Miguel Méndez Camacho: la hilaridad y lo triste

En el marco del Festival Internacional de Literatura las líneas de su mano 11, que se realiza en Bogotá hasta el 7 de septiembre, se rindió un merecido homenaje al poeta, narrador, cronista, profesor y escritor Miguel Méndez Camacho (Cúcuta, 1942). Tanto su obra publicada como su labor cultural han significado un gran aporte para el país. 

En reconocimiento a una vida dedicada a la poesía, la literatura y la cultura, el escritor ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso dedicó el siguiente discurso al poeta colombiano.

Miguel Méndez Camacho. Cortesía: Universidad Externado de Colombia


Miguel Méndez Camacho: la hilaridad y lo triste

Por: Xavier Oquendo Troncoso*

Miguel Méndez Camacho fue un joven en los años sesenta, cuando la poesía venía de la mano de las utopías más frescas y se revelaban como brotes de imágenes que resplandecían. El poeta, nacido en Cúcuta, en 1942, se hizo escritor en esa época donde también se hacía el plan del “hombre nuevo” (como nos ilustra en su obra con el conocido poema “Ernesto”, que comienza diciendo: “Che: no me culpes a mí/ por incumplir la cita de los montes./ Juro que quise ir/ pero no tuve el valor suficiente./ Me dio pavor la selva/ la puntería del hambre/ los mosquitos y los boinas verdes…”
En aquella época la lista sobre el amor era enorme y distinta a las actuales. Se amaban más a las personas que a las mascotas finas, se comían los sueños en lingotes de pasión más reales. Ahora las realidades virtuales son menos comprometidas. Y Miguel fue un hombre de compromisos. Hizo de él un abogado y un periodista y un profesor y un embajador. Y luego la poesía le hizo el resto, lo que le faltaba, el punto que necesitó para luego ser un Decano Cultural, y luego ser un árbol para la poesía. Y luego ser un combatiente de batalla vallejiana. Y luego someter el dolor, la vida, el tema de la muerte, los amigos, el delicado asunto de los recuerdos que son como los cristales en la cueva de nuestra memoria. Nuestro poeta lo dice directamente:

…cerramos los ojos
para palparlo luego en la memoria

La poesía de Miguel Méndez Camacho es, como muchas obras grandes de la creación literaria latinoamericana: amplia desde su sentido versal y estético y condimentada con esa efectiva fuerza y originalidad del Yo efectista, o mejor aún, del nosotros conmovedor, como aquel plural de su bello y fundamental poema “Kampeones” (con K) en el que conmueve:

esa tarde de marzo
cuando fuimos brevemente inmortales.
para apagar la luz
implorando que acabe la vigilia.



Es decir, el querido Miguel sabe certeramente que el estilo de su poesía es él mismo.
Miguel, además, ejerce el papel de patriarca de la poesía cuando ha trabajado enormemente en la gestión. Gran promotor de la cultura. Ha sido editor de los más importantes poetas clásicos y contemporáneos, ha conseguido una de las más bellas colecciones de poesía de Colombia para el mundo: “Un libro por centavos” de la Universidad del Esternado, en donde ejerce el cargo de guardián del templo en el que recoge las hojas de laurel de las mismísimas sienes de Apolo.

La poesía de Méndez Camacho recurre siempre a la experiencia. Nace justo en la epidermis de la memoria y consigue (gracias a sendos recursos hilarantes con brillante narratividad poética e imágenes cinéticas) el poema como un capítulo autobiográfico para entregarse desde la anécdota figurada hasta el explosivo verso de la sabiduría de la soledad y la sapiencia que nace por entre los costados de la experiencia:

Maldices otra vez

Todos sus libros son hechos con el sabor de la verdad sacudida por el imperio sensible de lo que pasó; los instantes se metaforizan, se vuelven recado hiperbólico, nostalgia. Se vuelven alpiste de verso de una paloma imaginaria que se prefigura y luego se vuelve elemento conmovedor.

Sus cuatro libros de poesía -Los golpes ciegos (1968), Poemas de entrecasa (1971),  Instrucciones para la nostalgia (1984) y Memoria de tu cuerpo (2003), fueron reunidos en el volumen bellamente llamado Tristura, publicado en el 2017. Son casi 50 años de su primera publicación poética. Poeta parco y de obra parva, conservada en ese modo irónico, en esa postura de sonrisa que remuerde algún sabor ácido, alguna causa que no reduzca su propio y enorme sentido del humor y su sabia paciencia cultivada desde el hacedor de versos como estalactitas.
Los poemas de Méndez Camacho están hechos bajo una arcilla que se doma sin apresuramiento ni clemencia, hasta que el verso nace bajo la lupa sabia de un moderado Diógenes que busca en la oscuridad su lámpara, y en lugar de ella está el poema.

Este poema es muy definidor. Se llama “Dedicatoria”:

Ando perdido
pero jubiloso.
Confieso que no sé
a dónde voy,
pero la alegría me delata:
todos saben
que vengo de tu cuerpo.

En este texto la voz poética se ve tan definida en su condición: por un lado el sujeto poético nos dice que está “perdido pero jubiloso”. Más tarde, en el texto confiesa que no tiene un camino, pero que su alegría es la que enciende la luz de la verdad, terminando el texto, presentando a la segunda persona: “vengo de tu cuerpo”, nos dice para cerrar esa antítesis con la que trabaja su discurso poético.

Conocí a Miguel hace algunos años en la bella ciudad de Morelia, en México, en un encuentro maravilloso. Fueron los queridísimos poetas Juan Felipe Robledo y Federico Díaz-Granados quienes me lo presentaron. Una vez que lo conocí, el poeta comenzó a recrear la risa y yo a ser partícipe de su basto sentido del humor. La risa es el eje transversal de su “tristura”, de su soledad, de su corazón. Sin que Miguel viva el síndrome del payaso, este es un poeta completo y complejo que ha visto que la poesía es una laguna brillante en noches con luna en donde, tarde o temprano, el corazón de las palabras ajusta a su corazón para que la poesía le/nos salve y le/nos de, para siempre, la cuota de risa y llanto que necesitamos todos los que admiramos su palabra, para ser un poquito más felices leyendo y moviéndonos en pleno terreno fértil de las verdades.
Un grande de la poesía en esta patria del español. El señor Miguel Méndez Camacho, caballero de los versos colombianos. Ni más ni menos.

Quito, 31 de agosto de 2018


 Una vez que lo conocí, el poeta comenzó a recrear la risa y yo a ser partícipe de su basto sentido del humor. La risa es el eje transversal de su “tristura”, de su soledad, de su corazón. 

Xavier Oquendo Troncoso*
Doctor en letras y literatura, con estudios de edición de libros en Madrid. Ha publicado poesía, cuento, literatura infantil y antologías de la lírica joven del Ecuador. Su más reciente libro, Salvados del naufragio, es una recopilación de su poesía de 15 años de trabajo. Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, México, Colombia, Chile y Perú. Ha sido editor de varias revistas de poesía y literatura. Ha dirigido varios talleres literarios de Creación y lectura.



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