Liliana Colanzi: la editora de los libros extraños y maravillosos

"Editar es una continuación de la experiencia de la lectura, como lo es escribir".

Liliana Colanzi. Foto de Carla McKay

Por: Pablo Concha*

La boliviana Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981), autora hasta la fecha de tres libros de relatos, ha ido perfeccionando el arte de la narrativa breve con cada nueva obra. Su último libro, Nuestro Mundo Muerto, fue uno de los tres finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez en el 2017 y publicado en Colombia por la editorial Laguna Libros. Sus relatos, sin circunscribirse a una categoría o estilo específico, tienen una marcada influencia de autores de géneros no tan populares o respetados en las esferas de la alta cultura como lo son el terror y la ciencia ficción. Podemos sentir entonces el tenue hálito sobrenatural de escritores como H. P. Lovecraft, Philip K. Dick, Stephen King, Denis Johnson, etc., imbuidos en sus páginas.

Lo más interesante es que L. Colanzi no se restringe a un solo tipo de narración o género, sino que transita por ellos según lo demande la historia de un cuento en particular. De esta manera, podemos encontrar relatos como Meteorito (de Nuestro Mundo Muerto), un cuento con elementos sobrenaturales y una atmósfera de terror; Nuestro Mundo Muerto, sobre unos miembros de una expedición en Marte que no han logrado superar las razones y circunstancias que los llevaron a estar ahí. Vacaciones Permanentes (del libro del mismo nombre y que ciertamente podría considerarse como una novela‒de‒relatos), donde una joven rebelde debe afrontar la dura decisión de abortar. Lo único que tienen en común estos cuentos es lo interesantes y bien escritos que están.

En el 2017, Colanzi se estrenó como editora con su proyecto Dum Dum Editora, publicando la novela Eisejuaz de la escritora argentina Sara Gallardo. La siguieron este año Nefando de Mónica Ojeda, Los Cuerpos del Verano de Martín Castagnet y El Color que Cayó del Cielo de H.P. Lovecraft  (traducido por la misma Colanzi).

Libros & Letras sostuvo el siguiente diálogo con Liliana Colanzi. Así que pasen y disfruten.

─¿Es natural que un escritor asuma el rol de editor?
Conozco a varios escritores que a la vez son editores, como Lolita Copacabana y Hernán Vanoli (Momofuku), Giovanna Rivero y Magela Baudoin (Mantis), Diego Zúñiga, Juan Manuel Silva y Luis López Aliaga (Montacerdos), o Damián Tabarovsky (Mardulce), por mencionar solo algunos. Editar es una continuación de la experiencia de la lectura, como lo es escribir.

─¿De dónde nace la idea de crear Dum Dum Editora?
En 2015, mientras pasaba unos meses en Buenos Aires, le conté a Federico Falco sobre un cuento que estaba escribiendo en ese momento y él me dijo que le recordaba a un libro raro de una autora extraña y un poco olvidada. El libro era Eisejuaz, de Sara Gallardo. Ese día lo vi en una librería y lo compré, y no pude parar de leerlo hasta terminarlo, con el deslumbramiento que provocan los libros maravillosos. Quise tener una editorial para publicar Eisejuaz, y fui tan afortunada que lo conseguí. 

─¿Cómo deciden lo que se va a publicar en Dum Dum? ¿Qué tipo de obras buscan?
Publicamos 2-3 libros por año. Este año el tema fue tecnología y ciencia ficción. Sacamos dos novelas que abordan internet pero desde perspectivas muy diversas: Los cuerpos del verano, del argentino Martín Felipe Castagnet, y Nefando, de la ecuatoriana Mónica Ojeda. Y la “yapa” fue una traducción propia de El color que cayó del cielo, uno de los cuentos más emblemáticos de H.P. Lovecraft.

─¿Dum Dum Editora publicará en algún momento una nueva de obra de Liliana Colanzi?
En Bolivia publico con El Cuervo y me siento más cómoda así. No estoy en contra de los autores que se autopublican pero a mí me resulta más divertido hacerme cargo de la obra de otros.

─Hablemos un poco de H.P. Lovecraft y El Color que Cayó del Cielo. ¿Tuvo Lovecraft alguna importancia para ti a la hora de formarte como lectora o escritora? ¿Lo considerarías una influencia?
Ese texto de Lovecraft ha influido en un cuento que acabo de terminar, aunque de manera indirecta. Me fascina la imaginación desaforada de Lovecraft, y si bien yo no podría escribir en su estilo retorcido, su delirio oscuro me resulta muy inspirador.

─H.P. Lovecraft usaba un inglés antiguo, barroco, repleto de adjetivos y repeticiones, un tono solemne; ¿cuál fue el mayor reto o dificultad a la hora de afrontar la labor de traducirlo?
Muchas veces el fraseo de Lovecraft resulta casi ininteligible, es parte de su estilo. Para ver cómo habían resuelto otros traductores algunos párrafos con los que tenía dificultades consulté cuatro traducciones diferentes, y para mi sorpresa, en todas esas traducciones los párrafos problemáticos habían sido eliminados, supongo que para hacer la lectura más fácil. Yo decidí mantenerlos porque incluso esa ininteligibilidad —o lo que otros llamarían “mala escritura”— es parte de la apuesta estética del escritor. Y Lovecraft era muy intransigente en ese sentido. Cuando enviaba sus cuentos a revistas, su única condición era que no se alterase una sola coma del texto.

─Lovecraft tiene una obra extensa, ¿por qué elegiste precisamente El Color que Cayó del Cielo para traducir y no otro texto? ¿Qué tiene esa historia?
Hay otros cuentos suyos mucho más antologados y traducidos, como La llamada de Cthulhu o El horror de Dunwich, pero curiosamente El color que cayó del cielo quedó un poco más en los márgenes, aunque el mismo Lovecraft la consideraba una de sus historias más logradas. Lovecraft estaba harto de que se representara lo alienígena de manera antropormórfica, de manera que concibió la fuerza extraterrestre como un color indescriptible cuyos propósitos y objetivos nos resultan inescrutables. En otras palabras, en este cuento no hay comunicación posible con lo alienígena: solo notamos su presencia por su efecto en el bosque, que empieza a mutar. Este cuento tiene una conexión muy fuerte con la novela Annihilation, de Jeff VanderMeer, que fue llevada al cine este año, y que recomiendo mucho. Tiene escenas de una belleza inquietante. 



─Aunque en Nuestro Mundo Muerto no hay ningún relato que pueda considerarse estrictamente de terror, en el sentido tradicional del género (tal vez con la excepción de “Meteorito”); sí hay personajes que escuchan voces, sienten presencias del más allá, hay algún asesinato, etc., ¿te gusta el terror o te interesa la obra de algún autor de esta naturaleza?
Me gustan mucho Stephen King, Arthur Machen, Mariana Enríquez, y no sé si llamar “eco-horror” a Distancia de Rescatede Samanta Schweblin. Y de toda la vida soy una adicta al cine de terror. La última película de terror que me ha gustado ha sido “Mandy”, de Panos Cosmatos.

─¿Qué retos te ha impuesto, narrativamente hablando, haber estado entre los tres finalistas del premio hispanoamericano de cuento GGM 2017 y tal vez el pertenecer a Bogotá39? ¿Han influido estos hechos en alguna medida en la forma de encarar tu escritura? ¿Ha generado más presión en la tarea de la creación literaria?
Solo espero que mi próximo libro no me tome tanto tiempo como el último (seis años) y que la escritura me permita seguir mutando.

─¿Qué tan codiciado es llegar a la lista de Bogotá39? ¿Es algo con lo que los escritores jóvenes deberían soñar con alcanzar?
Ha sido muy lindo estar en la lista, pero hay que soñar más con el próximo libro y menos con la carrera. Hebe Uhart, gran escritora que murió justo hoy (11 de octubre 2018), decía que “creerse muy escritor hace mal a la función de escritor”. Estoy de acuerdo.

─¿Alguna compra interesante en la FILBO de la que puedas contarnos?
El libro de cuentos Pajarito, de la talentosísima Claudia Ulloa.

─¿Cuál es tu siguiente proyecto? ¿Puedes compartir algo?
Un libro de cuentos. Y no quiero decir más por pura superstición.



*Pablo Concha. 
Escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (El Bando Creativo, 2017).
Síguelo en: 
Twitter: @scarypablo 

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