El diablo, cómplice de Andújar en su nueva novela

Carolina Andújar. Foto: Cortesía Peguin Random House


“El diablo es un personaje de suma utilidad en la ficción para mí”


Por Pablo Concha*

En la pasada Feria Internacional del Libro de Cali (Colombia), la escritora Carolina Andújar presentó su más reciente obra, la novela C.A.L.I. (Caos, apariencias, lujuria, infierno, Random House, 2019), que se aleja un poco del género por el que ha sido conocida hasta la fecha. Vampyr (2009), Vajda, príncipe inmortal (2012) y El Despertar de la Sirena (2016) podrían enmarcarse en el género de la fantasía oscura o gótica, mientras que C.A.L.I. es un thriller urbano. En él, Lucifer vive en Cali, en un penthouse de la avenida sexta, y contempla con regocijo los devenires de una serie de personajes cuyas vidas de una u otra manera han sido tocadas por él. Narrado con humor negro y lleno de una mordaz crítica a la sociedad caleña, la novela sigue las vidas entrecruzadas de numerosos personajes mientras enfrentan el día a día con esa influencia macabra a su alrededor.

Hemos invitado a la escritora a este espacio dedicado a los libros y las letras para hablar de su obra. 

–¿Cómo surge la idea de esta novela?

CA: Estaba quedándome en Cali donde mi abuela cuando la escribí. En ese espacio nos reuníamos en las noches mi hermana Isabel, mi primo Federico y yo a escribir juntos y leernos. Así que en gran parte la escribí para entretenerlos a ellos dos. El ambiente al que estuve expuesta durante esos meses marcó el tono de la novela: no estaba en mi entorno artístico y apacible habitual sino en uno caótico e invasivo en el que era imposible escapar tanto del bullicio exterior como de la algarabía intrafamiliar. Fue un retrato de Cali mucho más auténtico que aquel que yo misma me habría provisto, porque en otras circunstancias y en un ámbito privado habría podido crear mi propia realidad como de costumbre, y de ese modo habría logrado continuar evadiendo lo que siempre me ha disgustado de la colombianidad. No habría tenido que coexistir con la autodenominada "gente de bien", ni me habría visto forzada a escuchar su recalcitrante discurso clasista, sexista, racista y vacuo a diario. 

C.A.L.I. es su sexta novela. ¿Por qué tuvieron que transcurrir tantos libros para que se decidiera a narrar una historia ambientada en su ciudad natal?

CA: Las circunstancias lo quisieron así. No habría podido escribir otro tipo de libro en ese momento preciso en que la realidad era ineludible. Observar de forma tan cercana lo que siempre procuré hacer a un lado hizo que experimentara un gran deseo de criticarlo con humor. Eso suele solazarme y divertirme. Le da un propósito a la adversidad. Deja uno de ser un testigo pasivo y se convierte en una especie de juglar. También me pareció un buen ejercicio creativo tomar un descanso de la novela gótica europea y darle rienda suelta al humor negro por medio de diálogos contemporáneos cómicos y sencillos en un marco latinoamericano y urbano. Escribir un libro ligero y fácil de leer que invitara a reír y a reflexionar en privado.

C.A.L.I. se ha comercializado como un thriller, pero se siente más como una sátira de la sociedad colombiana, en particular la caleña, ¿cómo lo ve usted?

CA: Creo que es ambas cosas, pero estoy de acuerdo en que su aspecto satírico tiene aún más relevancia que el del crimen. El segundo es el vehículo del primero. El realismo mágico también es un componente importante de ese misterio, por lo cual tampoco es un thriller convencional.

–En C.A.L.I. vemos a la figura oscura por excelencia de Lucifer, pero en lugar de producir terror o espanto, sus apariciones son narradas con mucho humor negro e ironía, aligerando un tanto el tono de lo que hace. ¿Por qué opta por este acercamiento al personaje?

CA: El diablo es un personaje de suma utilidad en la ficción para mí. Es un arquetipo rico en aspectos explotables para el narrador que nunca deja de impactar al lector. A mí me encanta incluirlo en mi obra y siempre me da risa aunque lo utilice para asustar a quien lee, seguramente porque me deleito anticipando el efecto que tendrá. En este caso, quise que fuera cómico en su aspecto más cercano al del dios griego Pan o al de Heyoka, la figura mitológica bromista de los nativos norteamericanos Lakota, porque ese es el tono del libro. En C.A.L.I. el diablo no es peor que los personajes con quienes juega, solo facilita la conservación del status quo de la ciudad. Al fin y al cabo, el diablo es un símbolo por medio del cual el ser humano busca justificar su proceder. Su virtud oculta es mostrarnos quiénes somos en realidad.

–Es posible que usted sea la primera escritora en referirse a Cali como “la sucursal del infierno”, una ciudad que puede desde sus entrañas “comprender a Lucifer”. ¿Cómo llega a esta conclusión?

CA: Estoy convencida de que hay millones de personas que también ven nuestros estereotipos culturales con gran desazón. Quizás nadie antes haya hecho público este juego de palabras exacto con el apelativo de Cali, pero estoy segura de que no soy la primera persona que no se empecina en ver su ciudad natal con ese romanticismo autoimpuesto. Cali fue la cuidad más violenta del mundo durante muchos años consecutivos, y desde esa perspectiva llamarla "infernal" es casi realista. Sigue siendo una ciudad mafiosa, agresiva, caótica, desigual y superficial. A algunos no nos basta con que nos muestren fotos de chontaduros y de La Ermita para sentir nostalgia. Creer que selectos símbolos regionales pueden construir una identidad local positiva es bastante ingenuo. Para mí, lo bueno de Cali está marcado por la disidencia cultural, tribus urbanas que le brindan diversidad y aspectos colectivos e individuales que no suelen ser exaltados. Es una ciudad bonita e interesante en lo que me concierne. Aun así, me sigue pareciendo una ciudad difícil en la que múltiples violencias se presienten detrás de lo bello. Creo que si el diablo existiera, estaría satisfecho con Cali. También con el resto del mundo por otras razones, por supuesto, pero hablamos hoy de esta urbe en especial.

C.A.L.I. nos presenta una pluralidad de personajes, voces e historias y, sin embargo, es una novela relativamente corta (166 páginas). ¿Desde el inicio sabía que iba a ser así? ¿Qué determina para usted la extensión de un libro?

CA: Supe que sería corta desde el comienzo. De allí también la sencillez del lenguaje empleado y que la trama no fuera en exceso compleja. Me gustan mucho las obras cómicas cortas. La idea de extender un libro por capricho no hace parte de mi visión creativa. Creo que en las primeras diez páginas uno ya tiene una idea bastante clara de la extensión ideal de la obra según el estilo, el ritmo y los personajes con los que está trabajando. El género también es decisivo para mí. Me cuesta escribir novelas góticas cortas. Una comedia urbana, sin embargo, es mejor si es breve, pienso yo.


En C.A.L.I. el diablo no es peor que los personajes con quienes juega, solo facilita la conservación del status quo de la ciudad. Al fin y al cabo, el diablo es un símbolo por medio del cual el ser humano busca justificar su proceder.


–¿Cuáles son los autores/as que más han influenciado su narrativa?

CA: Supongo que los libros que más emociones nos suscitan son aquellos que suelen permanecer con nosotros a través del tiempo. Los autores cómicos que más he disfrutado son Tom Robbins y Chuck Palahniuk. También mi hermana Isabel Andújar. Ojalá pudiera llamarlos influencia. El lector debe ser quien juzgue estas cosas. A veces uno mismo no sabe a qué se parece su obra.

–¿Cuáles son los libros de terror o fantasía que fueron imprescindibles en su formación como escritora?

CA: De nuevo, ojalá pudiera llamarlos influencia. Los que más he disfrutado son Stephen King, Tom Robbins, Bram Stoker. De allí a que haya aprendido algo de ellos... ojalá.



 *PABLO CONCHA
Escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (2017) y colaborador literario en Libros & Letras.

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