Un café en Buenos Aires con L.C. Bermeo Gamboa

No. 7539 Bogotá, Martes 20 de Septiembre de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra


L.C. Bermeo Gamboa

Por: Pablo Di Marco / Buenos Aires, Argentina / Especial para Libros & Letras.


En tiempos en los que se enaltece al éxito como deidad suprema, L.C. Bermeo Gamboa está a días de publicar un libro que no es otra cosa más que un elogio al fracaso. Bermeo Gamboa, tal vez sin saberlo, sigue el camino que Ernesto Sabato le aconsejó a los jóvenes escritores: ser conservador en tiempos de revoluciones, y ser revolucionario en tiempos conservadores; en suma: nadar a contracorriente del pensamiento y las modas imperantes.

Hoy no será un café en Buenos Aires sino un tinto en Yumbo, a apenas diez minutos de Cali, para hablar sobre qué escribe un escritor inmerso en una sociedad que adora mirarse en espejos que ya no reflejan nada.

—¿Con qué se va a encontrar el lector de Tesis sobre el fracaso?

— L.C.: Es un libro de poesía esencialmente, sólo que en él la poesía no se reduce sólo a los poemas, también hay poesía en los aforismos, fragmentos y citas que lo componen. Incluso hay lo que llamo esbozos y borradores, es decir, textos que no han sido ‘perfeccionados’, porque mi idea es precisamente revelar la estética de lo imperfecto, de lo que por alguna razón se echó a perder. Quiero que al recorrer el libro intuyamos una forma en el camino que va enriqueciendo el sentido de lo que leemos. Cada lector que llegue a descubrir esa identidad particular, habrá descubierto su propia metáfora. Este libro es mi búsqueda de la metáfora del fracaso y espero que el lector encuentre la suya.

—¿Qué te motivó a escribir un ensayo que gire en torno al fracaso?

—L.C.: El motivo es completamente personal. Verás, tengo 30 años, pero ya a los 25 había fracasado como hombre. Yo definitivamente no soy útil para el progreso y la sociedad de consumo, no sirvo para este show. Y me avergüenza, yo sé que mi familia y mis amigos han invertido algo en mí. En el fondo desearía ser multimillonario y exitoso, pero como confieso en el libro, soy poeta a regañadientes, poeta a palos, nunca quise “esta maldita profesión de escribir”, como dijo Pound. Y como reacción a la incongruencia entre lo que yo deseaba ser y lo que Dios determinó que sería, nació este libro que es la aceptación franca y sin resentimientos de mi condición poética. No quiero parecer soberbio, pero la vida me obligó a ser poeta negándome cualquier otra posibilidad de sustento: el hambre inspira. Pero no soy tan ególatra como para dedicar un libro sólo a mi desgracia, no es una tesis sobre mi fracaso, sino sobre El fracaso. Esto implicó la posibilidad de hallar una estética del fracaso. Prestar más atención al mundo y ver que la obsesiva búsqueda de éxito, el optimismo fanático, son simulacros que pretenden llenar los vacíos interiores de la existencia cotidiana.

—Los “exitosos” no siempre han hecho de este mundo un lugar mejor, ¿no es así?

L.C.: Los exitosos no mejoran el mundo, el hecho de que haya más millonarios no ha hecho del mundo un lugar mejor, incluso muchos de ellos promueven su ambición como un modelo ético. Pensemos en Donald Trump. Merece cada centavo de su fortuna, se los ha ganado, es el hombre exitoso de nuestro tiempo, sin embargo esto no lo ha hecho más sabio, no es un humanista, ganar para uno mismo es una vileza no una virtud. Cada vez que la cultura del espectáculo eleva a uno de estos personajes, yo recuerdo esta frase india que se cita en La ciudad de la alegría: “Lo que no se da, se pierde”. Así que como ya no se trataba sólo de mi fracaso, que no es ningún fracaso heroico como los que menciona Stephen Pile en su libro, ahora era el fracaso de toda la humanidad, y con eso ya podía escribir un libro.

—Imagino que no te habrá sido sencillo publicar Tesis sobre el fracaso. Las editoriales (y también algunos lectores) suelen desconcertarse cuando se topan ante un libro de difícil clasificación.

—L.C.: Cuando terminé el libro supe que no tendría posibilidades de ganar premios, al menos no los que se condicionan por géneros tradicionales. Entonces lo envié a varias editoriales, a ver qué pasaba, hasta que apareció el editor Lizardo Carvajal, quien había publicado mis libros anteriores. Fue quien generosamente se arriesgó con este libro inclasificable.

—El libro tiene un Apéndice que consta de decenas de frases de escritores, filósofos, etc. que giran en torno al fracaso. Cito dos de las tantas que me llamaron la atención: "Los dioses labran sus desdichas para que a las generaciones humanas no les falte qué cantar" (Homero). "Ser un hombre útil me ha parecido siempre algo horroroso" (Baudelaire). Imagino que habrá sido un trabajo tan arduo como entretenido recolectar esas frases.

—L.C.: Todos han dicho algo sobre el fracaso, es un tema universal. Yo sólo junté algunas de esas citas, las que recordaba y otras que hallé en el camino, tratando de darle forma a un único discurso con las apreciaciones de todos. Eso es otro libro, pero a mí me basta con lo hecho, no quiero ambicionar.



—¿Cuándo y dónde presentás el libro?

—L.C.: Será el próximo viernes 30 de septiembre a las 18hs. en el Museo San Sebastián de Yumbo, una hermosa casa con un gran patio, es un lugar sencillo y hermoso para recibir a los amigos del pueblo y de afuera. Luego seguramente lo presentaré en Cali en alguna biblioteca.

—Haré lo posible para, de un modo u otro, estar presente. Ahora vamos con las dos últimas preguntas: alguna vez Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean Valjean murió en Los miserables. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?

—L.C.: Seguramente a Vargas Llosa nunca en la vida se le ha enfermado un hijo, perdón por eso. Entiendo tu idea, sólo que yo a la lectura le debo más felicidad que sufrimiento. El día más feliz de mi vida no ha llegado, pero sé cuál va a ser: el día que mi hija esté completamente curada, ese día nacemos de nuevo su madre, su hermana y yo. Mientras tanto la lectura seguirá siendo mí más frecuente proveedora de felicidad y estoicismo.

—Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.

L.C: Invitaría a un profesor de matemáticas llamado Lichtenberg para hablar de poesía. Lo llevaría al desaparecido bar Merendero de Yumbo que tenía pintados rayos en las paredes, sé que ese detalle le gustaría. Desde luego que nos tomaríamos unas cervezas y aprovecharía para preguntarle (en mi perfecto alemán de la ficción) si como afirma en uno de sus aforismos es necesario vivir una nueva época de barbarie para tener otro gran poeta de la talla de Homero. De ser así, ¿no sería mejor darnos por bien servidos y dejar de desear nuevos poetas?


Tesis sobre el fracaso (Ed. Poemia) ya se encuentra en preventa. Quienes quieran reservar un ejemplar lo pueden pedir a: lucasxix@yahoo.es


Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Autor de las novelas Las horas derramadas (ganadora del XXI Certamen Literario Ategua 2010, España), Tríptico del desamparo (ganadora de la I Bienal Internacional de Novela «José Eustasio Rivera» 2012, Colombia), y Espiral (finalista del XIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2015, España). Desde Buenos Aires trabaja vía Internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas.

Sígalo en Facebook: pablohernan.dimarco

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