Memoria y literatura: las otras memorias


“El escritor puede caminar a tientas por los puntos ciegos, por esos lugares de nuestra cotidianidad que a pesar de estar llenos de sombras, significan, dan nuevos sentidos al pasado y dibujan otras formas, plásticas, equívocas, necesitadas de la participación y la imaginación del lector, de la memoria”.


Por: Octavio Escobar Giraldo*

El título es suficiente, pero supongo que hay que explicarlo. Es bueno que la literatura, desde el análisis y la subjetividad, desde las experiencias y los efectos, cuente nuestra historia. Abrumados por los hechos que convierten a Colombia en una noticia permanente, cansados de protagonistas recalcitrantes y males sempiternos, quizá parezca que un libro debe proporcionar algo diferente a nuestra realidad, quizá una cierta relajación, una justificación a la supuesta felicidad que las estadísticas nos endosan. Tal vez una historia de amor, una fastuosa fantasía, un largo y placentero fin de semana hecho de páginas soleadas. Y puede y debe hacerlo, pero también puede contar lo que a los medios masivos de comunicación no les interesa, recordarnos que somos diversos, que buscamos el bienestar en nuestras rutinas con la esperanza de que nos asalte la novedad, que la vida no es el titular de prensa, que el debate parlamentario tiene consecuencias en un rincón lejano en el que la luz eléctrica todavía es milagro y el agua se ve cristalina porque baja de piedra en piedra desde la montaña.

“Ficción e historia, entonces, pueden considerarse metáforas de la realidad: una, la historia, luchando por afirmar su principio de verdad; la otra, por imponer su principio de ilusión. En las dos es preciso elegir, reconstruir, imaginar”





Como los relatos llenos de olvidos de los abuelos, como las extrañas invenciones con las que los niños se explican el mundo que apenas conocen, como las imágenes que las cámaras registran en los bordes de las pantallas mientras los protagonistas se pavonean en el centro del rectángulo, convencidos de su valor y su importancia, el escritor puede caminar a tientas por los puntos ciegos, por esos lugares de nuestra cotidianidad que a pesar de estar llenos de sombras, significan, dan nuevos sentidos al pasado y dibujan otras formas, plásticas, equívocas, necesitadas de la participación y la imaginación del lector, de la memoria. Las familias difíciles y tan normales de Prohibido salir a la calle de Consuelo Triviño, Los parientes de Ester de Luis Fayad y El cine era mejor que la vida de Juan Diego Mejía, o esas barranquilleras de Country Club y exilio europeo de Marvel Moreno; las conflictivas gestas individuales de los aventureros –por llamarlos de alguna manera- de Tomás González, los muchachos enfebrecidos de Bomba Camará de Umberto Valverde, borrachos de salsa, o esos costeños exagerados, operáticos, al borde del delirio, de las divertidísimas novelas y cuentos de Ramón Illán Bacca, su Déborah Kruel de incongruentes filiaciones nazis, son tan históricos como los personajes de La ceiba de la memoria de Roberto Burgos Cantor e Historia secreta de Costaguana de Juan Gabriel Vásquez, como los piratas y militares de las novelas de Gonzalo España –incluso aquellos que investigan las calles de Barrancabermeja guiñándole el ojo a Humphrey Bogart-, como los conspiradores de la versión del Bogotazo de Miguel Torres o los guerrilleros de Era como mi sombra de Pilar Lozano, porque todos somos parte de una gran urdimbre, a la que es sano y placentero leer con distintas lentes, con ojos desprejuiciados y gozosos.

En su difundido texto La batalla de las versiones narrativas, Tomás Eloy Martínez escribió: “Ficción e historia, entonces, pueden considerarse metáforas de la realidad: una, la historia, luchando por afirmar su principio de verdad; la otra, por imponer su principio de ilusión. En las dos es preciso elegir, reconstruir, imaginar”. Es lícito, entonces, que los escritores invitemos a los lectores a participar con nosotros en el ejercicio metafórico de la memoria, de las memorias, y que lo aceptemos como una de las múltiples posibilidades de la verdad.


 



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Sobre el autor: *OCTAVIO ESCOBAR GIRALDO.

Escritor. Ganador del Premio Nacional de Novela en el 2016 por su libro Después y antes de Dios, acaba de publicar la novela Mar de leva.

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