Los abismos de Pilar Quintana: para caer en la selva de los silencios


La escritora Pilar Quintana habla de Los abismos, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2021 



Por: Juan Camilo Rincón*

La volátil condición humana representada en las niñas y las mujeres que rehúyen de las imposiciones de su rol, las plantas que se hacen selva y guarida, y la vida cotidiana como universo que se despliega entre pocas certezas y muchas preguntas. Con Los abismos, obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2021, Pilar Quintana nos entrega una novela que se desenvuelve sinuosa como la carretera que recorren dos Claudias, una madre y su hija, rodeadas por la neblina y una bruma espesa que son metáfora de los miedos que se posan sobre nosotros y tratan de inmovilizarnos; los cuadros y las fotos en las paredes viejas y los cajones olvidados son invitación a recuerdos que se hace necesario construir y reconstruir; y las preguntas, siempre ansiosas, a veces inesperadas, son los puntos de ruptura desde donde una niña intenta comprender su lugar en un mundo que a veces siente ajeno.

Sin recurrir a efectismos ni a un lenguaje desbordado, Quintana crea una arquitectura narrativa vívida con la que acerca al lector a una historia que tal vez fue la suya propia, y le permite asomarse, con algo de recelo y a la vez con decisión, a los abismos ineludibles y, a veces, necesarios.  


-¿Cuáles son o han sido sus abismos?

Creo que están todos o por lo menos muchos en Los abismos: el miedo a la orfandad, a las alturas, a la neblina y a la propia oscuridad.

-En Los abismos usted dice que “antes, Claudia tenía certezas, ahora estaban quemadas”. ¿Qué certezas tiene usted ahora, que no tenía hace algunos años?

Yo, como Claudia, antes tenía certezas, que se han ido desmontando con los años y ahora no tengo casi ninguna.

-De su obra suele destacarse su lenguaje directo y sin adornos innecesarios, y en esta novela, con metáforas como “árboles chorreados”, “pelo poquito”, “niños escurridos” usted logra crear un relato muy vívido. ¿Cómo logra edificar un lenguaje tan rico y crear atmósferas tan poderosas con tan pocas palabras?

Reescribiendo muchas veces, incontables veces. Solo así logro dar con la intención buscada. Es un trabajo agotador, pero no conozco otra manera.

-Ante las posibilidades de la narradora niña y la narradora adulta, ¿por qué decidió quedarse con la primera?

El personaje central de la novela es una niña. La narradora, quien cuenta la historia, no es ya esa niña. En la novela hay unas claves que le hacen saber al lector que la narradora está contando unos hechos sucedidos hace muchos años, en su infancia. De esta narradora, probablemente adulta, no sabemos nada. Ella no aparece como personaje dentro de la historia. Es como si se agachara para quedar a la altura de la niña que fue y contarnos la historia desde ese punto de vista: a través de la mirada de la niña.

-Respecto a Los abismos usted hace alusión a su atracción por el gótico tropical y la obra hecha por Caliwood. ¿Hay, además, alguna relación con la obra de Álvaro Mutis, por ejemplo con la novela La mansión de la Araucaíma y la adaptación que hizo Carlos Mayolo al cine?

Definitivamente sí. Las películas de Caliwood, las obras de Andrés Caicedo y Mutis, entre otras, hacen parte de mi tradición literaria.

-Claudia, la protagonista, dice que los muertos renacidos de su mamá eran la selva, los muertos de su papá vivían en los silencios, y los de ella misma eran las hojas a punto de caerse. ¿Cuáles son o dónde están los muertos de Pilar Quintana?

Mis muertos, las personas cercanas e importantes para mí que han muerto, siguen conmigo, viviendo adentro de mí, en mis pensamientos y en mis emociones.

-Cuando Claudia dice que se llenó de “una tristeza sin fondo que se sentía viejísima", ¿a usted alguna vez le ocurrió lo mismo mientras escribía alguno de sus cuentos o sus novelas?

De niña sentí muchas veces esa tristeza profunda y volví a sentirla cuando tuve que ponerme en el lugar de Claudia para contar su historia.

-¿Dónde nace el cambio de un entorno urbano, presente en sus primeros trabajos, a lo rural, las plantas, las chorreras, la selva?

La naturaleza siempre está allí, en todos lados, en la ciudad y en el campo. Siempre he pensado que las creaciones de las personas, los edificios y el plástico, por ejemplo, también son naturaleza. A veces nos gusta pensarnos como si estuviéramos afuera de la naturaleza. Pero no es cierto. Estamos en ella y todo lo que creamos también lo está. En ese sentido, en mis obras el universo narrativo, el tiempo y el lugar en el que ocurre una historia, siempre ha tenido especial relevancia. Me gusta hacer que mis historias pasen en un lugar y un tiempo que parezca verdadero.

«No sé muy bien por qué el canon las saca, pero es así. Hoy está pasando algo muy chévere, lo dicen las cifras, y es que cada vez hay más lectoras y mujeres publicando y trabajando en el sector del libro»


-¿Cómo ve hoy en día la relación de las mujeres con la literatura, especialmente en Latinoamérica?

Las mujeres siempre han leído y escrito literatura. En todas las épocas ha habido grandes escritoras. Luego el canon va borrando a muchas. No sé muy bien por qué el canon las saca, pero es así. Hoy está pasando algo muy chévere, lo dicen las cifras, y es que cada vez hay más lectoras y mujeres publicando y trabajando en el sector del libro.

-Usted afirma que los escritores tienen la responsabilidad de visibilizar lo olvidado, aquello a lo que se le da la espalda. ¿Cuál considera que es su responsabilidad como creadora?

Hay tantos escritores como maneras de ser escritor. Quién soy yo para venirles a decir a los escritores cuál es su responsabilidad. Ahora, yo, como escritora, sí pienso que tengo una responsabilidad y es contar una buena historia… bueno, no sé si contar una buena historia, pero sí, por lo menos, tratar de contar una buena historia que le haga algo al lector: lo conmueva, lo interpele, lo haga sentir...

-¿Cuál es la literatura o los autores que la interpelan, que le hacen preguntas o que la sacan de su lugar de confort?

Muchos. No cabrían en esta respuesta. Me gustan los escritores imaginativos, que son capaces de inventarse mundos y situaciones extrañas o retorcidas. Me dan envidia. Yo quisiera haber sido una escritora así. Pero tengo que conformarme con ser una escritora de pequeñas historias realistas, porque es lo que mejor me sale.



Foto Pilar Quintana: Carlos Zárrate

Los abismos
Alfaguara
246 páginas


*Periodista y escritor. Autor de Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia Viaje al corazón de Cortázar.

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