La naturaleza de las cosas. Sobre Mañana tendremos otros nombres, de Patricio Pron

Patricio Pron. Premio Alfaguara de Novela 2019
Foto: Cortesía Penguin Random House Mondadori

Por: Mateo Ortíz Giraldo*

Llegué a Patricio Pron hará unos tres años por recomendación de un librero amigo, mi dealer de libros más acertado y agudo. La sugerencia llegó porque quería leer algo raro, un autor único. Tal vez, al sol de hoy, ese adjetivo no describa mucho o, tal vez nada, a este autor. Se debe a que lo he leído bajo otra mirada, la del lector que encuentra en la incomodidad cierto placer.

Entonces, Pron no es un autor único, es un autor incómodo y que incomoda. Remueve y trastoca con lo que narra. Mañana tendremos otros nombres (Alfaguara, 2019), no es la excepción: es una obra en la que, como él responde en un tuit “el autor puede ir “contra” su propia obra”.

En contra, porque como escritor incómodo que es, se sitúa en una dimensión diferente de su escritura, explora un nuevo molde y se aleja de su generación para narrarla.

No es Pron

No estamos frente al Pron ecléctico de La vida interior de las plantas de interior (Random House, 2013). Sino, frente a un Pron sensible y removido; un autor que cae en la novela de pareja a lo Marías sin lograr ser Marías. Tampoco tendría porqué. El Pron de Mañana tendremos otros nombres, es uno que va, medio a galope, medio rastras, entre el ensayo y la narración escueta.

Tampoco nos topamos con el Pron borgiano de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Random House, 2016): no hay pretensión enciclopédica, ni afán por crear un submundo de autores sin obras a lo Bartebly ni fascistas a lo Bolaño de La literatura nazi en América Latina (Anagrama, 1996). Es un Patricio Pron entregado a su estilo, a su voz y, por tanto, escribiendo para sí mismo; embelesado con el sonido de sus palabras y contento de lograr esa “fascinante autopsia amorosa, que va más allá del amor”, como dice el acta del jurado del premio Alfaguara.

Mucho menos, estamos frente al Pron con ecos de Fogwill (el de los Pichiciegos) que encontramos en Nosotros caminamos en sueños (Random House, 2014), de lejos su mejor obra. Sino, frente a Pron analista, complejizante de las relaciones -digamos, un Bauman argentino- que indaga sobre un núcleo fundamental de la sociedad: la pareja; también, sobre una acción igual de fundamental: la ruptura. Todo, enmarcado en una sociedad de consumo.
Millás, uno de los jurados del premio, aplaude la novela y su “complejo sistema y andamiaje argumental”.

Afirma que es una crítica feroz al capitalismo sin necesidad de mencionarlo directamente. Sugiere otras analogías con carros, navíos y demás vehículos. Y acierta con ello porque, si algo es esta novela, es eso: un medio de transporte para abordar esa “naturaleza de la cosas” que reside en la dualidad literaria de narrar y argumentar.


Los guiños:

En Mañana tendremos otros nombres, hay una cantidad de guiños y sugerencias a otros autores. Es más, me atrevo a afirmar que la novela misma es un “ensayo” escrito por Él (uno de los personajes principales) quien es un autor de textos argumentativos. Simples paranoias, tal vez.

Uno de esos guiños más latentes e inquietantes es el que yace en el seudónimo bajo el que entregó el manuscrito al premio “No soy Stiller”.

Referencia directa a Marx Frisch quien en una novela con ese mismo nombre hace una burla afinadísima a la burguesía sueca; todo rodeado por una prosa sencilla y no por ello extraño.

Pron no es Frisch, pero sí es Stiller y con ello ya gana mucho así cambie y se renueve, se decante por otros estilo y temas...ya logró maravillarme una vez y no habrá reseña que le haga justicia.




MATEO ORTIZ GIRALDO.
Columnista literario. Leedor. Presunto Escribidor. Estudia periodismo y filosofía.

Síguelo en 

Twitter: @plumasinave

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.