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Ministerio de Cultura de Colombia

Un librero es un librero es un librero...


Por: José Luis Díaz-Granados


El libro es la razón de ser de Álvaro Castillo Granada (Bucaramanga, 1969). Ese objeto sagrado, ese estuche de palabras preciosas, es para él un cáliz que guarda a un mismo tiempo belleza, misterio y asombro. Desde ese culto cotidiano e incondicional brotan las palabras, los sueños, los cuentos y las crónicas que a sus 49 años ha decidido convertir también en cofre de sorpresas reveladoras.

Al primero de su autoría lo tituló sencillamente El libro (recuerdos de un lector), el cual publicó en 2004 y al más reciente, Un librero, editado por Random House en este año de gracia de 2018, que en menos de un mes ya va por la segunda edición.

Lo cierto es que Álvaro Castillo, uno de los más prestigiosos libreros del país, se ha hecho acreedor a innumerables lectores en Colombia, en Cuba y en Nuestra América, por sus crónicas siempre seductoras, gracias a su amena y compulsiva narración de inusitados acontecimientos que sabe acompañar de una limpieza lingüística, lo que obliga al lector a sumergirse en su prosa con interés creciente y sin mayor esfuerzo.

En Un librero, el autor nos cuenta varias experiencias personales y en la dimensión de la realidad ficticia que nos seduce desde el primer párrafo. De las decenas que tiene escritos dio a la luz dieciséis textos maravillosos, llenos de situaciones divertidas y extrañas, en donde prima un permanente amor a la Cuba literaria que lo ha bienvenido desde hace más de veinticinco años y en donde se ha tuteado con los más importantes escritores, intelectuales y libreros de esa isla infinita.

¡Cuántas vivencias y cuántos asaltos a la razón hay en este breve y prodigioso libro! Veintidós años para conseguir el tomo que faltaba sobre el Che; la clave de un amor perdido entre las hojas de un libro de Pedro Salinas, todo un cuento como para una razón de amor; un bellísimo homenaje a Shakespeare y a Manuel Mújica Láinez; y otro espléndido homenaje a Barbarito, un librero en nuestra cálida Habana, con fondo de naranjas, Cortázar, Gaitán Durán y Paula Gaitán Moscovici; magia en la mirada de uvas sobre El amante de Lady Chatterley; la foto del azar en el Malecón; el insólito relato de un viejo comunista colombiano en el Chile de los años 40; un colombiano con el mismo apellido de nuestro Álvaro, que luchó por la Independencia de Cuba; un libro sobre Camilo Torres cuando este era un curita dominico de 27 años; unas bellas armas secretas en manos de Calvert Casey; el libro estelar de Héctor Rojas Herazo, cautivo en una cárcel de Valledupar; el poeta y librero Guillermo Martínez González en su memoria; Pimentel, el librero de la mano alzada y el puño cerrado, el atlas del librero sin nombre, la ausencia de Mauricio Contreras y la pequeña crónica sobre el más librero de los libreros de la Plaza de Armas...

Gracias, querido Álvaro, por este libro de libros, este libro de libreros, este libro que revela el alma del libro, este milagro de palabras con el cual borramos las fronteras entre los real y lo ficticio, gracias al oficio tan noble y tan hermoso que has escogido para el júbilo de vivir de millares de lectores.

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