Un café en Buenos Aires con el escritor Jerónimo García Riaño


«La noche de los forasteros es mi homenaje a la salsa, a esa música que me ha acompañado en tantas cuestiones de la vida»


Por: Pablo Di Marco* / Argentina

El camino del escritor es complejo y sinuoso. Así como suele haber algunos períodos de brillo, también son muchos (tal vez demasiados) los momentos de ostracismo, dudas, y años invertidos en trabajos que tal vez jamás vean la luz. Hoy me toca conversar con Jerónimo García Riaño en un tiempo de reconocimiento, a poco de la publicación del que es, a mi entender, su mejor libro. 

Esta no es la primera entrevista que le hago a Jerónimo, y sé bien que tampoco será la última. Acompañar a un escritor así de entusiasta a lo largo de la creación de su obra es un placer del que no voy a privarme. 

—Pasaron casi cuatro años de la primera vez que te entrevisté. Y me basta con leer tu última novela para saber que sos un escritor muy diferente al que eras entonces. ¿Sos consciente de esto que digo? ¿En qué cuestiones sentís que evolucionó tu escritura desde aquella entrevista a hoy?

Querido Pablo, de antemano qué bello volver a hablar con vos en este espacio tuyo que ya tiene años sumando anécdotas y vidas de muchos autores y autoras. Gracias de nuevo por tenerme en cuenta. Sí, soy muy consciente de eso. De hecho, me halaga mucho que también lo veas, vos que me has leído casi todo (o todo, yo no sé, tampoco es mucho). Esta novela empieza en el 2016 y termina a principios de este año 2021. Pude sentir la evolución en mi escritura en muchos sentidos, desde la preparación y planeación de la novela hasta el ejercicio de la escritura como tal. Creció en la definición de personajes, en el registro de sus voces, en la configuración de la historia. Es algo que también veo en los cuentos que escribo desde el 2017 para mi nuevo libro de cuentos. En ese libro estará el cuento “El jugador de billar”, que obtuvo en el 2018 un reconocimiento en el Premio Nacional de Cuento La Cueva, y que también hace parte de ese ejercicio de evolución en el que me veo actualmente. 

—¿Es posible que también hayas evolucionado como lector? Durante la lectura de tu libro intuía a un lector meticuloso.

Te falló la intuición, ja,ja. No soy un gran lector, hermano. Creo que leo poco comparándome con amigos que son unos tremendos lectores y a los que les consulto cosas cuando yo no las conozco. Por ejemplo, Jaime Andrés Rivera, amigo nuestro, que es un señor lector al que respeto también por ese criterio lector que ha ganado con los años. Entonces creo que como lector sigo sumergido en los tranquilos mares de la mediocridad. 

—El querido Jaime, qué hermosa persona. Dejando de lado a la escritura y a la lectura, contame qué aprendiste con esta nueva publicación sobre el complejo mundo del libro. ¿Qué te alegró? ¿Qué te sorprendió? ¿Qué te decepcionó?

Cada editorial trae sus procesos. De Lugar común me alegró mucho su interés por publicar la novela. Desde un inicio, incluso antes de que quedara finalista en el Premio de la Universidad de Antioquia, ya ellos habían manifestado su intención por publicarla. Y más que decepciones o sorpresas, querido Pablo, son aprendizajes que uno va también capitalizando para nuevas publicaciones. Pero creo que este es un asunto de aprendizaje continuo, hasta que la vida nos dé para publicar la última obra. ¿O no lo crees tú?

—Sí, coincido. Te lo preguntaba porque los lectores muchas veces creen que basta con escribir una buena novela (cosa nada sencilla, por supuesto) para que una editorial quiera publicarla. Y no suele ser así. Una vez que la novela está escrita toca iniciar el durísimo trabajo de lograr que alguien se interese por ella. Así que bienvenido sea el temprano interés de Lugar común por tu trabajo.

Lugar común conocía sobre mi trabajo anterior, por eso se interesó en esto nuevo. El camino recorrido también empieza a ganar peso. Sí somos neófitos en la escritura es difícil que una editorial nos mire. Este es un asunto que se transita con algo de dolor y mucha paciencia. Mucha paciencia y trabajo. Creo que cada vez que hay un rechazo por parte de una editorial (vos y yo lo hemos vivido y lo vivimos aún), también se abre la posibilidad de seguir trabajando en el texto para mejorarlo… Incluso para descartarlo y dedicarse a otro texto nuevo donde el comienzo implique también un proceso de madurez en la escritura. Los rechazos duelen, pero como todo dolor, al final se aprende de él. 

—Lugar común se está posicionando como una editorial joven con buena visibilidad en toda Colombia. ¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar con ellos?

A través de Javier Zamudio, escritor también con un buen camino recorrido con su literatura, que además es el editor para Colombia de la editorial. Fue él quien apostó por la novela y su publicación. También con Luis Molina Lora, el editor general radicado en Canadá, con quien hice un trabajo de edición minucioso a la novela, fue un gran aprendizaje para mí. 



—Hablemos de La noche de los forasteros. Escribir se trata de liberar obsesiones, anhelos, terrores. ¿Qué sentimientos deseabas liberar con esta novela? Me adelantaré a vos y diré que lograste volcar al papel tu pasión por la música que amás. ¿Me equivoco?

Pablo, ahora sí atinaste.

—Gracias, gracias. Ahora deberás invitar la próxima cerveza.

Por supuesto. Y no será solo una, hermano. La novela es un homenaje a la salsa, a esa música que me ha acompañado en tantas cuestiones de la vida, en unas buenas y otras no tanto. Sobre todo en desamores, Pablo.  Es como si ella (la salsa) apareciera de la nada a recogerme del piso y me levantara a punta de bailes y melodías. Entonces… ¡cómo no hacerle un reconocimiento a esta música por el trabajo que ha hecho conmigo! Por otro lado, y me conoces también, amo la música en general, me considero melómano. En mis dos libros anteriores también aparece la música como punto de conexión o simplemente como cortina sonora de la obra. La historia de La noche de los forasteros realmente es una excusa para escuchar salsa en el papel. 

«La novela es un homenaje a la salsa, a esa música que me ha acompañado en tantas cuestiones de la vida, en unas buenas y otras no tanto. Sobre todo en desamores...»


—Antes de seguir te hago una consulta: ¿cómo se llaman los lugares donde se baila salsa? Sabrás perdonar mi ignorancia, soy un porteño tanguero.

Salsotecas, hermano. Salsotecas. Cuando vuelvas te llevo a una. Ya conociste El viejo almacén y Capachos en Bogotá, tangos y música llanera. Ahora es necesario llevarte a una buena salsoteca, ya tengo unas por ahí a la vista para vos.

—Me llevaron a una en Cali. Dios mío, hice varios papelones ahí… De todos modos aceptaré gustoso que me lleves a recorrer salsotecas bogotanas. Ahora que ya sé cómo se llaman, retomo mi pregunta: a mi entender, uno de tus mejores cuentos es “Corazón de araña negra”. En el comienzo de ese cuento hay una magnífica descripción de una salsoteca. ¿Es posible que La noche de los forasteros, y tal vez sin que vos mismo lo sepas, sea hija de aquel cuento? 

“Corazón de araña negra” fue el primer intento de un capítulo de la novela, que para entonces, año 2012, no tenía argumento y forma de nada. Al ver que ese primer capítulo no iba para ningún lado decidí transformarlo en cuento. Sale publicado primero en la revista digital Cronopio y luego en mi primer libro de cuentos que tiene el mismo nombre. Así que sí, Pablo. La noche de los forasteros es toda una evolución de ese cuento que también estuvo bien para su momento. 

La noche de los forasteros fue finalista de uno de los premios de novela más importantes de Colombia. Contame cómo atravesaste el proceso de participar del premio y de enterarte que eras nada menos que finalista.

La envié a tres concursos, en uno no pasó nada. En el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá también estuvo en la lista de finalistas, pero no hubo un pronunciamiento oficial por parte de la entidad que hizo el concurso, por eso no lo tengo en cuenta. Y con la Universidad de Antioquia llegó a instancias finales con otras cuatro obras. No la tuve fácil haciendo lista con autores como Jacobo Cardona Echeverri, que ha ganado varios concursos con sus textos. Llegar a esa instancia para mí era ganar. Lo demás sería un asunto ocasional. Pero estar ahí ya era importante para mí, un espaldarazo al trabajo que uno siente cómo evoluciona, como hablamos ahora. 

—¿Qué devoluciones recibiste de parte de los jurados?

Con los jurados me comuniqué para que me comentarán o retroalimentaran sobre lo que habían visto de la novela. Todos me dieron sus apreciaciones que fueron valiosas para seguir trabajando en el texto. Carolina Sanín, una de los jurados, tuvo el gesto de darme unas palabras para la contraportada de la novela. Eso es un asunto que no olvido. Estoy muy agradecido por ello. 

—Antes nombraste a Jacobo Cardona Echeverri. Tuve la suerte de premiar en 2014 su novela Las vidas posibles como ganadora de un concurso. Si no la leíste te la recomiendo. Es un libro que merece ser reeditado.  

Sin duda, Pablo. Jacobo es un autor que, aunque no suena mucho en las bambalinas del gremio, está haciendo un camino silencioso, pero bien andado. Me alegra mucho por él y por su obra. 

«Ser escritor no solo responde al acto de escribir, sino a la función de ser artista, de buscarse, indagarse, transformarse, encontrar nuevas maneras de decir las cosas.»


La noche de los forasteros es, a mi entender, tu mejor libro. ¿Intuís que esta novela será un aliciente o una presión a la hora de sentarte a escribir tu próximo libro?

Ojalá sea un aliciente, hermano. Ojalá. Creo que eso implica asumir retos como escritor. Con la novela quise explorar otras formas de narrar que no había explorado antes. Ojo: son mis exploraciones como autor, no estoy inventando el agua tibia. Lo que hago muchos otros ya lo han hecho. Con el libro de cuentos que estoy trabajando también estoy en esa exploración. Ser escritor no solo responde al acto de escribir, sino a la función de ser artista, de buscarse, indagarse, transformarse, encontrar nuevas maneras de decir las cosas. Si encuentras la fórmula y te quedas con ella, ahí se acaba el arte. Yo quiero ser artista, trabajo y estudio para eso. 

—¿Vamos terminando, Jerónimo?

Antes invita tú las dos últimas cervezas.

—Claro que sí. Mientras tanto te hago la última pregunta. En la entrevista pasada, cuando te pregunté a qué artista de cualquier época quisieras invitar a tomar un café, me respondiste George Harrison. Ya compartiste un café con el gran George. Te regalaré la posibilidad de invitar a otro artista. ¿A quién sería? 

Toda una banda quiero ahora. Realmente son dos los de la banda. Me gustaría tomarme un café con los integrantes de Gorillaz. Aunque ahora que lo pienso… ¿tomarán café?

—Si es café colombiano seguro que sí.

Entonces compartiremos un buen café. Son dos artistas que han creado toda una banda virtual, han personificado caricaturas, dándoles voz. Tiene mucho de literario eso, mi querido Pablo. Con ellos me quiero beber muchos cafés, o muchos whiskies. Que ellos decidan. 



La noche de los forasteros
Editorial Lugar común.
140 páginas



*Pabo Dí Marco. Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor, entre otras novelas Las horas derramadasTríptico del desamparo. Colaborador literario de la revista Libros & Letras 

📷Fotos Jerónimo García Riaño / Archivo personal del autor.

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