Entrevista, David Betancourt (Última parte)


No. 6.609, Bogotá, Domingo 16 de Febrero de 2014 

No tengo nada que decir, 
y lo estoy diciendo, 
y esto es poesía. 
John Cage

David Betancourt
Cuando era niño mi papá me daba billetes por resumir libros que él seleccionaba
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)
Última parte

- ¿Es importante la unidad temática en los libros de cuentos?
- Le he escuchado a mucha gente que los buenos libros de cuentos deben tener unidad temática. Yo no pienso igual. Los cuentos en un libro funcionan de manera independiente, son autónomos, tienen que funcionar desligados de los bloques narrativos. Los cuentos en un libro no son capítulos de una novela, significan por sí mismos, no tienen la obligación de mantener un hilo conductor. Un cuento es una obra independiente, así tenga dos, tres, diez páginas, como una novela de doscientas páginas. Como autor no me propongo hacer un libro de cuentos sobre un tema específico. Escribo cuentos que luego, con el tiempo, por el azar, se convierten en un libro. Si me propusiera a escribir un libro con cierta temática lo más probable sería que el libro fuera monótono, forzado…  Buenos muchachos, mi primer libro de cuentos, sin darme cuenta tenía unidad temática: cuentos de jóvenes, de muchachos.  Igual pasó con Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos, pero nunca me senté y me dije: “Voy a escribir un libro de cuentos de enemigos o uno de muchachos”, no, eso sale espontáneamente. Me gusta sentarme a leer libros de cuentos con diversidad de temas. Eso sí, hay grandes libros de cuentos con unidad temática, para mí el mejor es El llano en llamas, de Rulfo. En mis libros así haya una supuesta unidad temática, hay ladrones mezclados con curas, prostitutas, mariguaneros, niños, historias realistas y absurdas, prosa sencilla y potente, estructuras clásicas y modernas, de todo, diversidad estilística...
- ¿Cuáles han sido los cuentistas nacionales y universales que siempre ha leído?
- El llano en llamas ha sido el libro de cuentos que más veces he leído. Sin duda es mi preferido. Por eso, Juan Rulfo encabeza mi lista de mejores cuentistas, con tan solo un libro de cuentos. Mi escritura, sin embargo, es totalmente opuesta a la de él. Me gustan también Maupassant, Chéjov, Capote, muchos. De por acá cerquita: Ribeyro, Cortázar, Quiroga… De más cerquita: Andrés Caicedo, Cepeda Samudio… Y de los jóvenes, mi favorito es Luis Miguel Rivas. Recomiendo su libro de cuentos Los amigos míos se viven muriendo. También me gustan mucho los libros de cuentos de Santiago Andrés Gómez (Los deberes), Andrés Mauricio Muñoz (Desasosiegos menores), Paul Brito (Los intrusos), Juan Carlos Orrego (Cuentos que he querido escribir), Sandra Castrillón (Odios) y muchos más, porque son muchos.
- ¿Se inclina por leer más cuentos que novelas?
- Sí, leo más cuentos que novelas. Suelo leer más por las noches y no me gusta dejar lecturas empezadas. Las novelas me trasnochan. Pero también leo muchas novelas. Hay una colombiana que me gusta mucho, que me divierte cada vez que abro el libro en cualquier página. Se llama Vagabunda Bogotá, de Luis Carlos Barragán, una novela distinta a las que salen a toda hora.
- ¿Siempre se espera a que llegue la musa de inspiración para escribir un cuento?
- La musa de inspiración no es otra cosa que tener cosas por decir. Mi musa no sabe de disciplina. A veces se aparece durante seis meses y no me deja descansar, me dicta cuentos y cuentos, pero a veces sale a paro por un año y no escribo nada. Cualquier día me levanto con ganas de escribir y tengo algo para decir y escribo. No soy de los que tienen la escritura como un trabajo, mi caso es de más libertad, de disfrute. No me obligo a escribir.
- ¿Cómo surgió la recopilación de cuentos para el libro Buenos muchachos?
- Buenos muchachos es un libro que tardé escribiendo casi dos años. El libro tiene quince cuentos. Es una especie de antología de mis primeros escritos. Cada cuento que escribía se lo enviaba a un escritor de Medellín que me ayudó muchísimo, aún me ayuda, que se llama Óscar Castro García. Él los leía y me hacía sugerencias y críticas. Luego de un tiempo consideré que esos cuentos se podían juntar en un libro, y eso hice. Luego lo envié por enviar a un concurso nacional de cuento y, para mi sorpresa, el libro obtuvo mención de honor. Así que lo envié a la Editorial Universidad de Antioquia y cuando me dijeron que lo publicaban me dio mucha alegría. La publicación me motivó a seguir escribiendo y la musa desde eso ha estado más despierta, más activa.
- ¿Tiene planeado publicar un nuevo libro de cuentos?
- Tengo dos libros más, aparte de Buenos muchachos y Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos. El tercero se llama Una codorniz para la quinceañera y otros absurdos, finalista en 2013 en el Premio Nacional de Libro de Cuentos de la Universidad Central. Y Cuentos de Risa, un libro de dieciséis cuentos que acabo de terminar. Risa es una niña rebelde y es la protagonista de todos los cuentos. Estos dos libros son irónicos, cómicos.
- ¿“Táparo” existió en la vida real?
- Es solo un personaje de cuento que casualmente estudió en mi colegio y que allí fue maltratado por un muchacho que curiosamente se llama como yo. Ya mayores, el que se llama como yo va a buscar trabajo a un periódico y se encuentra con Táparo en la recepción, que le habla del pasado, sin rencor. Es básicamente un cuento de matoneo. Pura ficción de esa que pasa en la realidad.
- ¿Fue sorpresivo haber ganado el Premio Internacional de Escritura Creativa en Caracas, Venezuela, con su libro Yo no maté al perrito?
- Sí, siempre es sorpresivo ganarse un concurso, a menos de que esté arreglado y uno sepa de antes que ganó. Uno confía en su libro, en su escritura, claro que tiene esperanzas, pero uno también sabe que hay gente muy buena que como uno puede ganar. Los concursos, además de la calidad de la obra, tienen un gran porcentaje de suerte: que no participe un libro mejor, que el jurado sea el más pertinente para el ganador (los mismos gustos), que en el momento de la lectura de tu libro los jurados no tengan sueño, que tu sobre de manila con el manuscrito llegue a la dirección correcta, que el concurso no tenga ganador antes de que salgan las bases, que los jurados no se encuentren con un amigo entre los participantes, muchas cosas. Por eso es sorpresivo. Ahora ese libro tiene dos ediciones: una en Venezuela y otra en Colombia, como parte del premio.
- En Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos hay cuentos para todos los gustos y genios. ¿Lo ve así?
- Sí, es un libro para todos los gustos y genios. Yo no maté al perrito… tiene de todo: historias absurdas, pero también historias realistas. Prosa lenta y prosa ágil. Cuentos con ironía, humor negro, sarcasmo, crítica, pero también cuentos inofensivos que solo son una anécdota. Hay cuentos de infidelidad, de ladrones, de partidos de fútbol, de asesinatos, de poetas retóricos. En este libro hay de todo. La mayoría son historias absurdas.
- ¿Qué está leyendo actualmente?
- Ahora estoy releyendo dos tomos gordos con todos los cuentos de Bioy Casares y Los cuentos de Juana de Cepeda Samudio. Este último libro me dio la idea para escribir mi libro Cuentos de Risa.

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