La consagración del terror con "Nuestra parte de noche"


Por Pablo Concha*

La escritora argentina Mariana Enríquez, autora de Los peligros de fumar en la cama (2009), Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y Este es el mar (2017), no solo logró la consagración cuando a finales de 2019 recibió el prestigioso premio Herralde de novela por su libro Nuestra parte de noche, sino que, igual o incluso más importante que este hecho, es que se le concedió semejante galardón a una novela de terror, algo que hasta la fecha no había sucedido.

Aunque existen algunas excepciones en el mundo literario (el Pullitzer de ficción a La carretera de Cormac McCarthy en 2007), las obras de género suelen estar excluidas de los galardones más importantes de la literatura. Basta revisar las listas de ganadores de los últimos diez o veinte años para confirmar este dato.

Nuestra parte de noche es una novela épica de terror que, contra todo pronóstico, salió vencedora unánime de este reconocimiento que en años anteriores ha premiado a escritores de la talla de Roberto Bolaño con Los detectives salvajes (1998), Antonio Ungar (Tres ataúdes blancos, 2010) y Guadalupe Nettel (Después del invierno, 2014), por nombrar algunos.

En Nuestra parte de noche, una sociedad secreta, La Orden, contacta con un ser que llaman La Oscuridad, en busca de la vida eterna mediante atroces rituales. El médium que hace posible este contacto está enfermo, agonizante, y no quiere que su hijo pequeño siga sus pasos y sea consumido por La Orden para conseguir sus objetivos.

 A raíz de la publicación en Colombia de esta obra, invitamos a la autora argentina a este espacio dedicado a los libros y las letras a responder unas preguntas sobre la creación de Nuestra parte de noche y lo que pueden esperar los lectores sobre futuros proyectos.


−  Hace algunos años, cuando escribió el cuento “La casa de Adela” (incluido en el libro Las cosas que perdimos en el fuego), ¿supo o tuvo la intuición de que este formaba, o formaría parte, de una historia más grande?

- Mariana Enríquez: No, en absoluto. La historia era independiente, un cuento inspirado en las leyendas urbanas de casas embrujadas y niñas desaparecidas; un cuento también sobre el efecto traumático de las desapariciones en una sociedad como la argentina, representando en el cuerpo de Adela que también es misterioso, porque se ignora el origen de su mutilación. Pero no tenía pensado continuarlo, ni retomarlo ni volver a usarlo.

− “La casa de Adela” cambia mucho al ingresar en Nuestra parte de noche. La narradora desaparece, se incluye a Gaspar, etcétera. ¿Cómo debería leerse ese cuento hoy en día?

ME: Sí, es otro cuento y la niña también es otra. Respeté los nombres y la casa porque me pareció interesante y evidente la continuidad. Lo que realmente necesitaba era la casa, esa casa que es diferente por dentro y por fuera y se come a la gente. En la novela, las casas son importantes como espacios de representación. En la segunda parte, necesitaba esa casa misteriosa. Y la trasladé. Pero con la casa vino la niña y de repente ella ingresó en la trama y tenía toda la lógica del mundo: su mutilación, por ejemplo, se explicaba en la lógica de la novela, cuyos protagonistas “sectarios” adoran a un dios informe que, justamente, mutila, ésa es su marca. Para mí también fue extraño; esas cosas pasan en la literatura, hay vasos comunicantes que el propio actor desconoce, en su ficción. Hoy ese cuento… Es difícil para mí decir cómo debe ser leído. Para mí siguen siendo independientes, pero los lectores pueden tener una opinión distinta e igual de válida.

− Hay algunos elementos del libro en los que no se profundiza, pero que sin embargo son importantes dentro de la historia, como por ejemplo las veces que se llevó a cabo El Rito, lo que hacía Juan en la casa de la calle Villarreal, lo que sucedía después de El Ceremonial con los Iniciados, o quiénes o de dónde salían esos Iniciados. ¿Cómo hizo para elegir qué mostrar y qué dejar por fuera? ¿En algún momento podremos conocer de alguna manera más detalles sobre estos elementos que no se incluyeron?

ME: No, lo que quedó afuera, que es bastante a pesar de ser una novela tan larga, está contado en elipsis para que permanezca en el misterio. Hay zonas que no ilumino: creo que ya hay muchas iluminadas y que esos segmentos ausentes son fáciles de reconstruir con la imaginación. Me gusta la participación de los lectores, la especulación e incluso el desconcierto. No sé si lo elegí tanto como que la propia historia me llevaba a dejarlos en las sombras: ciertos episodios, cuando los contaba, sonaban recargados e innecesarios. Un poco es mi incapacidad, sin duda, pero decidí no forzar aquello que no fluía cuando era contado.

− Una pregunta curiosa: antes de que Juan entre al primer Ceremonial mostrado en el libro, se dice: “Estaba listo para la corona de sombras”. ¿Es ese un guiño a la novela gráfica Locke & Key?

ME: No, aunque me encanta Locke & Key, soy muy fan del cómic. Es más bien un guiño a la corona de flores de la reina de Mayo en la tradición pagana europea, que luego retoma como título de su novela Javier Calvo, en Corona de Flores. Reemplacé flores por sombras.

− Stephen King dijo una vez, refiriéndose a El gran dios Pan de Arthur Machen: “Tarde o temprano todo escritor que quiera constituirse seriamente debe intentar abordar su temática: esa realidad es delgada, y la realidad verdadera que hay más allá es un abismo infinito lleno de monstruos”. ¿Cree que Nuestra parte de noche pueda incluirse en esta tradición?

ME: Los escritores de lo liminal, Machen, Aickman, Harrison, son de mis favoritos. El pasaje a la otra realidad, la idea del umbral, es algo muy presente en la novela y esos autores fueron mi influencia. Además, sobre todo Aickman y Machen, son escritores que parten en general del realismo y luego desordenan la realidad, los sentidos. A eso apuntaba, pero con largo aliento.


Me gusta la participación de los lectores, la especulación e incluso el desconcierto.


− Usted ha mencionado la influencia de Casas sin Puertas y Perdidos de Peter Straub en Nuestra parte de noche. Straub, a pesar de ser uno de los autores más impresionantes de la narrativa contemporánea de terror, no es muy conocido ni leído en Latinoamérica. ¿A qué cree que se debe esto? ¿Por qué le gusta tanto?

ME: Creo que no fue bien difundido y además es un autor de género demasiado “culto” para algunos, pero no lo suficientemente literario para otros. Me gusta porque es un escritor elegante que no renuncia a desbaratar tópicos y aun así mantenerse dentro del género, además de que es un estilista magnífico. Su idea sobre lo fantasmal como trauma es central para mí, como trauma y regreso inexorable, más allá de la cuestión sobrenatural.

− “El Otro Lugar” me trajo reminiscencias del mundo de Roland en La Torre Oscura de Stephen King. ¿Podría ser este un espacio al que usted vuelva en otras historias, quizá con otros personajes o formas?

ME: ¿Podés creer que nunca leí La Torre Oscura? El lugar está armado “visualmente” con imágenes del pintor Alfred Kubin –es un homenaje obvio, también fue escritor y tiene una novela que se llama así, es todo bastante poco conocido, pero está traducido– y algo de Böcklin. La idea de pasaje, sin embargo, de puertas que se abren a otro lugar, es una mezcla de Harrison, Clive Barker en The Hellbound Heart y hasta Cortázar, que en algunos cuentos suele escribir sobre mundos que se encuentran en este mundo, pero no pertenecen a este mundo.

Nuestra parte de noche termina con lo que quizás podría tomarse o considerarse como una promesa de continuar. ¿Qué tan real es la posibilidad de saber más sobre este mundo en futuros relatos o novelas?

ME: No, termina ahí donde termina. La idea era que Gaspar se reencontrara con su identidad, la novela siempre fue su viaje. Y se reencuentra. Qué haga de aquí en más con eso ya es un problema de él, no mío. Nunca digas nunca: quizá alguna vez reaparezca, así como pasó con la incursión de Adela, no planeada, pero no está entre lo que quiero hacer.

− Sé que quizás sea muy pronto para preguntar esto pero, ¿qué puede contarnos sobre sus próximos proyectos?

ME: No estoy escribiendo actualmente, solo no ficción. Estoy escribiendo un libro sobre Suede y ampliando Alguien camina sobre tu tumba, mis crónicas de viajes a cementerios. Pero la pandemia creo que anuló mi imaginación por un tiempo. Demasiado estrés y demasiada realidad.

− Por favor, recomiéndenos novelas de terror en español que los amantes de este género (y lectores en general) deberían leer.

ME: Voy a recomendar novelas y cuentos. Nefando de Mónica Ojeda. Los cuentos de Emilio Bueso (especialmente Ahora intenta dormir) y Pilar Pedraza. La piel fría de Albert Sánchez Piñol. La maestra rural de Luciano Lamberti. Distancia de rescate de Samantha Schweblin. El mal menor de Charlie Feiling. Los cuentos de Bernardo Esquinca


Foto Mariana Enríquez por Anagrama.


*Pablo Concha es un escritor colombiano, autor de los libros de cuentos de terror Otra Luz y La piel de las pesadillas y colaborador literario en Libros & Letras y otros medios culturales.

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