Kintsugi o la ruptura y reconstrucción de la familia


Kintsugi (Himpar editores, 2020) es una obra difícil de definir o de situar en alguna categoría. Tiene su origen en dos cuentos del anterior libro de la autora, Lugar (Ediciones de la Lumbre, 2017), y está a su vez formado por pequeños capítulos o relatos protagonizados por los mismos personajes durante varias décadas. 


Por: Pablo Concha*

No podríamos decir que es un libro de cuentos per se, ya que, si no se lee en el orden que tiene, es probable que no se comprenda, pero tampoco se trata de una novela en el sentido tradicional, pues, entre otras cosas, la voz del narrador va mutando y cambiando –a veces incluso saltando en el tiempo– con cada capítulo/cuento. Aunque esa voz narrativa posee una cualidad de consonancia, hay variaciones en su tono dependiendo de quién sea el protagonista y, sobra decirlo, en las novelas tradicionales esto no suele suceder. El tono mesurado, la progresión emocional y psicológica de los personajes, y el rumbo que toman sus vidas, es lo que hace que el lector devore Kintsugi en muy poco tiempo. El tema central del libro es la inmensa complejidad de una familia y lo incapaces que somos de comprenderla o alterar el devenir de su historia. Aquí, el inexplicable abandono de un padre a su familia y el somero contacto que aun así intenta mantener con su hijo mayor –tan solo un niño en el momento de la partida del progenitor– es el detonante de estas historias que en ocasiones intersectan sus rumbos y, en otras, se alejan irremediablemente. El nivel de artesanía de la autora, quizás muy similar a la de los maestros japonenses encargados de recomponer las piezas de cerámica rotas con resina de oro (arte conocido como Kintsugi), es admirable.

Hemos invitado a María José Navia, autora también de la novela Sant (Incubarte Editores, 2010) y de los libros de cuentos Instrucciones para ser feliz (Sudaquia Editores, 2015) y el ya mencionado Lugar, a este espacio dedicado a los libros y las letras a responder unas preguntas sobre su obra:

─¿Qué existió primero para usted: el término japonés referente a reparar piezas de cerámica rotas, o la idea de la novela-de-relatos?

La idea de la novela en relatos. Me encantan las colecciones de cuentos conectados, y, en mi cabeza, esta “novela” es un poco eso. Yo empecé a escribir cuentos a partir de los personajes de Rebajas (una de las historias de mi libro anterior, Lugar), un poco por curiosidad, y de ahí se fue armando esta pequeña galaxia. Mientras escribía, tenía muy presentes dos colecciones de cuentos conectados muy importantes para mí: Olive Kitteridge  de Elizabeth Strout y A visit from the goon squad (El tiempo es un canalla, Editorial Minúscula, 2011) de Jennifer Egan. Luego, ya en la etapa de edición, leí un libro de ese estilo, más reciente, Fight no more de Lydia Millet, y fue valiosísimo para hacer los últimos ajustes. El término llegó un poco de casualidad. Mi marido me comentó un día lo que significaba y me dijo: “Creo que podría ser el título de algo tuyo”. Y ahí quedó la sugerencia por un buen tiempo. Hasta que llegó el momento de ponerle el título a este libro y fue perfecto cómo calzó todo el puzzle.

Kintsugi tiene su génesis en el cuento “Rebajas”, incluido en su libro Lugar; ¿hay algún otro de sus relatos que quisiera o piense expandir en el futuro?

El libro de cuentos que estoy escribiendo ahora (Una música futura, publicado por editorial Kindberg a principios de este año), retoma a uno de los personajes de Instrucciones para ser feliz, y que luego fue incluido en Lugar: Marlon, un niño que aparece en el cuento “Afuera”. En ese relato lo vemos del otro lado de la pantalla, haciendo tareas, mientras su madre trabaja de empleada doméstica/niñera en Nueva York. En lo que estoy escribiendo ahora hay un relato que toma a ese niño cuando es un poquito más grande. También hay otro cuento que vuelve sobre Ema, uno de los personajes de Kintsugi.

─La versión de “Rebajas” incluida en Kintsugi tiene unas sutiles variaciones respecto a la versión de Lugar (el cambio de algún adjetivo, la modificación del trabajo que hacía Marce, en la primera versión Sofi veía en la tele Peppa y ahora ve Bob Esponja, la unión de párrafos que antes estaban separados, etc.). ¿A qué obedecen esos cambios? ¿Es usted de esos escritores que modifican y cambian cosas en cada nueva edición de sus libros?

Los cambios fueron revisiones de algunas cosas que ya no me gustaban o que tuve que ajustar ahora que iba a seguir a estos personajes unos años más allá. Pasaba que, si los niños estaban viendo Peppa, el último cuento iba a ocurrir muy adelante en el futuro y se me escapaba un poco de lo que quería contar. Creo que es un poco temprano para determinar qué tipo de escritora soy. Por lo pronto, creo que mis juegos serán hacia adelante: incluir personajes, que ya habían aparecido antes, en mis libros por venir. Por lo menos por ahora me estoy divirtiendo mucho con eso.

─Hay otro cuento de Lugar que hace una aparición en Kintsugi, y es “En caso de emergencia”. ¿Cuándo lo escribió para Lugar sabía ya que Sofía, la protagonista, era la misma Sofi de “Rebajas” ya adulta y viviendo en Washington, o fue algo que “surgió” al armar Kintsugi?

Ya sabía. Pasó que Kintsugi, o los cuentos que luego conformaron Kintsugi, los empecé a escribir casi al mismo tiempo que los de Lugar. Entonces luego quise probar cómo quedaba si usaba uno de esos cuentos allí: si los lectores se daban cuenta, si gustaba la coincidencia, si ese cuento por sí solo funcionaba. Fue, además, el primer cuento que escribí sobre el futuro de los personajes de Rebajas. Así que lo saqué a dar una vuelta de prueba (como los autos, ja) en Lugar.

─¿Cómo se dio esa evolución o “maduración” de los personajes, cómo decidió qué contar de sus vidas y qué dejar a la imaginación del lector?

Va a sonar horrible esto, pero seguí mi propia curiosidad. Fui escribiendo lo que yo quería saber y tal vez por eso hay más cuentos o capítulos dedicados a los personajes femeninos (que eran los que yo quería conocer en más detalle). Luego fui mostrándole el manuscrito con todos los cuentos a mis lectores de siempre (tres o cuatro personas que tienen la paciencia de leerme, y en múltiples versiones, cada vez que escribo algo), luego a mi editora, y ahí fui ajustando algunas cosas tomando en cuenta sus opiniones y sus curiosidades.


 ─Kintsugi fue publicado originalmente en Chile por editorial Kindberg en 2019. ¿Cómo fue el proceso de esta versión de la mano de Himpar editores?

La verdad, la versión es la misma. Como se trata de un libro ya publicado en Chile, y no de un manuscrito inédito, no hubo mayor trabajo de edición o cambios a la historia. Sí hay un trabajo de diseño distinto, ya que Himpar hace un juego muy hermoso y muy interesante con sus portadas y las imágenes que incluye dentro de los libros. Incluso el colofón tiene un guiño al momento que estamos viviendo. Estoy muy feliz de publicar con ellos y de tener la posibilidad de que mis libros lleguen a lectores colombianos.

−Debido a la pandemia por la COVID–19, se han cancelado la mayoría de ferias del libro y eventos literarios. ¿Cómo ve usted esta convivencia virtual? ¿Puede sobrevivir la literatura en estos espacios virtuales?

Creo que la virtualidad ha abierto nuevos espacios para el libro y nuevas formas de conectar a autores y lectores. Por supuesto que no reemplaza la interacción en vivo entre autores y lectores (poder conversar, firmar libros, etc.), pero quiero quedarme con el lado positivo. Si bien no puedo viajar a Colombia (y, de hecho, este libro iba a presentarse en la Feria del Libro de Bogotá, algo que me ilusionaba mucho), sí voy a poder presentar la novela virtualmente, en un evento que será anunciado pronto, e incluso participaré en unas clases en la universidad. Agradezco esas posibilidades.

─¿Veremos algún otro de sus libros en una nueva versión?

Hasta el momento, lo único que tengo claro es la publicación de mi libro más reciente, Una música futura, en España a comienzos del próximo año. También se está traduciendo Kintsugi al inglés. Fuera de eso,  están los sueños, claro: me encantaría ver alguno de mis libros publicado en editoriales independientes de otros países (como Bolivia, Argentina, México, etc.) o que los tradujeran a otros idiomas. Pero, de nuevo, están pasando cosas muy lindas con mis libros y quiero concentrarme en eso. Es una felicidad muy grande para mí.

 ─¿Cuáles podrías decir que son los escritores que más han influenciado tu narrativa?

Tal vez mi respuesta a tu pregunta va a sonar un poco rara. Mi escritor favorito es Rodrigo Fresán, son sus libros a los que vuelvo siempre, como lectora/fan y como académica, y son libros que nunca agotan ni se agotan. Lo que está haciendo él ahora con su trilogía me parece un monumento a todo lo que hay de maravilloso en la literatura, y estoy esperando esa tercera parte (La Parte Recordada), con ansias. Es además, probablemente, el mejor lector que conozco: admiro enormemente su erudición, su generosidad para reseñar y escribir sobre los libros de otros. Dicho esto, él no ha sido muy influyente en mi narrativa (o tal vez en mis reseñas, sí, por cierto), pero ha sido fundamental para mí como escritora y lectora. Son sus libros los que me dan las ganas para seguir escribiendo. Pero mis influencias vienen dadas más bien por grandes cuentistas y novelistas en inglés como Grace Paley, Shirley Jackson, Mavis Gallant, Alice Munro, Joy Williams, Edith Pearlman, Jennifer Egan, Lydia Davis, Lydia Millet, Megan Mayhew Bergman, Karen y Aimee Bender, y Claire Vaye Watkins.

─Por favor, recomiéndanos algunos libros.
Todo Fresán (o, bueno, empiecen por Historia Argentina y ahí siguen el camino amarillo), le tengo también un gran amor a la literatura boliviana contemporánea (y de ahí les recomiendo Los Afectos de Rodrigo Hasbún, La desaparición del paisaje de Maximiliano Barrientos, Nuestro mundo muerto de Liliana Colanzi, Para comerte mejor de Giovanna Rivero, Norte de Edmundo Paz Soldán), El buen soldado de Ford Madox Ford (hay una traducción reciente en Sexto Piso), Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, La Señora Dalloway de Virginia Woolf, Visión Binocular de Edith Pearlman o los Collected Stories de Mavis Gallant, Umami de Laia Jufresa, Años Luz de James Salter, El cielo de los animales de David James Poissant, y creo que podría seguir la lista por siempre...

 

*Pablo Concha es un escritor colombiano, autor del libro de cuentos Otra Luz y colaborador literario en Libros & Letras y otros medios culturales.

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