Entrevista a Guillermo Arriaga sobre su novela Salvar el fuego

Guillermo Arriaga. Foto: Libros & Letras

Guillermo Arriaga, ganador del Premio Alfaguara 2020 con Salvar el fuego, habló con Libros y Letras sobre los recovecos de su nueva obra. Alejado de la investigación como recurso y, más bien, valiéndose de la riqueza de su propia vida y de su imaginación, el mexicano nos entrega una novela que explora la profundidad de la prisión como tribu, del amor como rescate, de la fuerza humana como poder de la naturaleza. Siempre conectado con la literatura colombiana, Arriaga pone de manifiesto que, “Si Álvaro Mutis habría escrito una gran crónica de su estancia en Lecumberri, él haría su Reclusorio Oriente reloaded". 

Aquí, una aproximación a su novela, que ya se encuentra en las librerías colombianas.

Por: Juan Camilo Rincón*

- ¿Ha tenido contacto con la comunidad carcelaria desde su rol como creador?

A lo largo de mi vida he conocido a gente que ha pasado temporadas en la cárcel, entre ellas Álvaro Mutis, a quien vi en su casa varias veces. Crecí en barrio bravo y ahí pude encontrarme con varios malandrines que me contaron sus experiencias. No hago investigación y evito a toda costa que alguien me hable del tema del que escribo mientras tecleo la novela. No he conocido el interior de cárceles en México (aunque, de adolescente, varias veces pasé frente a Santa Marta Acatitla, donde se encuentra la cárcel de mujeres y un reclusorio varonil). En Estados Unidos, en la búsqueda de locaciones, sí visite tanto prisiones vacías como activas. Aclarado esto, no me puse en contacto con reos mientras escribía la novela y, de hecho, evité hacerlo para no contaminarla. Prefiero que jueguen mi experiencia de vida y mi imaginación que el recurso de la investigación. Si, por casualidad me topaba con alguien que hablaba sobre el tema, bienvenido. Jamás aceptarlo de manera premeditada.

- ¿Por qué en Salvar el fuego recurrió a tres narradores y tres tiempos diferentes?

No lo decidí yo; lo decidió la novela. El proceso de escribir no es tan racional o consciente como pueda pensarse. Se puede poner todo el rigor y la disciplina posible, pero no hay manera de controlar la obra. Si así fuera, todos escribiríamos obras maestras a voluntad, o al menos libros que fueran best sellers. La historia exigió ser contada desde estos narradores y estos tiempos diferentes. Agregué supuestos textos escritos por reos en un taller literario carcelario. Todos son inventados y el mayor halago que me han hecho, es que varios periodistas pensaron que sí habían sido en verdad escritos por reclusos.  

- ¿Por qué el recurso del padre estricto es tan efectivo para contar una historia?

No sé si necesariamente el recurso de un padre estricto sea más o menos efectivo para contar la historia. En El Salvaje conté la de un padre muy amoroso y su muerte pesó y funcionó para la historia. Aquí, sin saber de su existencia previa, se me apareció el personaje de Ceferino Huiztlic, un indígena que proviene de la miseria más abyecta y que, con una devoción absoluta por el conocimiento, se reinventa a sí mismo y se convierte en un intelectual de gran peso en los círculos políticos que reivindica el papel de las culturas nativas en el México contemporáneo. Una fuerza de la naturaleza que inclina el país hacia valores indispensables, pero que en su casa es un maltratador resentido que abusa física y verbalmente de su esposa y sus hijos. Ceferino, como fuerza natural que era, se impuso solo en mi novela. 

- ¿Cuál es la relación de México con la muerte?, ¿por qué, en ciertos contextos, los muertos son más sagrados e importantes que los vivos?

Es un lugar común decir que en México hay una relación con la muerte. Hay una tradición indígena, más folklórica que real, el día de muertos, pero esto no ha permeado el conjunto de la sociedad. Hay autores que incluso, jamás mencionan la muerte en sus textos. Lo que sí hay, como en varios países de América Latina o de Europa, en algunos momentos históricos, una desigualdad social y económica que propulsa la violencia y que amplios sectores de la sociedad, desesperados por la falta de oportunidades, se alineen con el crimen organizado, legal o ilegal (no olvidemos a los nazis en Alemania, quizás el país más violento que ha existido en los últimos cien años, o las matanzas de civiles en España durante la guerra republicana, escudados ambos bandos en la lógica de su ideología). Colombia ha pasado también por momentos de violencia extrema. Así que creo que lo de la relación de México con la muerte ha entrado ya al pantanoso terreno del cliché y no de lo que ocurre realmente con la cultura nacional. 

- ¿Usted se introduce en la piel de otros hombres y mujeres para construir los personajes, o estos nacen, de alguna manera, de usted mismo? 

Creo, que como decía Flaubert: “Madame Bovary soy yo”, lo mismo sucede con mis personajes. Detonan su existencia del fondo de mi inconsciente y están armados con mi experiencia de vida y mi imaginación. 

- ¿Por qué para los latinoamericanos es tan común narrar la corrupción como algo arraigado y esencial?

No creo que esté arraigado en los escritores latinoamericanos, hay algunos que en sus obras ni las tocan. Mi predecesor en el Premio Alfaguara, mi querido Patricio Pron, toca otras temáticas. Lo que sí está arraigado en nuestros países, desafortunadamente, es la visualización de la política como saqueo de las arcas públicas. Asqueroso. 


Creo, que como decía Flaubert: “Madame Bovary soy yo”,
lo mismo sucede con mis personajes.
Detonan su existencia del fondo de mi inconsciente y
están armados con mi experiencia de vida y mi imaginación. 



*Juan Camilo Rincón. Periodista y Escritor. Autor de libros como Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia (2014, Libros & Letras) 


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