En un mundo de gratificación instantánea, el engaño se ha convertido en un arma que prevalece. Fake. No es cierto, pero lo creo propone el análisis de las claves de la desinformación y el poder del pensamiento crítico como el último refugio de la libertad.
El dramaturgo y pensador italiano Daniele Aristarco, invitado destacado de la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) presentó su más reciente obra Fake. No es cierto, pero lo creo. Este libro plantea una aguda reflexión sobre un fenómeno contemporáneo: cómo las mentiras se convierten en verdades universales. Con un merecido respeto por el intelecto de los jóvenes, Aristarco elige narrar historias concretas y reconocibles para develar que las fake news no son solo un problema de desinformación, sino una clave para comprendernos a nosotros mismos y por qué ciertas narrativas apelan a nuestros miedos o esperanzas.
«El engaño insidioso intenta cambiar la manera en que miramos al mundo. Nos vuelve más frágiles y desorientados«, señala Aristarco.
Esta fragilidad se ve potenciada por el entorno digital. No procesamos igual una noticia en un diario que un mensaje de WhatsApp enviado por un familiar. En el segundo caso, la relación de confianza actúa como un caballo de Troya que baja nuestras defensas críticas, permitiendo que la emoción compartida suplante a la evidencia.
La verdad es lenta, requiere paciencia y, a menudo, no ofrece consuelo. La mentira, en cambio, es eléctrica: interpela el miedo, la rabia y el deseo de pertenencia. En esta entrevista, exploramos las raíces del engaño insidioso y cómo las redes sociales han escalado tácticas de propaganda que tienen más de un siglo de antigüedad.
−Usted señala que hay «mentiras que pueden generar odio» y que las fake news son narrativas fraudulentas, a la vez, muy seductoras. ¿Por qué cree que tienen un atractivo tan fuerte que a menudo superan a la verdad en velocidad y alcance?
Las mentiras funcionan porque hablan directamente a las emociones más profundas: el miedo, la rabia, el deseo de pertenencia. La verdad, en cambio, requiere tiempo: comprobar las fuentes, contrastar la información, suspender el juicio. El engaño está diseñado para impactar de inmediato, con mensajes simples y contundentes; por eso se difunde más rápido. Las redes sociales amplifican este mecanismo. No es lo mismo leer una noticia mientras se navega por un periódico en línea que recibirla por WhatsApp de alguien que conocemos.
En el segundo caso, la noticia llega dentro de una relación de confianza, como una emoción compartida. Esto reduce nuestras defensas críticas y facilita su difusión. Las fake news prometen revelaciones, enemigos claros y explicaciones simples. La verdad, en cambio, no ofrece consuelos inmediatos: ofrece conocimiento. Y el conocimiento requiere paciencia.
−Más allá de la noticia falsa, el libro se enfoca en el concepto del engaño. ¿Cuál es la diferencia clave entre una ficción inofensiva y el «engaño insidioso» del que advierte a sus jóvenes lectores?
Una mentira accidental nace de un error: alguien se equivoca, malinterpreta o relata mal un hecho. El engaño, en cambio, es intencional. Quien engaña construye deliberadamente una narración con un objetivo preciso: obtener poder, apoyo, dinero o difundir odio. El engaño insidioso es peligroso porque no se limita a deformar un hecho: intenta cambiar la manera en que miramos a los demás y al mundo. Actúa sobre nuestra percepción de la realidad, la distorsiona y nos vuelve más frágiles y desorientados.
−¿Qué similitudes encuentra en las técnicas de engaño utilizadas por la propaganda de hace 80 años y las que se difunden hoy en las redes sociales?
Las técnicas de manipulación no han cambiado, solo su velocidad. La propaganda clásica y las fake news actuales comparten mecanismos: simplificación, repetición y creación de enemigos.
Estas estrategias explotan sesgos cognitivos como el de confirmación (aceptar lo que ya creemos) y la ilusión de verdad (creer lo que más se repite). Al anular el pensamiento crítico, el lenguaje deja de ser descriptivo para volverse organizador: define identidades de «nosotros» contra «ellos», moldeando nuestras emociones, consumo y votos. En definitiva, la tecnología escala un viejo método para guiar nuestro comportamiento.
−Usted utiliza ejemplos como el monstruo del Lago Ness. ¿Qué aprendemos al analizar un engaño “clásico” o legendario que nos sirva para defendernos de las mentiras en el ecosistema digital?
La leyenda del Lago Ness demuestra cómo el miedo ancestral a lo desconocido bajo el agua se mezcla con una táctica retórica común en las teorías conspirativas: la inversión de la carga de la prueba.
El mecanismo es simple: se lanza una afirmación sensacionalista y se exige a los demás que demuestren su falsedad. Como es lógicamente imposible probar la inexistencia de algo (un monstruo o un complot invisible) sin un conocimiento total del mundo, la duda persiste. Así, la imaginación llena los vacíos donde la evidencia falta, transformando un mito en una verdad psicológica difícil de refutar.
−¿Qué rol juega el pensamiento crítico para desmantelar un prejuicio ya arraigado, y qué recomienda a los jóvenes cuando un engaño toca directamente una de sus convicciones más fuertes?
El pensamiento crítico no es una duda vacía, sino un método riguroso similar al científico. Exige cuestionar el origen, las fuentes y los intereses de la información para desmontar prejuicios, que son esquemas mentales arraigados difíciles de romper.
Este proceso requiere tiempo y la humildad de revisar las propias hipótesis ante nuevos datos. Además, es una construcción colectiva: el conocimiento se nutre del arte, los libros y, especialmente, del diálogo con quienes piensan distinto. Al contrastar perspectivas, corregimos errores y ampliamos nuestra visión de la realidad. En definitiva, el pensamiento crítico es una verificación continua que depende de la apertura al intercambio.
−Vivimos en un mundo de comunicación instantánea. ¿Cómo puede el lector cultivar la paciencia y el escepticismo necesarios para detenerse y contrastar fuentes fiables sobre una información, cuando la tendencia natural es compartirla de inmediato?
El primer gesto verdaderamente revolucionario en la era digital es reconocer un espacio para la incertidumbre. Dudar. Detenerse unos minutos antes de compartir una noticia. Comprobar la fuente, leer más allá del titular, verificar si otros medios fiables también hablan de ello. La velocidad es el terreno ideal del engaño; la lentitud, en cambio, suele ser aliada de la verdad. Pero hay un paso más: elegir compartir y debatir solo aquello que realmente nos concierne y nos importa, después de haber reflexionado. No dejarse llevar por una emoción momentánea, sino intentar comprender junto con los demás qué es lo que realmente está ocurriendo. Dialogar significa justamente eso: no imponer a los otros nuestros miedos o nuestras esperanzas, sino intentar, a través de la conversación, darles un sentido.
−¿Crees que es posible llegar al corazón de personas xenófobas y hacerles ver una perspectiva diferente de las cosas?
Cambiar las ideas de los demás es difícil y no siempre es una operación neutral: todo intento de “convencer” a alguien es inevitablemente recíproco, porque también quien defiende posiciones racistas o xenófobas puede sentirse legitimado para persuadir a otros de sus propias ideas. Por eso resulta más útil intentar razonar juntos y, al mismo tiempo, trabajar sobre nosotros mismos, reconociendo también los automatismos inconscientes que influyen en nuestra manera de pensar. En el caso de las migraciones, muchas fake news son relativamente fáciles de desmontar: los datos muestran a menudo que se trata de narraciones falsas o distorsionadas. Sin embargo, la forma más eficaz de combatir el racismo sigue siendo la experiencia del mundo: conocer a personas diferentes, escuchar sus historias, sentir curiosidad por la vida de los demás.

Daniele Aristarco (Italia)
Autor de textos informativos y ensayos para niños y jóvenes, publicados tanto en Italia como internacionalmente. Además de ser docente, se dedica a los libros para jóvenes y a la escritura para cine y radio. Dramaturgo y director de teatro, ha ganado numerosos premios. También se ocupa de talleres de escritura creativa en escuelas, bibliotecas y asociaciones culturales.
El autor combina la narrativa juvenil con la reflexión política y social, capaz de atraer a públicos diversos. La literatura juvenil con contenido crítico conecta fuertemente con lectores de 13 a 25 años interesados en temas de justicia social, ambiente, migración, identidad y activismo.
Libro destacado
Fake: no es cierto, pero lo creo: Desde leyendas antiguas hasta redes sociales, las historias suelen esconder engaños. Pero existen mentiras peligrosas —como las fake news— diseñadas para manipularnos; este libro explora, desde el monstruo del lago Ness hasta la propaganda nazi, cómo estas narrativas seductoras pueden alterar nuestra vida. Es una guía esencial para que los jóvenes aprendan a desenmascarar la falsedad, navegar con criterio la realidad y, finalmente, mejorarla.
*Ilustración de este artículo: Iván Pérez