno de los hitos de la literatura ecuatoriana. 

Reseña sobre Atar a la Rata y Cuarenta de Esteban Mayorga, el escritor ecuatoriano presente en la FILBo

Atar a la rata 
Autor: Esteban Mayorga 
Editorial: La Caída 
Páginas: 127

Cuarenta, la novela corta publicada este año en Quito tiene como protagonista a una mujer que está por cumplir los cuarenta años y que narra, en primera persona, los pormenores que surgen a partir de que se entera de la muerte de su padre, un tipo despreciable y lejano que, sin embargo, le ha legado una fortuna. Esta mujer, como muchos de los personajes de Mayorga parece desprovista de sentimentalismo, y al mismo tiempo, es bastante temperamental. No le tiene miedo a la mayoría de cosas que los seres humanos tememos: equivocarse, hacer el ridículo, morir. Es un personaje abúlico que más que un ser representa un estado de las cosas; su único interés, al parecer, son una amiga y la Filosofía. 

Reseña sobre Atar a la Rata y Cuarenta de Esteban Mayorga, el escritor ecuatoriano presente en la FILBo

Cuarenta 
Autor: Esteban Mayorga 
Editorial: Turbina Editorial 
Páginas: 77

El texto tiene que ver, finalmente, si bien de manera breve, con uno de los grandes temas de la literatura: ¿cómo crecer? ¿cómo convertirse en un adulto? La imposibilidad de asumir todo lo que se nos pide que asumamos. Y en este sentido, la trama se resuelve como muchas de las historias de aprendizaje clásicas, ofreciendo una moraleja como respuesta a las preguntas anteriores, y esa moraleja es: deja de imaginar. Para crecer hay que abandonar la imaginación. Es triste. Pero sobre todo, ¿cómo evitar fracasar en el intento, si a cada vuelta de la esquina nos imaginamos e inventamos cosas?

El problema de Cuarenta es su apego a una trama que quita la atención del lenguaje y las entradas filosóficas que su autor es capaz de entregar. Debemos acompañar a la protagonista a que visite a su madrastra, a que converse con su mejor amiga y fatalmente, aparece una pistola en el escenario que, asimismo, se vuelve una herramienta fácil y oportuna para resolver la acción. Debo admitir que tengo fobia al momento en que aparece una pistola, ya sea en una película o en un texto o en una pintura. Supongo que tengo fobia a las pistolas en general, como sospecho, ingenuamente, deberíamos tener todas las personas. En todo caso, la literatura de Mayorga es mucho más que uno de sus elementos. Mucho más que una simple pistola desubicada y violenta. Es rica, desmedida, pletórica. Estoy seguro que durante su visita a Bogotá este mes de abril, ganará lectores.



*Salvador Izquierdo

Docente, escritor y co-fundador de la Editorial Festina Lente. Ha publicado las novelas Una Comunidad Abstracta (2015) y Te Faruru (2016), y la colección de relatos Te Perdono Régimen (2017).

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