Un café en Buenos Aires con Carolina Zamudio

No. 7364 Bogotá, Martes 29 de Marzo de 2016 


Carolina Zamudio
Carolina Zamudio


Por: Pablo Di Marco / Especial para Libros & Letras / Buenos Aires. 


Hay un juego tan entretenido como sencillo de jugar: preguntarnos a qué libro nos remite el libro que acabamos de leer, y a qué otro escritor nos remite su autor. Pero hay otro juego que, a pesar de ser similar, es considerablemente más complicado: preguntarnos a qué canción nos remite un libro, y a qué cantante nos recuerda su autor. 

La poeta Carolina Zamudio me hace pensar en Ella Fitzgerald. Hay algo en la cadencia de sus versos que me recuerda el fraseo cristalino de la Primera Dama de la Canción. Las dos, cada una a su manera, comparten un don infrecuente: son capaces de ocultar la complejidad detrás de un manto de sencillez, y la oscuridad bajo un estallido de luz. Estoy tentado de decírselo pero mejor lo callo, no es bueno elogiar desmedidamente a un entrevistado. 

—Estás a punto de publicar tanto en Argentina como en Colombia. ¿Qué podés adelantarme? 

- C: Son satisfacciones inesperadas luego de la publicación reciente de La oscuridad de lo que brilla, el poemario bilingüe editado por Artepoética Press en Nueva York en 2015. Rituales del azar es una selección de poemas que se editará en Colombia por iniciativa gentil del gran poeta Juan Manuel Roca. Las certezas son del sol será presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires, dentro de la colección Summa Poética, editada por Vinciguerra en su 30° aniversario, y de la que participaremos veinte poetas. 

—Así como hay escritores que son un dechado de carisma, también hay otros que sufren horrores la exposición pública. Te esperan meses agitados de presentaciones en la Feria del Libro de Bogotá y en festivales de poesía en Medellín y La Habana. ¿Cómo manejás ese “lado B” de tu trabajo como escritora? 

C: Aunque me siento más a gusto en el silencio de mi casa que ante un auditorio, no creo pertenecer a ninguno de los dos grupos. Admiro el don de la declamación, pero también confío en la intuición, en interpretar climas, ambientes y elegir cómo comunicarse a través de la poesía de acuerdo al momento. Cuando me puede la emoción, como me pasó al leer por primera vez mi último libro en el Instituto Cervantes de Nueva York, intento conectarme con la confianza que usé alguna vez para apreciar lo suficiente un poema y publicarlo. A veces funciona. 

—Te aliento a ser políticamente incorrecta en siguiente respuesta. Sos argentina y vivís en Colombia. Dejando a la familia y a los amigos de lado, ¿qué extrañás de Colombia cuando estás en Argentina, y que extrañás de Argentina cuando estás en Colombia? 

C: En Argentina extraño de Colombia la amabilidad y la alegría de la gente, y la dulzura del español. En Colombia echo de menos de Argentina el estilo directo y osado de comunicarse, y la igualdad —en la mayoría de los ámbitos— entre hombres y mujeres. Y no importa dónde, extraño siempre el ritmo de un colombiano y la “labia” de un argentino, los cafés de mi país y el café colombiano. 

—Preciosa respuesta, Carolina. Si algún colombiano no sabe qué significa “labia” solo tiene que escribirnos y preguntárnoslo. Cambiemos de tema: decime, ¿alguna vez lloraste escribiendo? Si la respuesta es “sí”, ¿podrías compartir conmigo ese pasaje? 

C: No suelo llorar al escribir, sí antes o después. Vivo el proceso posterior a soltar un libro con especial sensibilidad: al tiempo que miro con algo de perspectiva lo escrito, repaso las circunstancias emotivas de ciertos poemas. Algunas veces, incluso, olvido ciertos versos (de hecho, no sé de memoria ninguno de mis poemas) y siento honestamente que el texto ya no me pertenece. Eso puede conmover mucho. 

—Más allá de poeta también sos periodista. ¿Qué le aporta la Carolina periodista a la Carolina poeta, y viceversa? 

C: La una le aporta a la otra, en ambos sentidos, la búsqueda constante de la verdad y la belleza. Ante el desconcierto, la periodista le da a la poeta algunas pocas certezas; la poeta, cierta esperanza. La poesía, además de crear lo imprevisto, debe ser verosímil y el periodismo puede ser arte que permita soportar la realidad. De ambos se infiere una forma honesta de vivir. También, en su mejor expresión, poeta y periodista comparten cierto criterio de síntesis, tan conveniente, creo, para ambos oficios. 

—Me gusta aquella frase que dice que un periodista es un puente que une dos soledades. Vos, al ser periodista, escritora y lectora tenés el privilegio de transitar tanto el puente como ambas soledades. ¿En cuál de los tres lugares te sentís más cómoda? 

C: Siempre me siento más cómoda como lectora. Respecto de los puentes, creo que alguna vez deberíamos decidir saltarlos. 

—¿A qué escritor quisieras besar con pasión? 

C: A Leonard Cohen. 

—Vamos con las dos últimas y clásicas preguntas de Un café en Buenos Aires, Carolina: alguna vez Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean Valjean murió en Los miserables. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida? 

C: El fin de semana de hace más de veinte años que leí de un tirón El evangelio según Jesucristo de Saramago. No solo me encontré con la versión más sensata de la célebre historia de la humanidad, sino que constaté que no hay límites para el lenguaje ni para seducir a un lector por primera vez. Es como una reverencia del escritor para hacerlo entrar a un recinto extraño y común, en el que el lector tiene la percepción de haber estado antes y del que no quiere volver a salir. 

—Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías. 

C: Citaría a Philip Roth en la Biblioteca Pública de Nueva York —esa construcción de culto a la introspección y al silencio en el centro de una de las ciudades más vibrantes del mundo—y le susurraría cómo resiste la tentación de “dejar de luchar con la literatura”, frase que usó para anunciar hace unos años su decisión de no volver a escribir.

No hay comentarios:

'; (function() { var dsq = document.createElement('script'); dsq.type = 'text/javascript'; dsq.async = true; dsq.src = '//' + disqus_shortname + '.disqus.com/embed.js'; (document.getElementsByTagName('head')[0] || document.getElementsByTagName('body')[0]).appendChild(dsq); })();
Con la tecnología de Blogger.