Los fantasmas de Solange Rodríguez

Hay que evitar los lugares comunes a menos que desees reescribirlos

Solange Rodríguez. Foto de Tyron Maidueña

Por: Pablo Concha*

La primera vez que vi un fantasma (Editorial Candaya, 2018) es una colección de relatos que, aunque tiene su dosis de fantasmas –como bien indica su título–, no se restringe exclusivamente a ese elemento sino que transita también por los campos de la ciencia ficción, el género de lo extraño y el microrrelato. Hago la aclaración por si algunos lectores esperaban encontrar un compendio de narraciones sobre aparecidos; lo cierto es que es interesante que el libro no se dedique únicamente a explorar este tema, ya que la diversidad de historias lo hace más atrayente y ameno de leer.

En “Paladar”, encontramos un matrimonio extranjero de vacaciones en Perú cuyas ganas de probar platos nuevos y sabores exóticos desemboca en algo que no estaba incluido en el paquete turístico. En “Pequeñas mujercitas” una chica va a empacar todos los objetos de la casa de sus padres luego de que estos se muden a un asilo y encuentra unas habitantes peculiares entre las pertenencias de su madre. En “Pistola cargada”, un lector no satisfecho con el desenlace del cuento que lee, “entra” en la narración para cambiar el final de la historia. Hay relatos que indagan en el folklore latinoamericano como El Atanudos y La historia incómoda que nos contó Olivia el día de su cumpleaños”; la idea de asesinar al cónyuge toma un giro inesperado en “Cuento antes de ir a la cama”. En Confeti en el cielo una secta se prepara para recibir el fin del universo.

Como es inusual encontrar libros que traten los géneros del terror, misterio y sci – fi en nuestro continente, es muy satisfactorio “descubrir” nombres como el de Solange Rodríguez, quien al lado de Mariana Enríquez y Samanta Schweblin (por mencionar solo algunas), suenan constantemente precedidos de tanta admiración y entusiasmo.

Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, 1976) no es ninguna novata en este campo de la narrativa de lo extraño y lo fantástico. Ha publicado a la fecha siete libros de relatos –algunos merecedores de importantes reconocimientos literarios en Ecuador, como el premio nacional de cuento Joaquín Gallegos Lara en 2010 con Balas Perdidas–, es docente y subdirectora de la Escuela de Literatura de la Universidad de las Artes en Guayaquil.

Hemos invitado a la escritora a este espacio dedicado a los libros y las letras a responder unas preguntas sobre su obra:

─¿Desde cuándo y cómo surge este interés por la literatura de terror y de lo extraño?

Pues ha sido un proceso que empezó desde mi primer libro de cuentos llamado Tinta sangre, que vio la luz en el año 2000. Nunca consideré que yo era una escritora de cuentos fantásticos, más bien la imaginación terminó yéndose por ahí y yo flui hacia lo que ha terminado siendo mi voz natural. También ha pasado que he reconocido a gente de la misma especie, digamos, y he sentido un cosquilleo, una profunda identificación parecida a lo que siente quien no sabía que tenía un pariente y de pronto lo descubre. Eso lo he sentido cuando he leído a Amparo Dávila, Ana María Shua, a Guadalupe Dueñas. Yo no sabía que tenía hermanas o madres o congéneres. Ya no era yo una sola bruja, tenía un aquelarre.

─En La primera vez que vi un fantasma se mezclan las narraciones largas con cuentos muy cortos, que podríamos denominar microrrelatos. ¿La extensión la intuye antes de empezar a escribir, o cómo se da el proceso en su caso?

Como le pasaba a Cortázar con los conejos en ese cuento de la señorita en París, yo siento que me va a venir un microrrelato. Me pasa con ese género más que con los cuentos. Creo que es porque nacen de experiencias más emocionales. Los cuentos los pienso mucho antes de pasar a escribirlos porque, en la mayoría de los casos, quiero arrancar con una idea lo más completa posible. Los micros a veces solo nacen de imágenes o de frases. También me ha pasado que un microcuento se me alarga porque el personaje desea vivir más, pero en ese caso, no dejo que sea un texto de más allá de cuatro páginas. Yo creo que produzco tres tipos de narraciones, las breves, las medianas, que son esos cuentos que te digo, en ese caso trabajo mucho en el lenguaje, en el ritmo, en ese labrado bonito pero también sonoro, y los otros, los que requieren más trabajo de trama y estructura. Me gustan más los “medianos”, los que tienen brevedad pero también cuentan algo.

─¿Qué hace que una historia de terror tenga éxito?

Pienso que el terror que más me gusta a mí es el terror doble o a varios niveles, dos o tres niveles. Una persona que es espantada por un aparecido mientas cuida a su madre que tiene Alzheimer, no solo te causa terror sino tristeza. Un crítico dijo que sentía que yo hacía un terror triste y puede ser verdad. Sin embargo, tampoco dejo de dar un toquecito de esperanza o de humor. Creo en el terror como una posibilidad de lo humano, pero no creo en él como una condición permanente. Ahora trabajo en una historia llamada El barrio de los muertos, que es sobre la familia de un chico muy frágil que pierde a una hermana adolescente (muere) y entonces el chico, aconsejado por su nana, sale a buscar a su hermana a un barrio donde cree que van a parar las personas que han muerto, que en realidad es un barrio marginal, entonces da con una chica con retraso mental algo parecida a su hermana que trabaja en un prostíbulo y la viste como su hermana y la presenta en la cena con mucha tranquilidad anunciando que su hermana ha vuelto porque él la ha sacado del barrio de los muertos y que no se la ve igual porque la muerte transforma . Creo que ahí tienes humor, uno muy negro; tienes a alguien bienintencionado y también tienes terror, lo que los griegos llamaban phobos, lo que te podría pasar, pero no quieres que te pase.

─¿Qué se debe evitar a toda costa al escribir un cuento de terror o fantástico?

Hay que evitar los lugares comunes a menos que desees reescribirlos. No hay nada más feo que un  cuento de terror con todos los códigos del género que suceden al pie de la letra con la convención. Sábanas para los fantasmas, esputos para los poseídos, maldad para los asesinos, crueldad de parte de los hijos del diablo… es un desafío crear dentro de la herencia del terror y negociar con ella para no salirse del todo y aportar algo diferente. Existen muchos malos cuentos de terror que dejan con la sensación de que uno ha leído algo lamentable.

─¿Por qué cree que no se escribe tanta literatura de terror y ciencia ficción en Suramérica?

Creo que sí se escribe terror pero quienes lo practicamos tenemos el teléfono averiado. No creo que seamos tan pocos, creo que si hacemos un verdadero encuentro internacional nos sorprenderíamos. Antes pasaba que todos los géneros que no fueran realistas eran mal mirados, ¿no? Géneros menores, géneros alienados que nada aportaban al proyecto político de crear ciudadanos modelo para el estado. Había que escribir desde el realismo nacionalista o no se escribía. Eso no impidió que incluso los padres fundacionales de las letras sudamericanas hicieran ejercicios de escritura no mimética y exploraran lo fantástico. En mi país, Juan Montalvo, un escritor leído desde el código del realismo, escribió un aclamado cuento de vampiros a finales del siglo XIX, pero eso no es lo que se muestra o se recuerda de él. Creo que la escritura encuentra su camino y que sobre todo América Latina es un cuento de terror por sí misma, un relato salvaje como se titula la película de Damián Szifron. Qué puede ser más terrorífico que los desaparecidos en las dictaduras; los secuestros realizados por la guerrilla; los asaltos violentos, el sicariato, el feminicidio... no tenemos que imaginar nada, más bien hay que esforzarse por no leer el entorno que nos rodea desde el código del terror y pensar en otras cosas para continuar teniendo esperanza. Con todo esto que te digo siento que le termino dando la razón a García Márquez, pero en muchos países vivimos con miedo.

Creo que la escritura encuentra su camino y que sobre todo América Latina es un cuento de terror por sí misma, un relato salvaje como se titula la película de Damián Szifron

─Ha sido docente por muchos años en Guayaquil, ¿qué tanto se interesan los jóvenes de su país por este tipo de literatura? ¿Habrá muchos que quieran seguir sus pasos?

Pues no lo sé. Noto en los jóvenes del Ecuador interesados en el arte una vocación poética más que cualquier otra cosa, pero leemos de todo y escribimos de todo, también. Yo doy clases de una materia que me gusta mucho llamada Relato. Espero, honestamente, que más de uno  se entusiasme por contar historias ya que analizamos los cuentos como un género muy antiguo con un linaje muy noble.

─Contemplando en retrospectiva su obra, ¿cuál piensa que es su libro de cuentos mejor logrado? ¿Tiene algún favorito?

Me gusta mucho La bondad de los extraños (Cadáver exquisito, Antropófago, 2015), pero obvio, La primera vez que vi un fantasmas ha tenido la proyección que no han alcanzado los libros anteriores gracias a haberse publicado en Candaya, una extraordinaria editorial española  que cuida mucho la calidad de sus autores y que tiene una pareja de editores que se lo juega todo por ellos. Creo que el libro del fantasma tiene un rigor de escritura que solo se puede alcanzar con la edad. Rigor, trabajo y paciencia. Es un libro de terror bastante atípico. En el libro del fantasma hay textos donde el miedo es una metáfora, como en  “Paseo de domingo”, y otros mucho más tradicionales como “El Atanudos,” que es otra versión del cuento de terror que se termina platicando en las fiestas aburridas. Una penación que no sabemos si ha sucedido o no, siempre quedará la sospecha en el lector. Y bueno, también creo que la orfebrería del microrrelato se me da bastante bien. Pronto saldrá en tomo de micro narrativa Levitaciones, por la editorial peruana Micrópilos.

─¿Cuáles son esas autoras a las que vuelve y que más han influenciado su narrativa?

Autoras y autores. Vuelvo cada tanto a Shirley Jackson, a Helena Garro, a un autor ecuatoriano llamado César Dávila. Una va a esos narradores y los destripa buscando cómo es que ha funcionado el movimiento de esos organismos en los relatos.

─¿En qué plataformas online o librerías fuera de Ecuador se pueden conseguir sus libros?

Consto en una antología de literatura fantástica ecuatoriana de venta en Amazon, llamada Utópica penumbra, realmente muy recomendada. Tengo libro de cuentos cortos de descarga gratuita en Scribd, llamado Caja de magia y el libro del fantasma sé que se puede comprar directamente de la web de Candaya. Pronto vendrán más sorpresas en ese sentido.

─¿Libros de cuentos de terror que pueda recomendarnos?

Seres queridos de Vera Giaconi, que no sé si es precisamente de terror, pero podría ser; El estado natural de las cosas de Alejandro Morellón, Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero, Los atacantes de Alberto Chimal, Ellas se están comiendo al gato de Miguel Ángel Manrique, la antología de cuentos en honor a Stephen King: No entren al 1408, una selección hecha por Jorge Luis Cáceres, —hay grandes cuentos ahí, como el de Luciano Lamberti, La canción que cantábamos todos los días y Una noche de invierno es una casa de Cecilia Eudave—, y para finalizar, Mujeres de miedo que cuentan, una antología centroamericana hecha por Linda Báez Lacayo, recién salida del horno y de la que tuve el enormísimo honor de hacer el prólogo.




*Pablo Concha es un escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (El Bando Creativo, 2017). Colabora frecuentemente en Libros & Letras.
Síguelo en @scarypablo

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