María José Caro y el perro de ojos negros que nos acecha

Lo que me queda claro es que más allá del nombre de la protagonista hay un lugar al que siempre vuelvo, y es la infancia.
María José Caro. Foto: Diego Valdivia

Por: Pablo Concha*

La escritora peruana María José Caro (Lima, 1985) describe el dolor, la tristeza, como un perro de  ojos negros, tal cual como se titula su novela publicada en el 2016 por Alfaguara, y que podría leerse como una “expansión” de la canción “Black Eyed Dog” (del disco Time of No Reply, 1987) de Nick Drake. Al menos, este tema forma parte esencial del soundtrack del libro, junto a Damien Rice, Radiohead y otros artistas que escucha Macarena, su protagonista, mientras lucha con esta sensación que le corroe la mente. La analogía del perro de ojos negros es una forma de designar la depresión, enfermedad paralizante que se teje en la familia de Macarena –y que padecía también Nick Drake– y con la que debe lidiar mientras cursa un Máster en Comunicación en Madrid y experimenta un amor intenso y tristemente no correspondido por C.

La autora ya nos había mostrado al personaje de Macarena en su primer obra, el libro de cuentos La primaria (Alfaguara Juvenil, 2012); libro que se transformó el año pasado en ¿Qué tengo de malo? (Alfaguara, 2018) con la adición de más relatos que muestran la vida de Macarena desde los seis años hasta el final de la adolescencia. En Perro de ojos negros nos encontramos entonces a una Macarena adulta, que ha estado viviendo en Europa y regresa al Perú con motivo –en realidad una excusa para escapar un tiempo– de asistir a la boda de su mejor amiga. El problema para ella es que el perro de ojos negros la sigue a todas partes y no la deja en paz.

Los lectores de Colombia –y de otras partes– ya conocieron a Macarena en el relato Árbol de Navidad (incluido también en ¿Qué tengo de malo?), cuento seleccionado para la antología Bogotá39, Jóvenes escritores latinoamericanos (Tragaluz Editores, 2017), publicada en varios países.

─¿Cómo cambió el panorama para ti luego de ser incluida en la lista de Bogotá39?

En realidad las listas nunca hay que tomarlas en serio. Lo mejor de Bogotá39 fue poder conocer en persona a autores que admiro y solamente conocía a través de sus libros, como Samanta Schweblin o Giuseppe Caputo. También descubrir autores nuevos de propuestas muy auténticas como Cristian Romero o Luciana Sousa.

─¿De dónde surge el interés, o la necesidad, de escribir sobre la depresión?

Porque en mi familia hay un historial de depresión y no siempre se manifiesta igual. Tuve una tía con depresión profunda que no abandonó su departamento en 10 años. La depresión tiene muchas caras. Mi intención era también hablar de aquella que se disfraza de apatía y pasa desapercibida como en el caso de la protagonista.

Perro de ojos negros es una historia dentro de una historia, una “ficción” que escribe Macarena para tratar de entender y explicar a otros –y quizá a sí misma– lo que le sucede. ¿La novela siempre tuvo esta estructura?

La novela cambió en el camino. Primero eran dos historias que estaba escribiendo en paralelo. Luego decidí utilizar la historia de los abuelos y la de la de la niñez de la protagonista como catalizador de la escritura del cuento que corta la novela. Partiendo de la base de que hay aspectos de uno mismo que solo se pueden decir y comprender si están escritos.

─El libro, tal vez fiel a la tristeza que describe, tiene un final que algunos lectores podrían considerar como poco esperanzador. ¿Ya habías decidido cómo cerrar la novela, o se dio en la medida en que escribías?

Lo decidí en el proceso. Para mí, escribir siempre es un viaje con pocas certezas. Seguí mi intuición y decidí cerrarlo en el mismo tono de la novela. Es curioso, porque mientras respondo a esta pregunta no me queda del todo clara la respuesta. Han pasado 3 años, pero en muchos sentidos soy otra persona.

─Has escrito bastante sobre Macarena, inicialmente en La primaria, en Perro de ojos negros y ahora en los nuevos relatos de ¿Qué tengo de malo? ¿Sientes que has “terminado” con ella, o podríamos encontrarla en un futuro cuento o novela?

Ahora estoy en medio de un proyecto donde la narradora tiene una voz similar pero un nombre distinto. Es y no es Macarena. Si hablamos de Macarena… en la novela podría parecer el mismo personaje que la Macarena en los cuentos pero tampoco lo es. Su biografía difiere en ciertos puntos, es una suerte de spin off. Lo que me queda claro es que más allá del nombre de la protagonista hay un lugar al que siempre vuelvo, y es la infancia.

─Dicen que no es bueno conocer a tus ídolos literarios, se corre el riesgo de decepcionarse al ver cómo son realmente en persona. El año pasado estuviste con Jonathan Franzen cuando visitó Perú como invitado a la Feria del libro de Lima y pudiste entrevistarlo y compartir con él. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Qué tan importante ha sido Franzen para ti como lectora y escritora?

Me sucedió lo contrario. Conocer a Franzen fue una experiencia genial. Soy admiradora de su trabajo. Desde que leí Libertad (Ediciones Salamandra, 2011) sentí la urgencia de leer toda su obra. Franzen en su escritura es una suerte de drone que hace zoom in, aterriza en las familias y las desentraña por completo. Además, es un ensayista magnífico. Durante su visita a Lima aprendí muchas cosas. Desde cómo funciona el circuito editorial  en Estados Unidos (desde dentro), hasta cómo influye su pasión por el avistamiento de aves en su escritura… Yo misma he cambiado mi manera de mirar a las aves.

─¿Cuáles son los autores que más han influenciado tu narrativa?

Hay varios. También hay películas y series. Podría decir que Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce, John Fante, Carson McCullers, Alice Munro.

─Por favor, recomienda a nuestros lectores más jóvenes algunos libros que creas deberían leer.

De los últimos libros que he disfrutado mucho: Paseando con hombres (Gatopardo Ediciones, 2016) de Ann Beattie, Mandíbula (Editorial Candaya, 2018) de Mónica Ojeda, Algún día este país será mío (Alfaguara, 2018) de Sergio Galarza.



*Pablo Concha
Escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra luz (El banco creativo, 2017)

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