Jésica Gorosito: “Gané no sentirme un bicho raro”


Un café en Buenos Aires con Jésica Gorosito, creadora de la comunidad lectora Lectodependiente

Por: Pablo Hernán Di Marco* / Argentina 

El furor de los booktagrammers es tan grande que por momentos se vuelve abrumador. Sin embargo, algunos de ellos, en base a un trabajo dedicado, han logrado destacarse y lograr una personalidad definida. Jésica Gorosito y sus seguidores conforman una comunidad lectora curiosa y exigente para quienes recomendar una novela es solo el primer escalón de infinidad de actividades, entre ellas un muy activo Club de lectura. Para analizar todo lo que rodea a Lectodependiente nos encontramos con Jésica una soleada tarde de octubre. Y entre cafés e inevitables intercambios de libros, comenzamos a conversar.    

—Contame, Jésica: ¿cómo nace Lectodependiente?

JG: Lectodependiente nace de mi necesidad de llevar registro de mis lecturas, y a la vez compartir algunas de ellas a modo de reseña. En mi cuenta personal subía cuestiones relacionadas a la literatura, pero sentía que abrumaba, por lo que me pareció bien armar un espacio exclusivo para los libros.

—¿Por qué creés que las cuentas que recomiendan libros hallaron su espacio en un red social orientada a la imagen como Instagram y no a una orientada a la palabra como Facebook?

JG: Siento que todo va evolucionando y cambiando. En el caso de las redes, mucho público de Facebook migró a Instagram, y ahí permanece. Uno se adapta a esas cuestiones. Particularmente Instagram me resulta amigable en cuanto a sus funciones, y la imagen que acompaña al texto le da un plus. Es más atractiva a la hora de mostrar.

—Tiempo atrás eras “tan solo” una apasionada de la lectura que le recomendaba libros a sus amigos. Hoy estás al frente de una cuenta de Instagram con miles de seguidores. ¿Qué ganaste y qué perdiste de esos primeros tiempos a hoy?

JG: Gané haber descubierto autores, editoriales, títulos increíbles, y amigos con los que hablar de mil cosas (pero sobretodo de literatura). Gané no sentirme un bicho raro. Gané la cercanía con autores, poder charlar o debatir mediante mensajes o comentarios, la buena onda de muchos, como vos, por ejemplo. Gané haber sido convocada como jurado en un concurso de reseñas, lo que fue una experiencia hermosa que trae detrás la confianza en mi criterio lector, que significa muchísimo para mí. Gané el nacimiento de un Club de lectura que amo cada día más, que editoriales, autores y suscripciones literarias me envíen sus libros para leer. ¡Y sobre todo gané los mejores seguidores que existen! Son siempre tan buena onda y son los culpables de que siga dando lo mejor de mí en la cuenta.

—¿Y qué perdiste?

JG: Lo que perdí es espacio, jaja. Si antes los libros estaban presentes en mi vida, ahora mucho más, y se nota, más en un departamento pequeño, pero hasta a esa pérdida de espacio la celebro. Ahora me pasa que cuando termino una lectura puedo elegir la siguiente entre varias opciones posibles y eso es un privilegio enorme que agradezco muchísimo.

—Antes dijiste algo que me llamó la atención: “Gané no sentirme un bicho raro”. Es un sentimiento frecuente. Son muchos los lectores que en algún momento de su vida ocultaron su amor a los libros para no ser vistos justamente como “bichos raros”. Lo mismo a veces les pasa a quienes comienzan a escribir: prefieren ocultarlo para no ser tildados de presuntuosos, o quién sabe qué.

JG: Es tal cual, Pablo.

—Las editoriales suelen enviarte presentes y versiones lujosas de sus mejores publicaciones. ¿En algún momento sentiste que esas atenciones te quitaban independencia a la hora de opinar con libertad sobre esos libros?

JG: En un principio sí, sentía que al recién arrancar no podía negarme y tenía que decir que sí a todo, pero en un momento me dije que no era ese el espíritu de la cuenta, así que ahora aclaro que en historias muestro y agradezco todo, pero que para saber si un libro me gusta como para reseñarlo lo tengo que leer primero.


—¿Por qué creés que hay tan pocos bookstagrammers hombres?

JG: Es una pregunta que también me hago seguido. No sólo bookstagrammers, sino también consumidores del contenido. Si mal no recuerdo, solamente un 25/30% del total son hombres. ¡Vengan, que los esperamos con buenas lecturas!

—¿No creés que los bookstagramemrs le dan demasiada importancia a la cantidad de libros que leen al año? Como si estuviesen todo el tiempo apurados, sin espacio para la pausa y la reflexión.

JG: Puede ser, pero no lo veo como algo malo mientras sirva para promover la lectura. Si ya se convierte en algo tedioso o se toma como obligación pierde la cualidad más importante, para mí, que es placer y disfrute de tan bella actividad.

—Hay algo que noté no en Lectodependiente pero si en otras cuentas. Hay muchos posteos de bookstagrammers que tienen, en mayor parte, comentarios de bookstagrammers. ¿No hay algo de endogamia en eso? ¿O es tan solo un modo de apoyarse?

JG: En algunos casos siento que sí, tal vez por haber formado amistad o algún tipo de vínculo. También la realidad es que los algoritmos de Instagram no siempre funcionan bien y los comentarios, aunque sólo sean por buena onda, ayudan a generar visibilidad.

—Antes mencionaste el Club de lectura de Lectodependiente. Hablame de eso.

JG: Amo cuando me preguntan por el Club de lectura porque se dio todo de una forma inimaginable. A Belu (@beliteraria en instragram) la conocí después de que ganara un sorteo que organicé a principios de año.

—Te interrumpo un segundo. Justo ayer vi en tu cuenta de instagram una conversación preciosa que tuviste con Belu, en la que analizaron al detalle y durante una hora uno de los libros de cuentos de Alejandra Kamiya. Perdón, seguí contándome del Club de lectura.

JG: ¡Qué bueno que la hayas disfrutado! La cuestión es que me junté con Belu para entregarle el premio y merendamos juntas. Nos seguíamos porque ambas hacemos reseñas, pero no habíamos hablado demasiado hasta ese entonces. Era la primera vez que ambas nos juntábamos con alguien de la comunidad bookstagrammer. De entrada vi que estábamos leyendo el mismo libro, así que…

—¿Me contás qué libro era? Mi curiosidad lectora no me perdonará no hacerte esta pregunta.

JG: Jaja, te entiendo en un 100%. Era Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez. Así que arrancamos charlando de eso y, entre limonadas, no paramos de hablar. Me pasó que sentí un flechazo de amistad, de pensar “me gustaría que seamos amigas”. Y al final de ese encuentro nos despedimos con la idea de empezar un Club de lectura juntas. Conseguimos lugar físico para llevar a cabo los encuentros, teníamos todo planeado, pero la pandemia no lo permitió, así que nos amoldamos a los nuevos tiempos: elegimos un libro por mes y lo debatimos en un vivo de Instagram. Estamos pensando en sumar otra plataforma que sea más interactiva y tenemos un montón de ideas a futuro. A todo esto, nunca nos volvimos a ver presencialmente, pero ya llevamos tres clubes y una amistad que se sigue afianzando.

—¿Hasta acá qué libros leyeron en el Club?

JG: El  primero fue La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Alexiévich, el segundo Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez, y el tercero Antártida de Klaire Keegan.

—No leí ninguno de los tres, así que ya mismo tomo nota. ¿Cuáles son los próximos proyectos que tenés en relación a Lectodependiente?

JG: Este año me había puesto una meta de seguidores que ya la superé. Puede que me digan que no es más que un número pero, no hay que negarlo, sirve para dar mayor visibilidad a lo que hago. Todos los sábados armo una trivia: Lectonario, donde doy una palabra y cuatro posibles definiciones. Y los participantes deben elegir la que consideren correcta. Son palabras inusuales que saco de mis lecturas y también colaboraciones de mis seguidores, que ven alguna palabra rara y me la envían. Es de mis momentos favoritos de la semana porque me divierto un montón con los mensajes y ocurrencias, y me encuentro con muchas demostraciones de afecto y agradecimiento, que es la mejor parte, además de que aprendemos mientras nos divertimos. También pretendo seguir con el club de lectura e ir ampliándolo. Con Belu somos máquinas de pensar ideas, así que no nos aburrimos con eso y ya tenemos varias cosas en mente. Lo más importante es que la gente se sume y se quede, que disfrute del contenido, y seguir fiel a lo que quiero mostrar y priorizar.


—¿Cuáles son tus librerías favoritas?

JG: Qué difícil, Pablo… porque no tengo una de cabecera, pero puedo decir que Mendel libros me atendió más que bien cuando hice un pedido, El Aleph de Flores tiene de todo y me encanta, y a la sucursal de Rosario suelo ir (o solía, cuando se podía viajar) con mi papá, así que le tengo mucho cariño.

—Los viajes suelen ser inspiradores, y vos a principios de año viajaste nada menos que a Japón. ¿Qué significó ese viaje para la Jésica lectora?

JG: Fue increíble. Me armé una selección de libros de autores japoneses o que transcurran en Japón y me los llevé. Les hice fotos en lugares que se nombraban o que se relacionaban con su contenido, y encontrarme en los mismos sitios que se describían en las páginas de esos libros o sentir lo que los protagonistas sentían, fue mágico. Fue otro tipo de acercamiento a la cultura, a su pasado, a sus costumbres, a la gente, incluso a la comida. Me encantó hacerlo y voy a aplicarlo de ahora en más a cualquier destino al que vaya.

Vamos con la última pregunta, Jésica: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería.

JG: Siguiendo con el mundo literario, se me ocurre Evaristo Carriego, poeta argentino nacido a fines del siglo XIX. Si alguno no lo conoce, que vaya a leerlo que no se va a arrepentir.

—¿A qué bar lo llevarías a Carriego?

JG: Buscaría algún bodegón donde comer rico y abundante, o una milonga donde hacerlo escuchar el tema “A Evaristo Carriego”, uno de los tangos más bellos que escuché en mi vida.

—Y entre milongas y vinos, ¿qué pregunta le harías?

JG: Carriego murió muy joven, a los veintinueve años, pero su poesía es tremendamente cruda, va directo al hueso y toca temas sensibles. Cuando uno lo lee piensa que el autor debió vivir hasta los cien años para escribir de esa manera, que pasó por miles de experiencias. Por eso le preguntaría de dónde sacó esa inspiración para su escritura y que lo llevó a elegir ese tipo de poesía.

 

- Quienes quieran ser parte de las muchas y ricas actividades literarias que se llevan a cabo en la comunidad lectora de Jésica Gorosito, están invitados a sumarse en Instagram a @lectodependiente.




*Pablo Hernán Di Marco.  Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor, entre otras novelas Las horas derramadasTríptico del desamparo. Colaborador literario de la revista Libros & Letras 

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