Marcelino Freire y la contundencia de los gritos mansos

Marcelino Freire. Foto: lascriticas.com

Por: Juan Camilo Rincón y Natalia Consuegra

El escritor brasilero Marcelino Freire ha venido cinco veces a Colombia y ha pasado, entre otras ciudades, por Barranquilla, invitado al Carnaval de las Artes por sus amigos Alonso Sánchez Baute y Efraím Medina Reyes a quienes, en un acto de reciprocidad, convidó a su Balada Literaria en São Paulo. Este evento, que ya cumple 13 años de existencia, se define en su amor por los libros, los escritores y los artistas; “en un tiempo en que mucha gente no quiere saber de afecto”. Celebrando el verso, la rima, el amor y el respeto por el prójimo, por la amistad y las diferencias, ha sido “una de las fiestas más democráticas del país”.

Habla lo que él denomina “una mezcla de portuñol salvaje”, que ha ido asimilando en sus muchos viajes por toda Latinoamérica y, especialmente en Buenos Aires, donde pasa largas temporadas de vacaciones. Allí lee la prensa local y mucha literatura en español, ve la televisión porteña y así va aprendiendo, sin abandonar nunca su “portugués manso”. Nos aconseja ir a Brasil “antes que se acabe”, y entonces comprendemos de qué lado está: “No bajo la cabeza, sé de qué lado estoy y cuál es mi pelea”.

Al preguntarle sobre su paso del cuento -género en el que ha desarrollado la mayor parte de su producción- a la novela, nos dice que viene de varios libros de cuentos, todos muy cortos y que tienen mucha prisa: “Mis personajes gritan, hacen escándalo, hablan alto, tienen urgencia de hablar; el cuento es el género adecuado para esos gritos. Yo soy sertanejo1 y donde nací hay un tipo de rezo muy rápido que hacen las mujeres: ellas toman los tercios del rosario y hacen letanías. Mis textos son rosarios, letanías, cantos, dolores, lamentaciones, y los voy descubriendo a medida que los escribo; yo voy rezando y voy sabiendo para quién es esta reza, y qué es lo que esta reza está pidiendo”. 

Después de cinco libros de cuentos intentó moverse hacia la novela; al comienzo no le dio resultado, pues no sabía qué hacer con los personajes ni hacia dónde iba la historia: “Entendí que esos gritos que hay en los cuentos no podía sostenerlos en la novela; no podía quedarme gritando durante 40 páginas, porque quien grita mucho, no es escuchado. Hay algo curioso: en mi casa, quien más gritaba y gemía, era mi mamá; entonces para escribir la novela, me acerqué a mi papá: era su silencio el que gritaba. Mi libro grita pero de una forma más calmada, y eso lo hace contundente de alguna manera”. Afirma que ya superó los desafíos de la novela y que sigue intentándolo y queriendo gritar, pero aún hay cuestiones por vencer, especialmente ahora que “llegaron algunos enemigos y es cuando más hay que gritar”.

La situación política de su país se asoma en la conversación y entonces nos dice: “Me preguntaban si ya había venido a Colombia; he venido otras veces, pero esta vez vengo del pasado. Estamos tristes; es un Brasil triste, cabizbajo, que ve a los reaccionarios tomar el poder y tiene que discutir sobre cosas básicas del ser humano: los derechos de los indígenas, de los ancianos, de las mujeres, de los negros. Al mismo tiempo, también es un momento de mucha solidaridad, de unión de fuerzas porque sabemos con quiénes podemos contar para enfrentar esto juntos. Eso nos ha hecho unirnos a quienes coincidimos, con mucha obstinación y voluntad; encontramos aliados muy fuertes en esta pelea, y seguiremos peleando en la Balada Literaria”.

Sobre las numerosas y exitosas adaptaciones de su obra al teatro, confiesa que durante años quiso ser actor pero es muy pudoroso, cosa que no ocurre cuando escribe, y lo hace pensando en teatro, en cómo sería el texto corporeizado en un actor o una actriz. Para el pernambucano, lo que hace extraordinario el arte dramático es su ser solidario pues el actor presta su voz, su tiempo y su cuerpo al personaje; ensaya, dedica tiempo para ofrecer su arte y su trabajo al otro y nunca ve lo que está haciendo, solo si lo graba. “En el teatro aprendí mucho sobre la solidaridad, la comunión, la participación, el afecto; cuando escribo se trata de un gesto solitario, pero la entrega debe ser solidaria, debe pensarse para que llegue al otro, para que sea compartida. Cuando escribo, repito mi texto en voz alta y busco la mejor manera de que llegue al lector; entonces el texto me convence primeramente por el oído, pero también debe estar escrito en todo el cuerpo. Cuando hago ese ejercicio de escritura, siento que debe pasar por el cuerpo, como una especie de electricidad. Tengo que estar involucrado; no es algo que ocurre fuera de mí. Las personas reconocen eso en mis textos: el monólogo, los personajes que se afirman en la voz, en el cuerpo, y por eso es fácil adaptarlos al teatro. Es mi sueño antiguo de actor que vuelve a las tablas”.

Indagamos sobre esa distancia que, más allá del idioma, existe entre Brasil y los demás países de la región; se exalta: “Brasil no se reconoce como latinoamericano y hoy en día es más evidente; no les gusta hablar de indios, de negros; su referente son los Estados Unidos. Además estamos colonizados por la novela; ya no somos un país lector. Yo, en cambio, me siento muy latino, amo la lengua española, me gustan las canciones latinas, estoy muy conectado a Mercedes Sosa, Lila Downs, Chavela Vargas. Me gusta España por su lengua; me gustan García Lorca, Cortázar, García Márquez. Estoy ligado a esa fraternidad y pienso que el arte es el camino para ese encuentro, para el resurgir, para nuestra resignificación”.


Al preguntarle sobre las nuevas letras brasileras, afirma que “la literatura más pulsante actualmente en Brasil es la que se está haciendo en la periferia de las ciudades. Grupos que no tienen mucha publicidad, grupos que organizan fiestas literarias al margen, que se comunican, poetas jóvenes que venden sus obras masivamente en esas fiestas y eventos”.

Ahondamos en una de sus grandes obras, Contos negreiros (Cuentos negreros), libro en el que recopila una serie de cuentos de extraordinaria factura. Nos aclara: “No es un libro negro; es un libro negrero que habla sobre prejuicios, opresores y oprimidos. Es relevante para la discusión sobre las injusticias sociales con el negro, pero también sobre la opresión al género humano en general. Es una especie de mea culpa pues, cuando lo escribí, estaba incómodo con varios temas y quise ponerlos allí. En él incluyo ˋTrabajadores de Brasil´, en el que imagino lo que las entidades negras, los orixás, estarían haciendo en esa época, qué trabajos u ocupaciones estarían desempeñando. ˋEl solar de los príncipes´2 lo escribí porque me incomodaban algunos cineastas que subían al morro3 a hacer películas. No hice un libro de exaltación del negro, de los dolores del negro, de la glorificación de su causa; hablo más bien de los problemas sociales, la hipocresía, el prejuicio, el rechazo, el analfabetismo. Hablo desde un lugar de grito, de dolor, de gemido, pues todos somos opresores y oprimidos. Mi habla se enraíza en el dolor y es ahí donde nace su fuerza”.

Contrario a sus “gritos”, el habla de Marcelino es suave, tranquila e incluso musical. Después de sus eventos en FILBo 2019, se va y nos deja sembrada la curiosidad por su obra, inquieta y vigorosa, que grita reclamando un mundo diferente, más solidario, respetuoso y amoroso.


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1.    Nacido en el sertão (sertón), vasta zona del nordeste del Brasil caracterizada por sus territorios semiáridos, trazos de cultura vaquera y una profundad religiosidad.
2.    Cuento en el que tres negros quieren entrar al apartamento de un blanco rico para grabar su vida y hacer un documental.
3.    En alusión a algunas de las zonas de Río de Janeiro donde se ubican las favelas.
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Marcelino Freire (Brasil, 1967). Escritor; editor de PS:SP, revista de prosa lanzada en mayo de 2003. Es uno de los cuentistas destacado en las antologías Geração 90 (2001) y Os Transgressores (2003), publicadas por Boitempo Editorial. Obra:

  • ·         EraOdito (aforismos, 2ª edição, 2002)
  • ·         Angu de Sangue (cuentos, Ateliê Editorial, 2000)
  • ·         BaléRalé (cuentos, Ateliê Editorial, 2003)
  • ·         Contos Negreiros (cuentos, Editora Record, 2005)
  • ·         Rasif - Mar que Arrebenta (cuentos, Editora Edith, 2008)
  • ·         Amar é crime (cuentos, Editora Edith, 2010)
  • ·         Nossos ossos (novela, Editora Record, 2013)
  • ·         Bagageiro (ensayos, Editora José Olympio, 2018)



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