Reseña del libro Bajo extraños soles, de Carlos Fajardo Fajardo


Por: Eugenia Sánchez Nieto / Poeta

De estación a estación crece tu silencio


El libro de Carlos Fajardo, Bajo extraños soles (Colección Carpe Diem, Asturias, España; 2017, 53 páginas);  inicia con dos epígrafes “Mejor morir sin que nadie/ lamente glorias matinales, lejos/ del verano querido donde conocí dioses.” De Gaitán Durán  y  “El hombre es este instante,/ exilio sin voz para su noche,/ noche en la noche de su viaje…/de Carlos Obregón;  dos poetas viajeros, residentes y muertos en otros países. Los dos epígrafes revelan los caminos de este libro que tiene que ver con el hecho del exilio, del viaje, la distancia frente a la tierra natal, el ser extranjero, extraño en otras tierras; la sensación que se tiene y se revive con algún olor del tiempo ido, de la infancia: “En la punta de sus alas viaja un olor a flores que son la infancia”. Su palabra nos alerta de cierta sensación de orfandad: “Alguien teje el dolor en la rueca del mundo, este ir y venir por los trastos del día”; la nostalgia por los años idos y por la distancia tanto física como espiritual. El alejamiento lo hace melancólico: “¿Dónde quedó tu luz de infancia, las conocidas ciudades?/ A la distancia/ la desvanecida tierra donde reposan tus padres.”
Esta poesía no tiene imágenes rebuscadas, encuentra la palabra justa; su escritura tiene gran capacidad de síntesis y con ella da profundidad a su expresión lírica que tiene que ver con la orfandad del exilio, esa es su principal línea testimonial. Al lado está la soledad, el desasosiego, la pérdida, el vacío, las carencias, el hundimiento: “Te hundes en las ciudades”.

Carlos Fajardo Fajardo, desde su particular forma de ver el exilio no lo encuentra alegre: “Te confundes entre gentes que no amas, seco y duro como fruto de invierno”. Lírica que está en tensión entre el vacío del exilio y la añoranza de lo perdido: su infancia, el amor, su tierra. Podría pensarse que el extravío de la infancia, de su primer amor, es otra forma de exilio.

Algunas de las imágenes que iluminan esta poética son: “palabra llena de deseo en plena oscuridad”. “Luz sin luz que no te pertenece”. “Despojado de tu voz, caminas bajo un cielo fundido.  “Rueca con que tejes ceniza tras ceniza”. Poética que no pretende confundir, donde hay unidad entre la imagen y el pensamiento; que recrea la nostalgia que produce el exilio, el ser extranjero, la soledad, la dificultad de olvidar. Entre más lejos se está, los recuerdos vuelven y son difíciles de erradicar: “Es tan duro olvidar, ah desterrado”.

Frente a la inseguridad y lo desconocido se evoca más vívidamente cierto pasado de la infancia, de los amores perdidos. La memoria se vuelve el pequeño paraíso. Poesía  que no recrea el viaje como placer sino como vacío: “en los cuartos de hotel es el miedo tu cómplice” /“Solo queda el silencio, /horas que se esfuman en una procesión insomne”. Se añora la casa, la tierra; sin embargo, esta soledad de la distancia y extrañeza permite el encuentro con la palabra, consigo mismo: “Ella es tu fortuna / el secreto que guardas, / tu fatal certidumbre”, a la vez que plantea la dificultad de “hallar tu voz entre las voces”.

Paradójicamente en este viaje a tierras lejanas, extrañas, va el poeta al rescate del pasado, de su infancia, su tierra, sus olores, el amor, la amistad;  es un viaje hacía sí mismo buscando encontrar las claves que lo sintonicen consigo y con el reencuentro de su lírica; que le dé sentido a ese presente extraño que aparentemente es frío y distante. 

Título: Bajo extraños soles
Autor: Carlos Fajardo Fajardo
Colección: Carpe Diem, Asturias.
Editorial: Ars Poética

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