Santiago Gamboa: “Tras mi regreso a Colombia me he dedicado a mirar la realidad del país”

Santiago Gamboa. Foto: Chris Mosquera


Por Pablo Concha*

Será larga la noche de Santiago Gamboa (Alfaguara, 2019) es quizá una de las primeras novelas negras ambientadas en la Colombia del posconflicto, con ex combatientes de las FARC como protagonistas y la realidad política y social del país retratada de manera muy fiel. Se trata de un thriller en el que un niño, en una carretera perdida del departamento del Cauca, es el único testigo de un brutal y cinematográfico enfrentamiento con armamento pesado entre dos grupos de individuos desconocidos que deja como resultado varios muertos. Sin embargo, luego de una denuncia anónima en la estación de policía más cercana y su posterior notificación a la fiscalía, nadie en el pueblo más cercano dice haber oído nada. No se encuentran cadáveres ni casquillos de bala ni signos de un combate de semejante envergadura. La malicia de un fiscal en Bogotá, extrañado al recibir información cada vez más contradictoria, y la ayuda de una periodista experimentada y muy recursiva, irán desentrañando un misterio que dejará sorprendido a más de un lector.

Esta novela viene a sumarse al universo narrativo de Santiago Gamboa, el cual inició con Perder es cuestión de método (1997), y ha continuado con importantes libros como El síndrome de Ulises (2005), Necrópolis (2009) y Plegarias nocturnas (2011), por nombrar solo algunas. Hemos invitado al autor bogotano a este espacio dedicado a los libros y las letras a responder unas preguntas sobre su más reciente novela…

−¿Cuál fue el detonante de esta novela?, ¿ cómo surgió la idea?

SG: Tras mi regreso a Colombia, en el 2015, me he dedicado a mirar la realidad del país, tanto en las ciudades como en el mundo rural. El proceso de paz fue una gran ilusión y eso me llevó a viajar mucho por el interior. Recordé mi infancia. Esas carreteras perdidas entre las montañas, el olor del aire cuando cambia la altitud: del páramo a la tierra caliente, a las zonas frías. Y la gente del campo que ha vivido ahí, en esas montañas, viendo el conflicto delante de sus narices y en muchos casos siendo víctima.

−¿Podría haber existido Será larga la noche en una Colombia sin un posconflicto? En este caso, ¿el escenario determina la historia?

SG: Sí, por supuesto. Siempre es así, por lo demás. Cuando vivía en Europa prefería hablar de colombianos viajeros, perdidos por el mundo. Los temas de mis libros tienen que ver con los temas de mi vida, con las cosas que me interesan desde un punto de vista humano, estético y ético.


Será larga la noche no es narrada por la periodista Julieta Lezama ni por el fiscal Jutsiñamuy, sino por un narrador sin nombre a quien Julieta refiere la historia en algún momento del futuro. ¿Qué tan importante es para usted la escogencia del narrador a la hora de escribir una novela?


SG: El narrador es determinante. La distancia entre él y los hechos da una temperatura especial y define la distancia que tendrá el lector con la información que alimenta la trama. Esto, en una novela de investigación, es fundamental. Pero también en otro tipo de novelas. Recordemos a Marlow, el narrador de Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas y en Lord Jim. Es un tipo de narrador que nos cuenta lo que sabe de un hecho que le contaron, con todas las posibles líneas de sombra que esta situación puede tener.


−En algunos momentos de la novela, el miedo pareciera exacerbar el deseo o la libido de Julieta, obligándola a adoptar actitudes temerarias. ¿Qué tan complejo fue crearla?


SG: Julieta fue naciendo en mi imaginación, poco a poco, y luego, al escribirla, se desarrolló de un modo muy natural. Sin cálculos ni excesivo racionalismo. De repente empecé a escuchar su voz, lo mismo que con los demás personajes. Es el modo en que suelo trabajar mis novelas: dejar que los personajes crezcan y comiencen a hablar.


−¿Qué tan grave es, o podría volverse, el tema de las iglesias cristianas en Colombia?

SG: Gravísimo, un problema de seguridad nacional, pues crecen y crecen sin control. Yo diría incluso que hacen metástasis, invadiendo un cuerpo sano, y ponen en jaque a la democracia. Recordemos lo que hicieron en el Plebiscito de 2016: para chantajear al gobierno pidieron a sus feligreses votar por el NO. Y luego, cuando el proceso finalmente se aprobó, salieron a pedir la plata del posconflicto argumentando proyectos espirituales. ¡Son unos sinvergüenzas! Más tarde se aliaron con la ultra derecha enemiga del Acuerdo y ahora tienen miembros en el gobierno y representación en el congreso. Pasaron en 3 años de ser mil a tres mil seiscientas iglesias. Pero ojo: no tengo nada contra las creencias religiosas de la gente, no es eso lo que me parece peligroso. Lo peligroso es el modo en que pastores inmorales se aprovechan de esas personas para obtener dinero y poder político. La catástrofe podría estar muy cerca. Miren el caso de Brasil. Ahí, gracias a las iglesias, subió al poder un fascista que conmemora los golpes de Estado militares y quiere convertir la Amazonía en un centro comercial.



 Los temas de mis libros tienen que ver con los temas de mi vida, con las cosas que me interesan desde un punto de vista humano, estético y ético.


−Esta novela cierra sus páginas con una nota desconcertante, algo triste. ¿Es esta una manera de hacer alusión a, o de reflejar la situación actual del país? 

SG: Por todo lo anterior, Colombia está de nuevo en la cuerda floja. El acontecimiento más importante de su historia reciente, el proceso de paz, está en estado grave, pues quienes hicieron política en su contra hoy están en el poder. La sociedad civil debe reaccionar, cuidar lo que hemos obtenido.

−Para los lectores que no hayan leído novela negra o no sepan nada del género, ¿qué obras les recomendaría leer?

SG: Rosario Tijeras de Jorge Franco, Su casa es mi casa de Antonio García, Akelarre de Mario Mendoza.




*Pablo Concha
Escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (2017) y colaborador literario en Libros & Letras. 

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