El rincón del poeta. La poesía inédita del escritor Enrique Patiño

Foto: Enrique Patiño

1

La ciénaga es un llanto*


Antes,
Se unían allí el agua salada y el agua dulce, dos viejos rivales por fin amistados. 
Antes,
con faroles en mano, atarrayas cosidas y el sabor cerrero del hambre en la boca, a las cuatro de la mañana la recorrían pescadores silenciosos.
Antes, 
la inmensa quietud de la Ciénaga Grande era rota por caimanes, mosquitos e iguanas. En otros tiempos aún amables la habitaron niños barrigones y palafitos endebles.
Antes, 
en casas sobre el agua, como erizos sobre sus espinas, gente adiestrada en el arte de deslizarse en canoas con sigilo dominaba sus aguas.

Antes.

Después, 
saltaron los peces dinamitados.
Después, 
sus cuerpos y nuestros cuerpos flotaron sobre la ciénaga. 
Después,
pescaron seres vivos sin nombre, como los peces. 
Después, 
parcelaron las orillas y poblaron las aguas desecadas de vacas tristes.

Antes,
la ciénaga fue un festín de redes atrapando el viento.
Ahora, 
se rebosa por las lágrimas de las viudas que lloran la barbarie.

En los ojos de un pez, la ciénaga es un enorme llanto.

Foto: Enrique Patiño

2

Crónica de una muerte intrascendente*


Llegó aquejada por dolores intestinales al puesto de salud.
Pidió un turno. No había personal, le dijeron.
Su número en la pantalla apareció distante e inalcanzable.
Se sintió como un gorrión caído de su nido. Mal presagio, se dijo.
La sala estaba atestada de pacientes que proferían insultos y rogaban atención.
El sonido intermitente de las ambulancias y de los pasillos reventados ahogó su ira.

Permaneció absorta en su propio dolor, partida por su agonía.
Alcanzó a distinguir que en ese recinto había luces macilentas,
hedor a clínica, lágrimas, fluidos y tristeza. Algunas camillas con manos descolgadas
y el vaho de la habitual desolación del siglo del fracaso.

No había gentileza en ese mar de cuerpos a la deriva.

Se fue apagando en una silla plástica de respaldo tubular.
Vio borroneados los números de los turnos que no avanzaban.
Ni fuerzas le quedaron para gemir.
Por fin alguien le pidió el carnet de afiliación. No estaba vigente.
––Usted no ha pagado su última cuota. Está en mora con el sistema–– le dijeron.
No respondió.
Su último pensamiento fue justiciero:
Matar el Sistema de Salud. Envenenarlo con fármacos y barbitúricos,
Ahogarlo en compresas y formatos por rellenar.
Enterrar vivo al asesino.

Una última voz la sacudió, pero ya no era de este mundo.
“Que pase el siguiente”.

*Enrique Patiño nos ha concedido el privilegio de publicar por primera vez una muestra de su trabajo poético. 


Sobre Enrique Patiño
Escritor, periodista y fotógrafo colombiano. Ha publicado cuatro novelas: Cuando Clara desapareció(2017), Mariposas verdes (tres ediciones hasta la fecha), Ni un paso atrás (dos ediciones formato bolsillo) y La sed (siete ediciones en formato bolsillo). Director de comunicaciones de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2014 – 2016); editor general y cultural de los diarios El Tiempo El Heraldo, y las revistas UrbanaDiners y Semana, entre otra; colaborador de la revista Libros & Letras. Sus fotografías sobre el país o sobre el agua han sido premiadas en los premios digitales The Bobs y sus crónicas han sido galardonadas, entre otras, por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el premio Semana - Deutsche Welle de Periodismo Ambiental. Redactor en los diarios españoles La Razón y Cinco días. Estudiante de la Maestría en Media Innovation en la universidad NHTV de Breda (Holanda). También ha trabajado en la creación de libros para la Cámara Colombiana del Libro con motivo de la FILBo 30 años (CCL, 2017) y con la FNPI, entre otras. Su novela La sed está en proceso de adaptación para desarrollo cinematográfico.

Instagram: @kikepatino


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