Un café en Buenos Aires con Carolina Silbergleit, librera de Mandrágora Libros&Cultura



Los libros fueron siempre mi mundo

Por: Pablo Di Marco* / Argentina

Buenos Aires es inabarcable para sentirla propia. Por lo tanto, se vuelve inevitable sentir el deseo de armar una Buenos Aires nuestra, afín a lo que nos pertenece y conmueve. Una ciudad conformada por calles, pasajes, rincones, bares y librerías. Y si hablo de mis librerías, pienso en Mandrágora. Hay algo —¿mística, tal vez?— en esa casona de muros tapizados de libros, en la calidez de sus libreros, en las mesas de su pequeño bar, que convoca a quedarse y a regresar, a juntarse con amigos. Y fue justamente en una de esas mesas que me senté una tarde de invierno a charlar con Carolina de cómo se hace para levantar una librería con alma de refugio. 

—Vos trabajabas de antropóloga, y Juan, tu esposo, tenía una consultora de medio ambiente. Y un día decidieron soltar amarras, renunciaron a todo, y abrieron su propia librería. 

CS: Así es. 

—Contame ese viaje.

CS: Creo que son esas cosas de la vida que, si se piensan demasiado, no se realizan. Lo cierto es que, por un lado, el sueño de la librería estaba presente desde hacía años y años, pero por una cosa o por otra lo íbamos posponiendo. Y, por otra parte, se nos empezó a hacer cada vez más difícil seguir sosteniendo proyectos que no nos representaban, y que entraban en contradicción con nuestra forma de ver y pensar el mundo.

—Le agregaste al viaje una dosis de bienvenido e indispensable idealismo.

CS: Sí, soy un poco idealista, y preciso encontrarle sentido a lo que hago. Lo autogestivo se nos imponía como una forma de vida; el proyecto propio, en que nuestros ideales coincidieran un poco más con nuestro hacer cotidiano. Y los libros fueron siempre nuestro mundo. No tuvimos muchas dudas. A pesar de lo arriesgado que suena, siempre supimos que sería una librería.  Y sucedió lo que a veces pasa: se alinearon los planetas para que los deseos se transformen en realidad. 

—Habrá sido todo un momento la vez que se encontraron con la casona de la calle Vera. ¿O habrá sido ella quien los encontró a ustedes? Porque Mandrágora sos vos y Juan, pero es innegable que esa casona aporta su alma.

CS: Definitivamente. La casona tiene alma y tiene historia. Fue entrar y saber que era EL lugar. Nosotros la elegimos, y ella nos eligió. No lo dudamos, sabíamos que Mandrágora era, es, esta casa. Y sucedió algo muy extraño. Pedro, el hombre que vivía en la casa, y que la construyó, falleció unos meses antes de que nos encontráramos con ella. Y más o menos al mismo tiempo, moría el papá de Juan. Se generó un vínculo muy lindo con los hijos de Pedro, que aún se mantiene, tanto así que nos dejaron muchos libros y objetos de su papá: sostienen que si le hubiéramos propuesto en vida transformar la casa en una librería, no sólo habría aceptado feliz, sino que habría elegido el nombre Mandrágora. En fin, muchos de los libros que nos dejaron eran los mismos que estaban en la biblioteca del papá de Juan… 

—¿Sabés algo? Yo estoy seguro de que las bibliotecas conversan entre sí. Es solo cuestión de estar atento para percibirlo. Así que, más allá de lo fantástico de la historia, no me sorprende saber que las bibliotecas de Pedro y Juan hayan conversado entre ellas. 

CS: Claro. Y también nos gusta pensar que desde algún lado ellos dos están conversando, leyendo y, haciendo, juntos que Mandrágora sea este espacio un poco mágico, un poco místico. 

—Hablemos un poco sobre tu día a día en Mandrágora: los libros parecieran infinitos y el espacio disponible es limitado. ¿Cómo mantenés el equilibrio entre los libros que te gustan y los que el mercado te exige, entre los clásicos y las novedades?

CS: Para ser honesta: elegimos los libros que nos gustan, aquellos que leímos o los que tenemos ganas de leer (¡siendo conscientes, obviamente, de que es imposible leer todo!). Confiamos en una lógica de trabajo que no está regida necesariamente por lo que impone el mercado de manera masiva. Sabemos que hay un público que tiene otras búsquedas, y ese es el público con el que trabajamos. Hay algunas premisas que atraviesan nuestra selección de libros: la librería tiene una perspectiva feminista, y apostamos a la circulación de literatura producida de manera independiente. Decimos, desde la pizarra que da la bienvenida a la librería, que “leer transforma”. Tenemos la convicción de que esto es así y, sin juzgar estilos o elecciones literarias, aportamos a la promoción de la lectura a sabiendas de que es un hecho político e ideológico. De todos modos, ¡son muchos los libros que nos gustan! Porque, además, todo el tiempo se descubren nuevas lecturas, aparecen textos nuevos o que no conocíamos aún. Tengo que confesar que con el paso del tiempo el catálogo de la librería comenzó a crecer, y nos encontramos ahora con el desafío de mantener el fino equilibrio entre seguir conociendo el material con el que trabajamos (y continuar eligiendo lo que nos gusta), y sumar nuevos libros, y nuevo público lector. Además, otra confesión…


Confiamos en una lógica de trabajo que no está regida
necesariamente por lo que impone el mercado de manera masiva.
Sabemos que hay un público que tiene otras búsquedas,
y ese es el público con el que trabajamos



—Adelante, nadie nos escucha.

CS: No se trata solamente de seleccionar para el catálogo, sino de mantener la librería ordenada. ¡Eso es lo más difícil! Más libros hermosos elegimos, más cajas que llegan para cargar en el sistema y ordenar. Tarea que nunca, nunca se acaba.

—Mandrágora es más que una librería. Es también un bar, y un centro cultural en el que se presentan libros, se dan cursos, talleres, hay un Club del libro… En suma, Mandrágora es un punto de encuentro de lectores, amigos y vecinos de Villa Crespo. Imagino que ya habrás visto formarse varias amistades y amores.

CS: Ja, sí, definitivamente. No solo vemos formarse nuevas amistades y amores, sino también somos testigos de aquellos vínculos que se terminan. Además, el vínculo lector–librero implica, muchas veces, charlas sobre literatura y sobre la vida, compartir reflexiones, alegrías y tristezas. Entonces, no sólo somos testigos de nuevos vínculos, sino que también nosotros tenemos nuevas amistades. Es lo más lindo, te diría, de nuestra tarea. 

—Un librero no solo debe tratar con sus clientes, también debe tratar con una especie muy particular: los escritores. Hablemos un poco de eso. ¿Son los escritores una especie tan sensible, egocéntrica e insegura como cuenta el mito?

CS: Bueno, tengo que decir que antes que librera, que antropóloga, que madre o amiga, soy lectora. La lectura fue mi refugio siempre, y lo sigue siendo. Así es que admiro profundamente a la gente que escribe, y me resulta difícil criticarla. Dicho esto, debo admitir también que el mundo de quienes escriben es diverso, y variado. ¡Por suerte! Sí, hay gente egocéntrica e insegura. Pero también hay grandes escritores que son amables y de perfil bajo…

—Ya que estamos, te voy a contar un secreto. Cada vez que entro a una librería me viene una tentación: ubicar a mis libros en un lugar más visible. Claro que nunca lo hice por miedo a que el librero me descubra, sería un papelón. Así que la pregunta es: ¿Alguna vez viste a algún escritor reacomodar su libro con disimulo?

CS: ¡Muchas veces! Pero no voy a dar nombres.

—Deberé sobornarte con algún chocolate.

CS: Pero debo decir que no solamente los escritores lo hacen, también los editores. Y las familiares de los escritores. ¡Y sus amigos!

—Así es imposible mantener una librería ordenada, jaja.

CS: Pero también hay escritores que ven su libro expuesto y lo agradecen, ¡hay que decirlo todo!

—Vamos con la Sección Respuestas Breves: A través de estos años, ¿cuál es el libro más vendido de Mandrágora?

CS: Te digo dos: Sinceramente de Cristina Fernández, y Las Malas de Camila Sosa Villada

—¿Cuál es el libro de cuentos que más solés recomendar?

CS: Un libro de cuentos que recomendamos mucho, porque cumple con las características de estar excelentemente escrito y que gusta a un público amplio es El sol mueve la sombra de las cosas quietas de Alejandra Kamiya (Editorial Bajolaluna).

—¿Y cuál es la novela que más recomendás?

CS: Creo que una de las novelas que más recomendamos en el último tiempo es Claus y Lucas de Agota Cristoff. De todos modos, aunque hay libros que sé que pueden gustarle a personas muy diversas, me gusta recomendar conociendo el perfil de quien va a leer. 

—¿En la presentación de qué libro Mandrágora estalló de asistentes?

CS: ¿Puedo cambiar la pregunta y responder cuál es la actividad que más estalla de asistentes?

—Dale.

CS: Los clubes de lectura, en sus diversas propuestas y modalidades, son una marca registrada de la librería, y están teniendo una respuesta y convocatoria del público lector tal, que nos sorprende y nos da mucha alegría. 

—¿Qué autor te encantaría que presente su próximo libro en Mandrágora?

CS: Tengo varios: Alessandro Baricco, Amelie Nothomb, Paul Preciado

—Buen equipo esos tres. Vamos con la última, Carolina, seguro ya la conocés. Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. ¿Quién sería?

CS: ¡Qué difícil! Ya sé: invito a quienes me gustaría que presenten su libro acá, y aprovecho para preguntarles si aceptan la invitación. Y aún mejor: ¡también les propongo si quieren dictar algún taller, también!

—Esa es una gran idea. Es más, yo creo que Baricco adoraría dar un taller en Mandrágora. Hasta se me ocurre un gran tema: Bibliotecas mágicas que conversan entre sí. Andá anotándome, por favor.



¿Querés conocer Mandrágora Libros y Cultura? La dirección es Vera 1096 (a metros de Juan B. Justo), barrio de Villa Crespo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Y también podés seguirlos en Instagram en @mandragora.librosycultura



*Pablo Hernán Di Marco.  Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor, entre otras novelas Las horas derramadasTríptico del desamparo. Colaborador literario de la revista Libros & Letras 

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