El sabor de la novela policiaca: Javier Cercas y su Independencia



Libros & Letras dialogó con Javier Cercas, uno de los escritores más importantes del momento quien. Después de ganar el Premio Planeta con Terra Alta, el español nos entrega Independencia, una novela que continúa la historia del policía Melchor Marín y con ella sigue reivindicando el papel de los antihéroes en una sociedad contradictoria como la nuestra.


Por: Juan Camilo Rincón*

- Los hechos que narras en Terra Alta ocurren en una comarca, una región pequeña de pocos habitantes, e Independencia transcurre en Barcelona, una ciudad grande, cosmopolita, y siento que eso dio lugar a un cambio en el modo de narrar. ¿Es así?, ¿fue intencional?

Es verdad que había un diálogo entre la Barcelona de Melchor Marín y la Terra Alta como territorio que descubría, porque sentaba su infancia y adolescencia, y había ahí un contraste marcado: una Barcelona oscura, nocturna, violenta, prostibularia, y una Terra Alta bucólica, solitaria, silenciosa. Es verdad que en Independencia la protagonista total es Barcelona. Y, fíjate, no ha sido algo deliberado sino más bien casual; no es que me haya propuesto hacer la novela más barcelonesa de las que he escrito, o casi; es que ha surgido así. Se me ocurrió la idea de esta mujer chantajeada sexualmente, seguramente porque ese es uno de los temas centrales de todo el ciclo narrativo. Esta es una novela autónoma que se puede leer por sí misma, pero a la vez es la segunda parte de Terra Alta y también será parte de la novela total, y uno de los temas fundamentales es ese: la violencia que, desde que el mundo es mundo, los hombres ejercernos contra las mujeres. Eso es lo fundamental y lo que me obligó a ir a Barcelona, y con eso vino lo demás: el hecho de que Melchor se adentre en ese mundo de la élite político-económica. Pero definitivamente no fue algo deliberado. 

- En tus obras haces una serie de denuncias y críticas al poder político, al poder económico, a la corrupción. Tus historias hacen parte de la ficción, pero ¿hay personajes reales en los que te inspiraste y que dan sustento a esa crítica?

La ficción pura no existe; es un invento de quienes no saben qué es la ficción. Yo siempre parto de la realidad; por eso es interesante, porque es una transfiguración de la realidad. En esta novela hay personajes reales, empezando por Javier Cercas, por ejemplo (risas) y otros, Lluís Bassets es real, Isaki Lacuesta que es un director. No te podría decir que ninguno de los personajes importantes está inspirado en personajes reales; supongo que tienen cosas de personas que conozco. Todo personaje es un poco Frankenstein, inevitablemente tomas esto, aquello, pero no es de manera consciente; son personajes inventados. Ya te digo: Melchor Marín tiene mucho que ver conmigo mismo, supongo, y todos en el fondo son partes de mí mismo. Milan Kundera dice que los personajes de una novela son yoes hipotéticos de un escritor; o sea, posibilidades no realizadas de uno mismo. Sin duda lo son. Salen de mí y son partes de mí que no he desarrollado, pero no están basados en personas reales. Lo que pasa es que la Cataluña es la Cataluña real, las circunstancias son reales, esta élite enquistada en el poder es la élite barcelonesa, la crítica al poder es una crítica real a lo que transcurre en Barcelona, pero que podría ocurrir en cualquier parte; estas élites existen en todos lados y la literatura lo que hace es transformar lo particular en universal. Lo que ocurre en un lugar determinado, ocurre en todos; lo que afecta a una persona concreta como Melchor Marín es lo que nos afecta a todos. En eso consiste la literatura, en plantear una verdad moral universal que nos atañe a todos. 

«La ficción pura no existe; es un invento de quienes no saben qué es la ficción...»


- Entonces, ¿tus novelas son una herramienta para exorcizar o para denunciar?

Para mí, escribir una novela consiste en formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible; no contestarla, o al menos no hacerlo de una manera clara, nítida, taxativa. Las respuestas de las novelas siempre son ambiguas, contradictorias, poliédricas. En el fondo, la respuesta es la propia búsqueda de una respuesta a una pregunta que hace el libro. La pregunta central de esta novela es: ¿es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia? Creo que esa va a ser la pregunta central de todo el ciclo. Tu respuesta, y mi respuesta, y la de cualquiera de los lectores de tu diario será: “No, la venganza nunca es legítima”, pero es una realidad, la sociedad funciona de manera distinta. Justamente lo que hace la literatura es permitirnos hacer cosas que no se pueden hacer en la realidad. La literatura es como el sexo: es un placer, pero también es una forma de conocimiento. Por eso cuando alguien me dice que no le gusta leer, lo único que se me ocurre es darle mi sentido pésame o acompañarlo en el sentimiento. 


- Bajo ese concepto de la literatura como conocimiento y, de alguna manera, como lugar de libertad, ¿qué buscas con tus novelas? 

Colocarnos en situaciones morales incómodas, sacarnos de nuestras casillas, obligarnos a empatizar con personajes, hechos y actitudes con las que nunca empatizaríamos, en sacar de nosotros mismos eso que Bataille llamaba “la parte maldita”. Los seres humanos no somos ángeles; todos llevamos dentro furia, dolor, deseos de venganza, etcétera, y eso no podemos sacarlo de la vida social porque destruiríamos a los demás y a nosotros mismos, pero en la ficción, sí. En esta ficción vemos cómo un tipo toma venganza por su propia mano; eso quiero que el lector lo celebre, y que después diga: “Dios mío, ¡estoy celebrando esa venganza! ¿Cómo puede ser esto?”. Bueno, en eso consiste la literatura.

- ¡Es un gusto leer esa parte, cómo se fragua todo! Entonces está la mamá de Melchor, una prostituta que no se sabe bien cómo murió, estas menores de edad víctimas de tráfico sexual… el maltrato es un asunto estructural. ¿Qué es lo que pasa ahí?

Yo… no lo sé. Me estás haciendo reparar en ello ahora mismo. La prostitución es un tema muy complejo que no conozco a fondo. Sabemos que existe desde siempre, que puede ser una forma de explotación y que también puede no serlo, pues hay mujeres que lo han hecho porque han querido. Sé que la prostitución puede ser y de hecho, es en muchas ocasiones una forma de explotación y de abuso, y que hay que hacer algo con ella, pero no sabemos qué. Hay feministas partidarias de que se legalice y se regule, y otras a favor de que se prohíba. Yo no sé qué hacer con ello y, desde luego, no es mi propósito con estas novelas abordar cómo solucionar ese asunto, pero sé que es un hecho y lo uso como material narrativo: es verdad que al principio hay prostitutas en este libro, la madre de Melchor lo era, cuando a él en Terra Alta lo envuelven un montón de prostitutas se siente como en casa y él vivió la prostitución como algo muy natural. 

… Y uno como lector comprende cada vez mejor a Melchor y por qué hace lo que hace. ¿Qué tan complejo es sostener esa coherencia, máxime cuando se piensa en cinco novelas con el mismo personaje? 

Esto de conocer a un personaje a lo largo de tanto tiempo es algo muy extraño. Tiene que ver más con las novelas del XIX en cierto sentido, con las series de televisión, cuando hay temporadas distintas; cada libro es como una temporada en cierto modo. Ya tienes al personaje, ya sabes cómo funciona, ya conoces sus mecanismos psicológicos, pero al mismo tiempo va evolucionando, se enfrenta a situaciones distintas. Para mí es muy difícil hacerlo porque tengo que controlar muchas cosas: tiempos, personajes, lugares, pero es enormemente atractivo porque el encanto de las novelas del siglo XIX y de las novelas tan largas, es que te familiarizas con los personajes. El Quijote tiene mil páginas, pero si tuviese dos mil quinientas, no pasaría nada porque lo que te interesa ahí son los personajes, que les pasen cosas al gordo y al flaco, y al alto y al bajo, que sigan tejiendo sus cosas, y ya estás con ellos; ya no son personajes, ahora son tus amigos. Yo espero que al final de Terra Alta la gente sienta a Melchor como un amigo.

- La novela policiaca hispanoamericana tiene personajes ya emblemáticos como Mario Conde, de Leonardo Padura, y Héctor Berlascoarán, de Paco Ignacio Taibo II. ¿Cómo sigues construyendo esa saga que ya tiene dos novelas, y cómo seguirás edificando al personaje de Melchor Marín?

Entiendo que se puedan leer estas novelas como policiacas; entiendo que se puedan leer las novelas de Melchor Marín como una saga o una serie, pero yo no lo concibo así, sino como una sola novela. De hecho, todas mis novelas anteriores ya eran policiacas de algún modo. Borges decía que todas las novelas son policiacas; yo estoy de acuerdo con él, pero todas las mías lo eran, muy evidentemente, porque en todas había un enigma y alguien que quiere descifrarlo, y en eso consiste básicamente el género. Es verdad que en estas es un poco más claro porque hay un policía; en Terra Alta había un policía en la primera página y tres muertos en la segunda, entonces era más claro, pero por lo demás, era igual. Yo sé que esto puede sonar raro, pero yo no quería escribir novelas policiacas necesariamente; no me lo propuse. En un momento determinado, seguramente porque la cuestión central tenía que ver con la justicia y con la venganza, un día se me ocurrió un tipo que era policía, hijo de una puta y estaba lleno de furia. No me lo he planteado como la serie de los casos de Melchor Marín, sino como la historia de un personaje. De hecho, en el próximo volumen, el tercero, que ya está casi escrito, él ya ha dejado de ser policía. A mí lo que me interesa es el personaje y la construcción de la historia de este tipo que es un ángel y que a veces termina siendo un ángel exterminador. Por otra parte, quien crea que la narración policial es un género menor, no sabe lo que es la literatura, sencillamente. En la literatura no existen géneros mayores o menores, sino formas mayores o menores de usar los géneros: la comedia tiene a Shakespeare y tiene a un montón de inútiles; la narración policial tiene a Edgar Allan Poe y a Borges, y luego tiene un montón de cosas que no son interesantes. Solo hay dos tipos de novelas: las buenas y las malas, todo lo demás es verborrea, palabrerío. 

«Entiendo que se puedan leer estas novelas como policiacas; entiendo que se puedan leer las novelas de Melchor Marín como una saga o una serie, pero yo no lo concibo así, sino como una sola novela.» 

- Cuéntanos sobre esta idea de la tetralogía. ¿Ya está estructurada esa novela total?

La idea es que son novelas autónomas y se pueden leer así, sin haber leído las otras pero que, al final, todo sea una sola novela. Eso se me ocurrió cuando acabé Terra Alta y supe que no había terminado todo ahí. Esa fue la primera vez que me ocurrió eso. Cuando acabo un libro lo primero que intento es olvidarme de él para poder escribir otro. En este caso no pudo ser; Melchor me dijo que no se había acabado e instantáneamente me imaginé cuatro novelas más. Vamos a ver qué ocurre. De momento hay una quinta que me está pidiendo a gritos existir. Claro, uno sabe cómo empiezan las novelas, pero nunca sabe cómo terminan. 




*Juan Camilo Rincón. Periodista, escritor e investigador cultural. Autor de Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia y Viaje al corazón de Cortázar.

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