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Una nostalgia de alto peso molecular. Sobre la novela de J. J. Junieles

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Una nostalgia de alto peso molecular. Sobre la novela de J. J. Junieles
By Libros y Letras 21 de diciembre de 2022
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“El hombre que hablaba de Marlon Brando” del escritor J. J. Junieles


Por: Ernesto Gómez-Mendoza*


En sí, la crónica arquetípica hace parte de un “sistema de la nostalgia”, puesto que como diario alimento de la comunidad conoció, en un pasado mucho más plausible que el presente o futuro, su máximo esplendor. Conoció su capacidad de gobernar los corazones de los seres mansos y crédulos que eran su público desde que José Martí compuso y envió de Nueva York su crónica sobre Walt Whitman para un diario de Buenos Aires, hace más de 120 años. 

En este sentido el apóstrofe a los “incrédulos de este mundo”, que emite el narrador de El hombre que hablaba de Marlon Brando (Editorial Planeta 2020) hacia el quinto párrafo de la primera entrega de la crónica de “Santiago Barón” cumple la función de recordar que en el ejercicio de la crónica desde la lejana época del Mío Cid se trata de derrotar la incredulidad o de servir su alimento preferido a los crédulos. 


El hombre que hablaba de Marlon Brando del escritor J. J. Junieles
El hombre que hablaba de Marlon Brando del escritor J. J. Junieles

En el caso de García Márquez ya la crónica se sabe un como “arte menor” un motivo de nostalgia, y es como género periodístico una reliquia de antaño para las “unidades investigativas” que ya asomaban, crédulas a su turno, en aquellos almanaques. Junieles es un santo de la nostalgia. Lo que es lo mismo, un hereje de la nostalgia. 

Más parecido, a Diego Maradona que a Julio Cortázar, maneja unos sentimientos excesivos para una creatura que Dios dotó con capacidades apenas suficientes para ganar el sustento bregando desesperadamente con el suelo en que habrá de caer muerto cuando se acaben sus fuerzas. En otras palabras, es un García Márquez. 

Y como ese señor trata de desfogar en la literatura más parecida al castigo que se decretó a Adán, esa nostalgia de alto peso molecular que está condenado a arrastrar por el resto de sus días en un mundo que cada día más pierde el sabor de la nostalgia químicamente pura, y apenas puede ejercer una nostalgia vallenata. 

En mi ancianidad me felicito, después de medio siglo de asistir a los patéticos esfuerzos de la horda de copiadores, imitadores, y oportunistas que lo intentaron, de conocer a un auténtico alumno de García Márquez que como el alumno emblemático consigue volverse en un artista parangonable con el maestro.

*Ernesto Gómez-Mendoza (Barranquilla, 1951). Su trabajo como crítico se ha publicado en revistas y diarios como Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Angel Arango; El Espectador; Revista Jornada (México); entre otros medios